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VIAJE A LA CUNA DE LOS MENAS

"Aquí los niños dibujan pateras"

Larache es una de las poblaciones de la costa marroquí de donde zarpan la mayoría de lanchas con menores a bordo

Elisenda Colell

El hijo de Latifa se montó en una patera sin avisar a su madre. Lleva un año viviendo en un centro de menores de Sevilla. / FERRAN NADEU

Larache es un bonito pueblo costero ubicado en el norte atlántico de Marruecos. Allí  varios ríos desembocan en el mar, en una costa de la que siempre han salido pateras hacia Europa. La diferencia es que ahora quienes inician ese inicerto viaje son niños. 

Hace 20 años, cuando nació la asociación Pateras de Vida, estas embarcaciones eran un tema tabú, explica el presidente de la entidad, Abdul Hamdouchi, que observa cómo hace dos años las pateras forman parte del día a día de los niños del pueblo, que las dibujan como si fuera un sueño a cumplir.  "Ahora los jóvenes retransmiten el viaje con el móvil, se lo enseñan a sus amigos y padres, que lo siguen con orgullo", lamenta Hamdouchi. Es la nueva moda, la patera en 'streaming' y con 'selfie'.

Lo lamenta, porque esta ONG quiere disuadir a la juventud marroquí de lanzarse a alta mar. “Migrar es un derecho, buscar una vida mejor es un derecho, pero no queremos ver más muertes, más jóvenes en Europa que luego se quedan sin nada”, explica. Lo que pasa es que sus convecinos hay cosas que prefieren no escuchar. “Cuando llega el verano, y vuelven las familias que viven en España con sus papeles, sus Audis alquilados, con regalos para todos... nuestras palabras valen una mierda”, dice sin tapujos el presidente.

Hace cinco años visitaron todos los mercados de los pueblos cercanos. Hablaban del paro en España, el aumento de los sintecho en las ciudades, las colas en los comedores sociales... Pero es que en estos pueblos, no hay ni servicios sociales. “Los padres están mandando a sus hijos porque quieren una vida mejor”. Si hay familias que lo están pensando, ver el regreso de los que se han ido en agosto es el último empujón.

¿En Marruecos la gente se muere de hambre y no tiene otra opción? “No. Hay trabajo para vivir” aclara Hamdouchi. Él mismo encontró trabajo a un joven de un pueblo cercano que quería emigrar. A los tres días acabó huyendo igualmente. “Nos pagan mal, no respetan el salario mínimo, estamos explotados y además sin ningún contrato”, relata una vecina de Larache que no quiere revelar su identidad. Hamdouchi añade a esto la falta de derechos. “La escuela esta sobreocupada, el absentismo escolar es abrumador, la sanidad es inasumbible para quien no tiene dinero”. Y a esto se le tiene sumar el efecto redes sociales.

Un jóven observa una barzcaza, que cruza el río de Larache / FERRAN NADEU

Su entidad trabaja sobretodo con los niños. Quieren lograr, o al menos intentar, plantar la semilla para un Marruecos mejor. Todo, mediante el voluntariado y sin apenas recursos. “Irse del país, con la patera, es una solución rápida”. Fundar un sindicato y educar en la igualdad es una carrera de fondo que esta entidad está lidiando en solitario desde una preciosa playa, acostumbrada a ver demasiados jóvenes partir dirección a su tumba.

Algunas de sus acciones, por ejemplo, pasan por dar una educación alternativa, y complementaria para los pequeños del pueblo. En verano, organizan un campamento infantil. Son más de 100 niños los que participan. “Aquí todos son iguales, lo que diga el niño de la familia más rica vale lo mismo que lo que dice el del barrio más empobrecido”. Algo revolucionario, teniendo en cuenta la desigualdad que reina en el país. Les hablan de feminismo, de perspectiva de género, y también les leen cómics sobre los peligros de alta mar. Algo que no hay en sus escuelas.

Abdoul Hamdouchi, junto a varios niños que participan del campamento que organiza 'Pateras de Vida' / ferran nadeu

¿Tan pequeños? “Un padre me dijo que quiere mandar a su hijo en patera este verano”. El niño tiene 8 añitos. Tan pequeños, sí. “Aquí, cuando mandas un niño hacer un dibujo cualquiera, te dibuja una patera”. Es el dia a dia del pueblo, el tema que se comenta en todos los corrillos y el sueño que tantos esperan que se haga realidad.

