EL VIRUS DEL MACHISMO

La violencia de género se desbocó durante el estado de alarma

Las peticiones de ayuda de mujeres maltratadas aumentaron en un 60%

Las denuncias comenzaron a aflorar con el inicio de la desescalada

La violencia de género ha aumentado durante los meses de confinamiento.  Carla y Xelo de la Asociación Alanna repasan una pancarta. 

La violencia de género ha aumentado durante los meses de confinamiento.  Carla y Xelo de la Asociación Alanna repasan una pancarta.  / MIGUEL LORENZO

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Nacho Herrero
Nacho Herrero

Periodista

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"Temblaba como si estuviera en el Polo Norte pero, pese a los dos metros de distancia y a las mascarillas, me sentí muy arropada y fui sacándolo todo". Con una llamada al 016 como angustioso prólogo, la escena de hace apenas un mes en la Oficina de Atención a las Víctimas del Delito de València muestra algunas de las claves de lo que ha sucedido con la violencia machista durante el estado de alarma en España.

La del coronavirus no ha sido la única curva que ha provocado dramas y muertes estos meses. En la violencia de género hay dos curvas imprescindibles para entender lo que ha pasado. La de las peticiones de ayuda, que se disparó al crecer un 57,9% respecto al año anterior; y la de las denuncias, que siguen desbocadas desde que arrancó la desescalada.

Convivencia extrema

"El miedo ha sido atroz", cuenta Xelo. Es presidenta de Alanna, una asociación que lleva 18 años ayudando a mujeres maltratadas. Intuían, por lo que pasa en vacaciones, que las cifras se iban a desbordar en una situación extrema. "No había respiro porque ellos no se iban ni a trabajar, ni al bar ni a ver a un amigo", explica. "Muchas mujeres pensaban que la restricción de movimientos les impedía salir incluso a denunciar", explica Sofía, coordinadora en la Oficina de Atención. 

Las oficinas de atención también detectan más llamadas de responsabilidad de vecinos de agredidas

Pero es que incluso pedir ayuda ha sido más arriesgado que antes. "Aprovechábamos que ellos se bajaban a comprar para intervenciones telefónicas rápidas", cuenta Carla, coordinadora de Alanna. "Les dábamos claves para controlar la ansiedad pero fundamentalmente para sobrevivir. Nuestro consejo era evitar el conflicto", admite. 

Pero muchas veces no ha bastado. Solo esta asociación ha tenido que sacar a 43 mujeres de sus domicilios en estos meses, muchas veces acompañadas de la Policía o la Guardia Civil porque el agresor estaba dentro. 

Golpes y golpes

La violencia ha tenido también sus particularidades. "Uno de los hechos que hace despuntar la violencia fisica es perder el control pero al estar controladas el repunte no ha sido especialmente en ese tipo de violencia", cuenta Jessi, trabajadora social en la Oficina de Atención. 

Han sido meses de golpes, sí, pero de humillaciones, insultos y vejaciones. Veinticuatro horas al días, siete días a la semana. "Esto ha quitado la venda a muchas mujeres", cuenta su compañera Laura. "Al estar tanto tiempo con su pareja y sin vías de escape han visto lo que tenían y han dicho basta", explica.

Cartel en una farmacia, uno de los puntos de recepción de denuncias para maltratadas habilitados durante la pandemia en Catalunya.

Denuncias propias y ajenas

Con la desescalada, cambió la fase. "Hemos tenido una subida importante de las denuncias cuando la mujer podía empezar a salir, salir", explica otra Xelo, también de la Oficina de Atención.

Es este apartado aporta un dato inesperadamente positivo y esperanzador. Cuentan desde Alanna que se hicieron llamadas de responsabilidad a vecinos, familiares e incluso a comerciantes. Y, en parte, ha funcionado. "La gente se ha portado muy bien y es de agradecer. Hasta hace bien poco era una cuestión intrafamiliar y poco a poco está cambiando. Nos han llamado desde vecinos hasta tiendas", cuenta su presidenta. 

Acoso a distancia

Pero hay maltratadores que no viven con sus víctimas y aunque eso fue una liberación para ellas, el confinamiento se acompañó de una "hiperexposición" en redes sociales y "ha habido un repunte en el ciberacoso machista", cuenta Isabel, psicóloga de la Unitat d’Igualtat de la Universitat de València.

"La mayoría son exparejas o el novio y el acoso mediante mensajes, amenzas o acciones muy intrusivas por redes. Pero otros no lo eran e incluso una profesora ha recibido mensajes de un alumno con insultos como ‘feminazi’", explica.

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El iceberg

La también coordinadora de L’Espai Violeta, como el resto de profesionales entrevistadas, relata el enorme esfuerzo por acompañar en estos meses a las víctimas aunque fuera telefónicamente y la ansiedad de encontrarse una simple llamada perdida que no respondía al ser contactada. "Es que todo esto es lo que se ve, pero es sólo la punta del iceberg. Debajo está todo lo que no sale", explica Xelo desde Alanna.