Investigación en marcha

Dos acusaciones de pederastia idénticas acorralan al entrenador de La Salle

Las dos víctimas, hijos de sendos matrimonios divorciados, declaran que sedujo a sus madres e intentó ejercer de padre

Uno de los denunciantes, además, añade que las palizas fueron tan constantes como los abusos sexuales que sufrió

Entrada del colegio de La Salle Bonanova de Barcelona.

Entrada del colegio de La Salle Bonanova de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

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Guillem Sànchez / J.G. Albalat

Víctor P. (Barcelona, 1973) se educó en el colegio de La Salle Bonanova de Barcelona, un centro histórico que aglutina a una población escolar de 1.500 alumnos de la parte alta de la ciudad. Era un adicto al fútbol. Antes de terminar su escolarización, pasó a ser entrenador de los más pequeños en el Club Esportiu Bonanova, una entidad anexa a la escuela que a principios del 2000 comenzó a dirigir. Cursó Magisterio y, tras una etapa de maestro en el Viaró Global School de Sant Cugat (del Opus Dei), acabó ingresando en el cuerpo de docentes de La Salle. "Si querías jugar al fútbol, tenías que ir a hablar al despacho de Víctor", explican exalumnos contactados por este diario. Era una persona importante porque el equipo de fútbol también lo era para la escuela. Era un profesor carismático, "de los que se hacía querer". Por eso las dos acusaciones por abusos y agresiones sexuales avanzadas por EL PERIÓDICO han dejado a esta comunidad en un estado cercano a la conmoción.

En el 2003, en el colegio Viaró coincidió con la primera víctima, un chico que entonces tenía 13 años y al que Víctor se acercó ofreciéndose a ficharlo para el equipo de fútbol de La Salle que entrenaba. Hijo de padres divorciados, el chico explica en su denuncia presentada en los Mossos d'Esquadra que Víctor se ganó la confianza de su madre y que trató de sustituir a la figura de su padre. Una estrategia que le permitió llevarse al menor al piso de la ronda del General Mitre en el que residía. Allí comenzaron los abusos sexuales: le obligaba a desnudarse y tumbarse en la cama, le tocaba y se masturbaba. En más de una ocasión, afirma la víctima, Víctor quiso ir más lejos y, al recibir su negativa, este se enfadaba y le 'castigaba' dejando de hablarle durante días. Según el exalumno, Víctor se lo llevó también de viaje en dos ocasiones: 15 días a Rumanía y a una residencia de La Salle. Allí los abusos fueron diarios.

Al cumplir los 15 años, sin que el menor comprendiera muy bien por qué, la relación con Víctor se enfrió hasta un punto que hizo sospechar a la madre, que fue a preguntar al colegio qué había pasado. Este diario ha contactado con un portavoz de Viaró que confirma esta parte de la versión de la víctima. El colegio no tuvo conocimiento de los abusos sexuales –el chico no se atrevió a revelarlos en ese momento– pero sí supo que el maestro se llevaba al alumno a su domicilio particular de Barcelona. Fue despedido por la dirección del centro. Eso fue en el 2006. Víctor logró una plaza de maestro de primaria en el colegio de su vida: La Salle Bonanova. Tenía 33 años.  

La segunda víctima

La segunda víctima se cruzó con Víctor en La Salle. Hijo de padres divorciados, otra vez, Víctor se acercó a él a través de su madre, otra vez. En esta ocasión, no solo se hizo amigo de la mujer: entabló una relación sentimental seria. Víctor se trasladó a vivir con ellos y la nueva pareja tuvo tres hijos, hermanastros de la víctima. Según ha declarado, el interés de Víctor en ejercer el rol paterno comenzó incluso antes de seducir a su madre e intervino de forma insistente para alejar de la ecuación al padre biológico. También a él se lo llevó de viaje a Rumania y a un refugio de montaña.

Este segundo relato describe cómo el sospechoso desplegó sobre el menor un control férreo a partir del 2008. En la escuela –Víctor ejercía de vigilante en el recreo y le decía con qué amigos podía relacionarse– y en el Club Esportiu –como su entrenador, primero, y al nombrarlo su ayudante, después–. Al cumplir los 12 años, en el 2010, las agresiones sexuales comenzaron en los vestuarios en los que se cambiaban después de ayudarle a entrenar a su equipo de fútbol base y antes de regresar a la casa que compartían. Muy similares a las de la víctima de Viaró. En este caso también comenzaron las palizas, que fueron constantes durante los más dos años que duró el asedio, para disuadir al menor de revelar qué secreto escondía. El denunciante detalla que fue amenazado o golpeado con un cuchillo de cocina, con unas tijeras o con una maza medieval, entre otras armas. Y que Víctor le reiteró en varias ocasiones que iba "a matarlo".  

Las denuncias 

El juez Miguel Ángel Tabares investiga esta denuncia de La Salle –por delitos que habrían acaecido entre el 2010 y el 2012– y ha solicitado incorporar la del Viaró –por delitos cometidos supuestamente entre el 2003 y el 2005–. En función de cómo acabe calificando los hechos más antiguos esta denuncia seguirá vigente o se declarará prescrita. Si los considera abusos, ha prescrito. Si los tipifica como agresiones sexuales, Tabares podrá perseguirlas. 

Víctor supo por su hijastro que este iba a denunciarlo a los Mossos. El maestro, según fuentes del entorno de La Salle, explicó días después en la escuela que su relación sentimental había terminado porque el hijo de ella lo trataba muy mal. Cogió la baja el 11 de noviembre. El colegio supo la realidad –la investigación del juez Tabares– dos días después. Víctor, que se ha mudado a un domicilio de un trabajador de la escuela y afirma estar muy afectado y asustado, se declara inocente de todos los cargos.

El juez Tabares da a las declaraciones de la víctima de La Salle una gran credibilidad y ha ordenado que sea examinada por psicólogos forenses para medir la magnitud de sus secuelas.

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Los dos exalumnos se han conocido después de presentar sendas denuncias. El expupilo del Viaró decidió denunciar porque se cruzó casualmente con Víctor hace poco, vio que seguía entrenando a un equipo de menores y decidió actuar por miedo a que alguien estuviera pasando por lo mismo. El de La Salle afirma que lo ha hecho cuando ha reunido el valor de enfrentarse contra su padrastro. Ambos confían en que sirva para que aparezcan nuevos casos. La causalidad ha querido que ambos eligieran el mismo mes, el del pasado octubre.

La exmujer del investigado, que ha aclarado a los Mossos que su relación se interrumpe al saber de la denuncia de su hijo y no por culpa de este, ha entregado a la policía cajas con manuscritos y cintas de vídeo de Víctor por si pueden arrojar luz sobre este caso. El exalumno del Viaró afirmó que Víctor grabó alguno de los abusos con una cámara de vídeo. Isabel Llauger, responsable institucional de La Salle, reitera que el colegio colaborará con la justicia para que aflore la verdad.