27 oct 2020

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menor sana y salva

Seis horas de agónica búsqueda de una madre que había prometido matar a su hija

Dispositivo contrarreloj de los Mossos para localizar a la mujer, que después iba a suicidarse y había dejado preparado el testamento

Una operadora de la sala de control lideró un despliegue frenético que comenzó en el distrito de Gràcia y terminó en un hotel del Pirineo

Guillem Sànchez

La sala de control regional desde la que se coordinó la búsqueda. 

La sala de control regional desde la que se coordinó la búsqueda.  / MANU MITRU

El padre iba a reencontrarse con su hija de 2 años el viernes 26 de junio. Su exmujer iba a traérsela aquella tarde por orden de un juez, después de meses sin verla. Pero en lugar de entregarle a la pequeña, su exmujer le envió un Whatsapp para decirle que había huido con la cría, que iba a matarla, que después se suicidaría y que todo era por su culpa, según fuentes consultadas por este diario.

El padre, aterrado, llamó al 112 a las 17.30 horas. En la sala regional de mando de Barcelona, una operadora de los Mossos d'Esquadra lo atendió, el hombre estaba en estado de choque. Le pidió que le reenviara el Whastapp. Al leerlo, la agente de sala comprendió enseguida que no parecía ningún farol y que había que encontrar a la madre, que no respondía al teléfono. Contactó con familiares, amigas y compañeras del trabajo de la huida. 

Una tía dejó caer que la mujer, el día anterior, había estado en su casa para dejar dos bolsas. La tía, siguiendo las instrucciones de la operadora, abrió las bolsas y halló dos sobres. En uno estaba el testamento de la mujer que, según el documento, había sido firmado en un encuentro ante notario que coincidía con la fecha del fallo judicial que daba derecho al padre a ver también a su hija. En el otro sobre había una nota de despedida que incluía las últimas voluntades. Era verosímil que la madre pretendiera matar a su hija y después suicidarse. 

La búsqueda

Una patrulla y una dotación de los bomberos se presentaron en el domicilio de la mujer, en el barrio de Gràcia de Barcelona. Si no respondía al timbre, habría que reventar la puerta. No respondió al timbre. Los bomberos reventaron la puerta. No había nadie. En la plaza del aparcamiento tampoco estaba su coche. La Guardia Urbana facilitó el número de matrícula del vehículo que, según constaba en el registro, había cambiado de titular –para pasar a nombre de su hermano, sin que este lo supiera– hacía pocos días, otro indicio de que la madre había previsto hasta el último detalle.

Todas las unidades en Catalunya –también de la Guardia Urbana recibieron un aviso con los datos del modelo del coche, la matrícula y una fotografía de la madre. Varias patrullas, además, se acercaron a un pueblo del Penedès –de donde es originaria la mujer– por si aparecía por allí. Otras se dirigieron a un restaurante de la costa del Garraf que ella frecuentaba. Ni rastro. En paralelo, los investigadores de Gràcia se hicieron cargo de las pesquisas.

No había tiempo de geolocalizar el teléfono dado que requiere una orden judicial. Tocaba imaginar dónde más podía haber ido. Una de las amigas recordó que ella hablaba a menudo de un hotel de montaña en el Pirineo de Lleida junto a un lago. La operadora buscó en internet hasta dar con uno que encajaba en la descripción y que la amiga, al escuchar su nombre, confirmó. Una patrulla de los Mossos salió disparada hacia el hotel. El sargento de Gràcia llamó a la recepcionista para ganar tiempo. La trabajadora se cerró en banda: "Es una información que no puedo darle". 

El hotel

La patrulla de Lleida, con tres agentes, llegó al hotel de montaña. Ya eran casi las 22.30 horas. Al fin hubo un poco de suerte: aparcado junto al establecimento estaba el coche de la mujer. La recepcionista, al ver a los uniformados, sí se prestó a colaborar enseguida y los condujo hasta la habitación. Temiendo que podía ser demasiado tarde, alcanzaron la puerta de la cámara y giraron la llave. No podían entrar, la madre había cerrado desde el interior. Lo cual significaba también que estaban dentro. Llamar a la puerta era una mala idea. Podía inducir a la madre a cumplir apresuradamente con su promesa, si no lo había hecho ya.

Los policías accedieron por la habitación de al lado hasta el balcón exterior contiguo. Uno saltó de un balcón al otro –desde una altura de dos pisos–. Se asomó a través del cristal: vio a madre e hija acostadas en la cama. ¿Estaban solo dormidas?

El policía se puso de perfil y descargó su cuerpo contra la puerta del ventanal, que cedió abriéndose con estruendo. El ruido hizo que las dos mujeres se despertaran sobresaltadas. Estaban vivas.

En la comisaría de Gràcia, el sargento escuchó la noticia e informó al padre. "Estábamos seguros de que la madre habría cumplido con su amenaza... al saber que todo había terminado bien, el padre, que había estado llorando, resopló agotado", cuenta el sargento, que oculta que para los agentes, después de seis horas de infarto, la noticia no causó un alivio menor. La operadora, según su jefe, "tuvo uno de los días más felices desde que es policía". 

En prisión 

A partir de ese instante, los Mossos comenzaron a ver a la madre como la autora de un delito. Hasta entonces la habían visto como alguien a quien también debían salvar de su propósito. Desde Barcelona, el sargento de Gràcia dio la orden de no arrestarla enseguida, de dejar que madre e hija siguieran durmiendo con dos agentes en vela junto a la cama de la menor. "Tiene 2 años, no hacía falta separarla por la fuerza hasta que llegara el padre", explica.

El padre se presentó en el hotel a las cinco de la madrugada. Los Mossos le entregaron a su hija y detuvieron a su exmujer. Una jueza ha ordenado que ingrese en prisión preventiva por un delito de homicidio en grado de tentativa.