Canovelles deja en la calle a los 'sintecho' venidos de BCN

  • El ayuntamiento clausura el local cedido a una treintena de migrantes sin hogar tras la muerte del joven Amine en la Ciutadella

  • La Generalitat ofrece cobijo a los diez hombres que siguen al raso en Canovelles y promete un programa de formación para el resto

  • El ayuntamiento de Barcelona ha dado cobijo temporal a ocho a los chicos hasta este 23-F

Canovelles deja en la calle a los 'sintecho' venidos de BCN

Manu Mitru

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"Yo no quiero volver atrás. No quiero volver a las noches de frío, de empaparme con la lluvia, de no poder dormir de miedo... Si vuelvo a dormir en la calle me volveré loco", resopla Nissar, un joven magrebí de 27 años frente a las puertas del Centro de Urgencias Emergencia Sociales de Barcelona. Él es uno de los treinta jovenes migrantes acogidos por unos vecinos magrebís en Canovelles (Vallès Oriental) que durante la ola de frío del pasado enero les brindaron un hogar. Finalmente, han tenido que abandonarlo y volver a la misma casilla de salida tras las presiones del Ayuntamiento. La Generalitat se ha comprometido este lunes a buscarles un techo y financiará un proyecto de acogida para todos los que acepten la ayuda.

Nissar sostiene una mochilla. Allí esta toda su vida. Su pasaporte y unas cuantas prendas de ropa para ahorrarse el frío. Huyó de Marruecos hace seis años, ya mayor de edad. No tiene permiso de residencia, aunque antes de la pandemia trabajaba como cocinero sin contrato laboral. A partir de entonces, estuvo viviendo en cuchitriles o habitaciones compartidas, hasta que se quedó sin el poco dinero que había ahorrado y terminó durmiendo al raso de Barcelona. Cuando recuerda el último invierno, se desencaja. Mira al suelo. "No quiero volver allí. Seré el próximo en morirme".

Precisamente la desgraciada muerte de Amine Faqhi el pasado enero cambió su situación por completo. Unos vecinos de Canovelles y miembros de la Asociación de Amigos del Pueblo Marroquí se estremecieron al leer la noticia y le acogieron, a él y a varios chicos más, en un antiguo local de fiestas. Les dieron un techo y comida. Otro de los beneficiados fue Karim, un joven de 19 años que a los 17 se lanzó en patera desde Larache. Estuvo acogido por la Generalitat en un centro de Cabrera de Mar (Maresme) hasta que cumplió los 18 y acabó en las calles de Barcelona. "Nos han tratado muy bien", dice con una sonrisa de oreja a oreja a los compatriotas. La acogida de Canovelles ha durado un mes. "El ayuntamiento nos amenazó y no hemos tenido otra opción que irnos", se queja Adami Susi, presidente de la entidad.

En esta sala de fiestas transformada en un albergue de personas sin hogar, de forma totalmente improvisada, han llegado a vivir entre 30 y 40 personas. "No tenía licencia para fiestas, y menos aún para ser un albergue", explican fuentes del consistorio, que confirman que pactaron con la propiedad del local que los 'sintecho' abandonaran el espacio el pasado viernes, 19 de febrero. "El problema es que no tienen adonde ir, alguna administración debería hacer algo", insiste Susi. Con el local clausurado, el viernes ocho hombres acabaron picando a las puertas del ayuntamiento de Barcelona, acompañados por varios vecinos de Canovelles. El Centre d'Urgències i Emergències Socials de Barcelona les dio un techo hasta este 23-F.

Salida sin pactar

La Generalitat y el Consell Comarcal del Vallès Oriental desconocían que el ayuntamiento de Canovelles había pactado la salida de los 'sintecho' con la propiedad del local. "No tenemos recursos para atenderles, los servicios sociales están desbordados", dicen fuentes del consistorio. El pueblo, de 16.000 habitantes, no tiene área de servicios sociales y se acoge a los del Consell Comarcal. El 21 de enero la Consellería d'Afers Socials ofreció a ayuntamiento y 'consell' a impulsar un proyecto de acogida e inclusión de jóvenes migrantes isimilar a los de Tarragona o Manresa. Aceptaron y empezaron a hacer entrevistas para conocer caso por caso. "No teníamos conocimiento, ni el ayuntamiento nos comunicó, que habían fijado un termino de 15 días para irse", lamenta desde el Govern. Al 'consell' les avisaron de la salida el mismo viernes.

La salida del viernes fue precipitada. Algunos acudieron a parientes en otras ciudades como Terrassa y Manresa. Otros pidieron billetes para viajar a Málaga y Sevilla para trabajar en el campo. Al resto no le quedaba otra cosa que la calle. "Nos hemos visto tan desesperados que hemos llamado al Cónsul de Marruecos", expuso entonces Nabila, una de las vecinas acogedoras. El ayuntamiento de Barcelona ofreció ocho plazas de albergue. Un grupo de 10 jóvenes optaron por quedarse en Canovelles y dormir en el raso de nuevo.

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Sin embargo, tanto la Generalitat como el 'consell' quieren "dar solución" a este caso. Este mismo lunes han habilitado un albergue de la Cruz Roja en Llinars del Vallès (Vallès Oriental) para que pasen la noche. "Nuestra propuesta de trabajo coordinado entre administraciones se mantiene para ofrecer soluciones concretas y adaptadas a cada perfil", dice desde la 'consellería'. Están dispuestos a financiar este proyecto de vivienda y acompañamiento social, contando con la colaboración de los municipios.

"Yo no lo entiendo. También somos personas de carne y huesos ¿sabe? También tenemos derechos. No pueden tratarnos como basura", insiste Nassir una y otra vez. Le duele que llevando seis años en Catalunya no pueda trabajar legalmente, ni tener derecho a ninguna prestación social, como el paro. "Yo solo pido un poco de esperanza", añade.