26 sep 2020

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EL MOMENTO DE DAR LAS GRACIAS

Los médicos hacen balance de la tragedia y devuelven los aplausos

El comportamiento del colectivo de los 'sin bata' de los hospitales, especialmente limpieza, es puesto como ejemplo por los sanitarios como la más generosa de las entregas

"Nosotros, como médicos, sabíamos de la peligrosidad del virus, pero ellos trabajaron sin descanso, jugándose la vida, sin preguntar", elogia el doctor Charte, de Dexeus

Emilio Pérez de Rozas

Una enfermera del hospital Gregorio Marañón, de Madrid, hace el signo del corazón con sus manos para agradecer los aplausos a los sanitarios. 

Una enfermera del hospital Gregorio Marañón, de Madrid, hace el signo del corazón con sus manos para agradecer los aplausos a los sanitarios.  / JOSÉ LUIS ROCA

“Cuando Pep Guardiola lo ganaba todo con su Barça, le oí decir un día una frase que me impactó porque la encontré muy acertada. Dijo que a él le satisfacía más que los culés le diesen las gracias que que le felicitasen. Si te felicitan, parece que el éxito es personal; si te dan las gracias, tienes la sensación de que la enhorabuena es colectiva, que has hecho algo que ha reportado alegría, satisfacción, a mucha gente”, cuenta el doctor Ángel Charte, que ha batallado, con todo el equipo del Hospital Universitario Dexeus, contra más de 600 coronavirus, con una mortalidad del 6%. Y como Charte y Dexeus, muchos más médicos, sanitarios, personal auxiliar, hospitales. Muchos.

Charte y otros muchos responsables sanitarios, superados, desbordados, agobiados, por el covid-19, creen llegada la hora, no porque se haya extinguido “ni mucho menos”, de dar las gracias a decenas de grupos profesionales, colaboradores, voluntarios y gente de a pie que se ha dejado la vida, el alma, la salud para ayudar a superar esta pandemia “que, lo siento, pero deberíamos ser conscientes que ha llegado para quedarse”.

Cirujanos ejerciendo de camilleros, estudiantes haciendo de taxistas y mujeres de la limpieza consolando a los enfermos de covid-19

“Yo he visto, día sí, día también, al mejor cirujano de mi hospital ayudándome a empujar la camilla, camino de una de nuestras UCI, para ingresar, deprisa y corriendo, a un paciente de coronavirus que se nos iba, de ahí que crea necesario dar las gracias, públicamente, por la ayuda recibida, no solo de los profesionales, sino de todos los estamentos que, sin saber que se podían estar jugando la vida, arrimaron el hombro sin descanso, sin preguntar, sin mirar el reloj e, incluso, sin pensar en sus familias”, cuenta Charte.

Trabajar hasta desfallecer

“Yo he visto regresar a su puesto de trabajo a uno de nuestros administrativos tras superar en casa el coronavirus, que, tal vez, nunca lo sabremos pero lo tememos, se contagió al manejar la documentación de ingreso de cualquiera de nuestros pacientes y, por tanto, me parece una buena idea dar las gracias a todos los que, sin pertenecer al núcleo de ‘la bata’, han trabajado sin desfallecer para que saliésemos adelante”, relata el doctor Ernest Bragulat, jefe de Urgencias del Clínic, que reconoce que, a partir de ese caso, decidieron introducir la documentación y el historial médico de cada enfermo en una bolsa de plástico transparente.

“Yo he visto llorar desconsoladamente a una de nuestras enfermeras por no saber cómo decirle a un familiar que se acababa de morir su abuelo, sabiendo que el protocolo de Sanidad impedía que cualquier familiar cercano lo visitase por última vez (solo se permitía a alguien ‘conocido’) y de ahí que considere necesario que demos las gracias a todos los que nos han ayudado, comiéndose su miedo y su dolor, a resolver tantos y tantos problemas”, matiza Marta Guzmán, directora médica del Hospital General de Catalunya.

“Yo he visto, sí, temblorosa, emocionada, tremendamente afectada, pero muy entera y con lágrimas en los ojos, a una de nuestras mujeres de la limpieza salir, vestida con su traje de buzo, de una de las habitaciones del Sagrat Cor, contando que la abuelita que padecía coronavirus se había pasado el rato dándole conversación mientras limpiaba ‘porque hacía horas que no veía a nadie’ y la limpiadora sufriendo porque sabía que lo suyo era limpiar y no darle charla, por más amable que quisiera ser, lo que demuestra que ellas han sido vitales en esta pandemia y, sí, hay que darles las gracias hasta el infinito”, explica Miguel Sierra, director de servicios generales del Grupo Quirón-salud para Catalunya y Aragón.

