40 horas de 'rave' en Llinars

Macrofiesta sin fronteras en plena pandemia

  • Los Mossos detienen a dos organizadores e investigan a otras cinco personas por impulsar el evento o desobedecer a los agentes

  • Los antidisturbios han rodeado a 215 participantes, entre los cuales había 100 españoles, 35 franceses, 10 italianos o 10 andorranos

  • Los asistentes desalojados han abandonado el recinto sin ninguna prueba de PCR y tras someterse a un control de alcoholemia para conducir

Los Mossos desalojan a los participantes de la rave ilegal de Llinars. / MANU MITRU / VÍDEO: EFE

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“Yo soy italiano y ya estaba en España pero habría venido de Italia solo para esta fiesta”, aclaraba un joven desde el interior de una fiesta rave en una gigantesca nave de Llinars del Vallès que ha reunido a unas 400 personas –tal vez a un millar en el apogeo– y ha tenido que ser clausurada por antidisturbios de los Mossos d’Esquadra cuando cruzaba su ecuador. Su ‘ecuador’ porque los planes de los organizadores eran que se alargara hasta el domingo y ha sido interrumpida este sábado a las 12 del mediodía, cuando llevaba en funcionamiento ‘solo’ 40 horas. “¿Pero sois conscientes de la indignación social que ha levantado esta concentración en plena pandemia?”. Respuesta: “No, ¿por qué?”. 

Dos de los organizadores del evento han sido detenidos. Un total de 215 asistentes han sido identificados. Una cifra desconocida ha huido campo a través al detectar la llegada de los policías. Entre estos hay 100 españoles, 35 franceses, 10 andorranos, 10 italianos y otros procedentes de diversos países como Luxemburgo o Austria.

Los propios asistentes detallaban que, detrás de esta celebración que ha ignorado sin inmutarse cuantas medidas sanitarias siguen en vigor en pleno repunte de casos, están varios grupos de personas que se conocen y que concertaron reunirse para despedir el año con una macrofiesta. Otro de los participantes, que media hora antes de la irrupción policial abandonaba oportunamente el recinto para regresar a Francia, mantenía que en su país esto no está permitido y que, por eso, han decidido venir a esta nave –conocida como La Bòbila porque antiguamente era sede de una fábrica de ladrillos–. “Hacer una fiesta privada en España es legal, como la marihuana”. Eso decía. 

En España, y en Catalunya, la marihuana no es legal y tampoco lo es montar una reunión de más de 10 personas o procedentes de más de dos burbujas. Aunque lo parezca. El malestar de los ciudadanos que sí se sacrifican –incluidos los restauradores o empresarios del ocio nocturno que mantienen sus establecimientos bajo mínimos o cerrados– ha ido en aumento y, minutos antes de la actuación policial, ya rozaba un clímax de signo contrario pero intensidad similar al que se debió vivir en el interior de La Bòbila con las campanadas de 2021. En el propio pueblo, sin ir más lejos, los vecinos seguían este sábado sin explicarse como la Administración estaba demorando tanto la clausura de la fiesta y temiéndose que sus participantes pudieran acabar acercándose al núcleo habitado tras tantas horas coqueteando con un contagio de Covid-19

Los Mossos disuelven la fiesta rave de Llinars.

Dilación excesiva

Los Mossos tuvieron constancia de esta macrofiesta a las 21.00 horas del 31 de diciembre. Según el 'conseller' d'Interior, Miquel Sàmper, se descartó intervenir sin luz solar debido a que el espacio entrañaba riesgo y, según el mayor Josep Lluís Trapero, porque el estado de euforia de algunos asistentes podría haber complicado mucho la intervención de orden público. Tampoco se actuó durante el día de ayer, según ambos, porque al tratarse de una aglomeración enmarcada dentro de una pandemia mundial se solicitó a la Conselleria de Salut instrucciones sanitarias sobre cómo proceder. Sin embargo, Salut respondió que debían actuar como en el resto de desalojos anteriores, algunos de características muy similares. Entre los propios agentes también ha causado sorpresa el retraso: "Es normal que no quisieran entrar de noche por la falta de luz… ¿pero por qué no se hizo nada durante el día de ayer?”, repreguntan.

