China aprueba la patente de una vacuna contra el covid-19 aún en fase de pruebas

Los resultados de la segunda fase de los ensayos clínicos demuestran que es segura e induce respuesta inmune contra el coronavirus

Una epidemióloga china investiga con muestras de coronavirus.

Una epidemióloga china investiga con muestras de coronavirus.

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Adrián Foncillas

China ha superado otro mojón en su camino hacia la vacuna del coronavirus. El gigante asiático ha aprobado la primera patente, presentada por la biofarmacéutica Cansino y por el Instituto Científico Militar. La vacuna aún no ha empezado su tercera y definitiva fase de ensayos, otra muestra de que la urgencia sanitaria sobrevuela el rigorismo científico. 

La vacuna, registrada como Ad5-nCoV, alerta al cuerpo de la amenaza del covid-19. Se sirve de un adenovirus del resfriado común para inyectar material genético del nuevo patógeno al paciente y este fabrique anticuerpos. La vacuna ya se ha demostrado eficaz en ratones al elevar las defensas rápidamente. La revista The Lancet certificó el mes pasado que era segura y generaba una respuesta inmune tras una sola inoculación. El estudio, publicado tras los ensayos sobre 500 personas de la fase 2, también subrayaba dos aspectos. Por un lado, que los pacientes de edad más avanzada requerirían de dosis adicionales porque la respuesta inmunológica era sustancialmente más baja que en los jóvenes. Y por el otro, que no se puede concluir aún que la vacuna protege del virus porque ninguno de los participantes fue expuesto tras la primera inoculación. Esas cuestiones quedarán aclaradas en la fase 3, que prevé un mayor número de participantes. La masa crítica es un problema para China tras haber reducido la presencia del coronavirus a focos esporádicos, por lo que ha tenido que cerrar acuerdos con países donde la pandemia está más extendida como Arabia Saudita, Rusia, Brasil y Chile.   

La vacuna podrá ser fabricada en masa en breve, ha señalado la prensa. La producción no es un problema para la fábrica global, que recientemente levantó un laboratorio en Wuhan, epicentro de la pandemia, con capacidad para cien millones de dosis diarias.  

Un representante de la compañía ha aclarado que el registro no está relacionado con la comercialización. Pekín ha repetido que su vacuna será “un regalo para el mundo” y que asegurará su suministro a los países subdesarrollados para evitar que, como ocurrió en las epidemias de gripe aviar o porcina, queden en la cola. “La secuencia genética de un virus es crucial en el desarrollo de las vacunas y en ocasiones puede ser considerado como un derecho de propiedad intelectual”, ha afirmado en la prensa local Yang Zhanqiu, vicedirector del departamento de Biología de la Universidad de Wuhan.  

El anuncio también ha servido para que la prensa más nacionalista exhiba un popurrí de orgullo patrio y ajuste de cuentas frente a las acusaciones de Washington de espionaje médico. La vacuna china, aseguran, utiliza métodos como los adenovirus recombinantes que Estados Unidos no ha probado. 

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La patente aumentará la confianza global en la vacuna china, aventuraba hoy el diario Global Times con un cándido optimismo. No hay dudas de que el registro chino es ahora estricto, muy mejorado para ordenar aquel alegre y ubicuo pirateo de años atrás, pero tampoco hay dudas de que influirá más la fiscalización por reputadas publicaciones como The Lancet. Sin ellas, cómo ha mostrado la vacuna rusa, queda un escepticismo invencible. China le ha echado esta mañana un capote a su socio geoestratégico anunciando pruebas conjuntas. El epidemiólogo Zhong Nanshan, al frente de la batalla contra el coronavirus, lo ha revelado en un simposio con colegas rusos, sin aclarar si hablaba de las vacunas propias o ajenas.  

La carrera por la vacuna contra el coronavirus, que ha relevado a la espacial en prestigio nacional, concita ya a 150 candidatas en todo el mundo. Casi una treintena está en fase de pruebas y seis han alcanzado la fase 3, según la ONU. La apuesta china más sólida es la vacuna ahora registrada, que resume la sinergia entre lo público y lo privado. Cansino es una audaz compañía que nació una década atrás durante una barbacoa en Canadá en la que varios científicos chinos, empleados en multinacionales farmacéuticas, intuyeron el filón en su país. En su investigación actual se han aliado con los medios y el músculo del Ejército, en cuyas filas destaca la célebre epidemióloga Chen Wei, más conocida como la “Terminator de los virus” por su labor durante el SARS y el Ébola.