06 ago 2020

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OPINIÓN

Stop niñofobia

Olga Pereda

Un niño con una máscara en Valdemoro (Madrid).

Un niño con una máscara en Valdemoro (Madrid). / JOSÉ LUIS ROCA

El mundo no se divide entre gente con hijos y gente sin hijos. El mundo, básicamente, se divide entre gente maja y gente indeseable. Tener hijos no te hace ser mejor persona. Hay padres y madres perfectamente imbéciles, cualidad que muy probablemente heredarán sus vástagos.

La pandemia, sin embargo, parece que ha convertido el planeta en un cuadrilátero. A un lado, los padres y madres, siempre honrados y bondadosos, luchando por los derechos de su prole. A otro, las personas sin hijos, siempre malvadas y siempre niñofóbicas.

La niñofobia existe. Pero a veces los primeros en expandirla son los propios progenitores. No hay nada más asqueroso que un padre diciendo a un amigo que no tiene hijos que no los tenga nunca, que dan demasiado trabajo y que no te dejan en paz jamás. Y lo dice él, que a lo mejor tiene dos o tres. Igualmente repulsivo es cuando una madre le dice a una amiga embarazada: "Ahora sí que te vas a enterar".

Tener hijos no es un camino de rosas. No tiene nada que ver con lo que leemos  en muchas revistas. Pero si seguimos teniendo niños será por algo, ¿verdad? Una cuestión emocional muy difícil de explicar. "Lo bueno de tener hijos no lo contamos en público. Nos lo quedamos nosotros", dice un emocionado Berto Romero -padre de tres- en la tercera temporada de 'Mira lo que has hecho' (Movistar), fantástica disección de la paternidad (y de muchas más cosas).

Prohibido jugar

La niñofobia, a veces, la impone la propia sociedad. Da igual que los niños hayan estado encerrados en sus casas más de un mes por la pandemia. En la urbanización en la que vivo luce un cartel que advierte que están prohibidos todo tipo de juegos. Los niños corriendo y divirtiéndose al escondite inglés molestan a algunos vecinos. De acuerdo. Ahora bien, ningún cartel veta a los adultos que martillean los tímpanos de los demás con su música infame. Tampoco a los adultos fumadores que invaden el portal con su humo y sus colillas. Nadie se mete con los grandes. Es mucho más fácil hacerlo con los pequeños.

Este verano de pandemia tiene una prueba de fuego en las piscinas comunitarias. El peligro de contagio está ahí y hay que extremar las precauciones. Todo correcto. Pero las normas anticovid-19 parece que son normas antiniños. No se puede correr. No se puede jugar. No se puede salpicar. No se pueden llevar patitos de goma. No se puede uno tirar de cabeza al agua. Ni de culo. Básicamente, no se puede hacer nada. La enfermedad que provoca el coronavirus es peligrosa. Pero las papeletas para contagiarte no las coges cuando un niño salpica al nadar.

 

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