Dibujos de pateras hechos por unos niños de Tánger / FERRAN NADEU

El problema es que el efecto llamada es tal que en algunos barrios, los más deprimidos del pueblo, la falta de la juventud se nota de forma excesiva. “Hay restaurantes que han tenido que cerrar por falta de personal y de clientes”. 

Hamdouchi se queja de las políticas disuasorias que están tomando tanto España como Maruecos para evitar las muertes en el mar. Recrimina la actuación policial desmedida que tampoco disuade. “Conocemos un chico que le dispararon en una patera, pero él quiere volverlo a intentar”. La segunda, los reportajes televisivos o en papel que explican la realidad de Europa pero que no llegan donde tienen que llegar. “Los que migran no saben leer y viven en pueblos donde no hay señal de televisión”.

Mientras tanto, la realidad se impone. Una chica que ha sido prostituta en España vuelve, y es el orgullo de su padre. Un joven que ha vivido en la calle en España regresa y ningún padre le dirá que no cuando pida la mano de su hija. “Aquí nadie pregunta lo que has hecho en España, lo único que cuenta es el dinero que traes y el respeto que te vas a ganar”.

"No sé si volveré a ver a mi hijo"

Latifa, una madre cuyo hijo migró solo y ahora vive en un centro de acogida en Sevilla / ferran nadeu

Hace cuatro meses, en marzo, el hijo de Latifa desapareció para no volver. Tenía 17 años, y hacía varios que había dejado la escuela para ponerse a trabajar. Era pescador, de pez espada, en esta costa atlántica. Sus ojos habían visto demasiadas pateras zarpar. Y aprovechó que coincidió con una, y no se lo pensó. Saltó, sin más. Ahora vive en un centro tutelado en Sevilla. “No sé cuando volveré a verle, espero que consiga lo que quiere”, dice su madre entre sollozos.

Pasaron tres días hasta que la madre supo el paradero de su hijo. Era habitual que pasara varios días en alta mar. Pero cuando recibió la llamada, “mamá estoy en España”, las piernas le temblaron. “Al menos no se murió”. Eso es algo, en un pueblo acostumbrado a recibir demasiadas malas notícias.

Su hijo hacía demasiado tiempo que quería ir a Europa. Ella le rezaba que no lo hiciera, que con la pesca se podía ganar bien la vida, que lo tenía todo. “Cuando se les mete esto en la cabeza es imposible disuadirles”. Los ruegos de esta madre caían en un pozo sin fondo.

Esta era la quinta vez que su hijo intentaba cruzar el estrecho. La cuarta la policiá lo pilló y lo encarceló durante seis meses. “No hay nada peor, ni esto le disuadió”, lamenta Latifa.

Ella considera que su hijo ha sido víctima. “Víctima de una idea de vida próspera en Europa, de solución rápida y fácil”. Todos sus amigos estaban en España en centros tutelados. “Cada día veía las fotos de sus amigos”. Salían bien vestidos, con dinero... “era imposible sacarle esto de la cabeza”.

Como vive una madre sabiendo que su hijo esta tan lejos? La respuesta se ve en sus ojos, vidriosos. “Me llama, en el centro me dicen que se porta bien, que le harán los papeles....” Esto es lo que le consuela. Lo que pasa es que hay una pregunta que le inunda la cabeza y la paraliza. “Y si yo me muero? Quiza no nos volvemos a ver nunca más.... ninguna madre quiere tener a su hijo tan lejos”. Él le responde que sí, que pedirá permiso y vendrá. Pero ella sabe que todo esto es mucho más difícil. La realidad es que ella no le puede ver, tocar, ni abrazar.

Latifa confía que su hijo conseguirá su sueño, que estudiará, tendrá un trabajo y la vida que ansía. Pero al final se convence que es la elección de su pequeño. “Es lo que hay, tiene que vivirlo, si le va mal espero que vuelva a casa”. 

Temas: Menas Marruecos