El desalojo

Tras una reunión celebrada a las 10.00 horas, los Mossos han enviado finalmente 500 policías y han tomado el control del recinto a las doce del mediodía de este sábado. En el interior les esperaban varios centenares de personas que seguían bailando –o moviendo el cuerpo como podían después de un día y medio de fiesta–. Entre ellas había una mujer en topless que ha tratado de ejercer de portavoz con los antidisturbios que ha añadido confusión a la situación.

La tromba policial ha provocado algún instante de tensión al inicio pero nadie ha opuesto demasiada resistencia. Todos han sido identificados y multados. Sin embargo, al tratarse en su mayoría de personas extranjeras, las sanciones probablemente no les alcanzarán. Una contrariedad final que ha exacerbado la percepción de impunidad que rodea este acto tan multitudinario. Según los Mossos, dos de los organizadores han sido detenidos al confirmarse que son dueños de equipos de sonido y otros cinco serán investigados por impulsar el evento o desobedecer gravemente a los agentes. Antes de marcharse, los conductores han sido sometidos a test de alcoholemia pero a ninguna prueba de PCR.

Tormenta política

Este diario había accedido a la nave horas antes del desembarco policial. En el extremo norte del recinto seguían en pie a las 8.00 horas, a dos bajo cero, algo menos de un centenar de jóvenes, y no tan jóvenes, envueltos por el poderoso latido de la música electrónica, que retumbaba en la inmensidad del espacio. Enseguida llamaba la atención la instalación que habían acometido los organizadores clandestinamente. Columnas de altavoces, ordenadores y tablas de mezcla, dos escenarios presididos por una calavera gigante y camiones de aspecto militar para transportarlo. Por los aledaños, centenares de coches, furgonetas y caravanas en cuyo interior a esa hora la mayoría se protegía del intenso frío y cogía fuerzas para seguir hasta el domingo. La entrada era gratis y los DJ's tocaba sin cobrar. No había servicio de bar, era una rave –una fiesta ilegal, doblemente ilegal en tiempos pandémicos–, pero sobraban el alcohol y las drogas. “Cada uno se ha traído lo suyo”, subrayaba uno de los participantes, a punto de subirse a un coche y afrontar por carretera un viaje internacional para volver a casa, a dormir la mona. Ajeno a la tormenta social y política que deja atrás.

Tensiones entre Interior y Salut

Tras iniciarse el desalojo, el vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonès, ha afirmado que se "revisarán" con el departamento de Interior los hechos ocurridos en la fiesta ilegal de Llinars del Vallès (Barcelona) para "evitar" que se repitan. A través de su cuenta de Twitter, Aragonès ha subrayado que hay que "evitar que vuelva a pasar una situación de estas características" y que las actuaciones tienen que ser "más rápidas".

En las últimas horas, los departamentos de Salut, liderado por Alba Vergés (ERC), e Interior, con Miquel Sàmper (JxCat) al frente, han protagonizado un choque a cuenta de esta fiesta, después de que la policía catalana informara de que estaba a la espera de conocer un protocolo de Salud sobre cómo actuar con los participantes cuando salieran.

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Fuentes de la Conselleria de Salud han explicado, posteriormente, que Alba Vergés habló este viernes con Miquel Sàmper y que la petición fue clara: que se pusiera fin a la fiesta, se identificara a los participantes de la misma y se impusieran las sanciones correspondientes. Las mismas fuentes han asegurado que este es el procedimiento que se sigue en otras fiestas que incumplen la normativa contra la covid y que nunca antes se había pedido a Salut un protocolo para actuar.

Así ha quedado la nave de Llinars tras el desalojo de la fiesta rave. / FOTO Y VÍDEO: MANU MITRU