"Los colectivos 'sin bata' de los hospitales, especialmente mantenimiento y limpieza, han sido vitales en esta pandemia y hay que darles las gracias infinitas"

Miguel Sierra

Director de servicios generales del Grupo Quirón-salud

“Yo he visto henchido de satisfacción y orgullo a uno de los 28 voluntarios, muchos de ellos estudiantes de Medicina, que se convirtieron en nuestros chóferes, taxistas, secretarios, ayudantes las 24 horas del día, semanas y meses, haciendo todo tipo de servicios y por eso considero que ese colectivo, como muchos otros, merecen recibir nuestro agradecimiento pues, gracias a su desinteresada ayuda, los que rodeamos a los sanitarios hemos podido atender sus necesidades”, cuenta Pilar Rosas, jefa de comunicación del Grupo Quirón-salud.

Sanitarios del hospital Dos de maig agradeciendo los aplausos por su entrega. / FERRAN NADEU

“Todo empezó”, cuenta Bragulat, “a mediados de febrero cuando ingresó en el Clínic la primera paciente. Pocos pensábamos que la situación iba a complicarse de esta manera. De hecho, nosotros elaboramos un circuito asistencial diferenciado para un mismo motivo de consulta: fiebre+tos+dificultad respiratoria, dependiendo si habías viajado o no a Wuhan (China). En principio eran atendidos por especialistas de medicina tropical, ahora denominada Salud Internacional. Pero a principios de marzo, estalló todo”.

Los hospitales recibían todo tipo de ayudas y regalos desde cremas para la piel hasta fruta y un tiramisú de 12 kilos

Bragulat cree estar recogiendo el sentir de toda la profesión y, por supuesto, de todos los hospitales que albergaron enfermos de la covid-19 cuando cuenta que “durante todos estos meses, ningún profesional de ningún estamento dejó de venir a trabajar, a excepción, claro, de los que empezaron a dar positivo en los test. Todo fue colaboración para reforzar los turnos, cambiarlos o añadir horas extras sin preguntar”.

El momento de la despedida

La principal preocupación de la gente, cuenta el jefe de Urgencias del Clínic, fue no poder proporcionar el acompañamiento adecuado o digno a aquellos que iban a fallecer, especialmente gente mayor. “Vi compañeros/as muy afectados, algunos llorando por no poder ayudar, ni acompañar, a los que irremediablemente iban a fallecer. Sus familiares estaban en casa. Había que llamarlos para informarles del desenlace que se iba a producir y solo se permitía venir a un solo acompañante y no podía ser de la familia, pues así consta en el protocolo de Sanidad”.

Bragulat reconoce que todos, todas, han vivido con el miedo pegado al cuerpo. “Por lo que estaba pasando, por lo que podía pasar y por nuestra seguridad y la de nuestros familiares. Frente a esta emoción primaria (el miedo no es malo), imperó un sentimiento de responsabilidad social que nos empujó a todos a volver cada día para seguir ayudando. Por eso es muy necesario dar las gracias, por eso uno no debería, nunca, dejar de dar las gracias. Porque todo el mundo ha de saber que ha habido colectivos, que sin llevar bata, sin tener la visibilidad que hemos tenido los sanitarios, han sido fundamentales, vitales, como limpieza, auxiliares, administrativos…, que se merecen un muchas gracias eterno”.

Un grupo de sanitarios del Clínic agradecen los aplausos en plena calle. / JULIO CARBÓ

Sin duda esa entrega sin preguntas del gremio de la bata y de los sin bata es lo que hizo que muchos pacientes, al abandonar los hospitales, escribiesen cartas tan hermosas como la que un día llegó al Clínic, remitida por un paciente que salvó su vida cuando pensaba que nunca más vería a su familia. Entre otras cosas decía: “Y, cuando ya no puedes estar más hundido en tus lamentos, oyes una voz celestial, procedente de un astronauta (así describe en su carta al personal que entraba en su habitación vestidos con el traje de buzo, guantes, mascarilla, lo que fuese), que, con cariño, amor, delicadeza y gran mimo hacia ti, hacia ese pobre desgraciado que está en la cama, te dice: “Hola, soy xxxxx, tu enfermera y voy a cuidar de ti. ¿Cómo estás? ¿Cómo te encuentras? Vamos a ver cómo están tus constantes y, luego, veremos qué vas a querer para merendar (…) Y sus palabras te envuelven con un manto de seguridad, de confianza, de cuidado que solo puede ser vocacional. De repente, tu horizonte ha cambiado ¡vuelves a existir! ¡vuelves a tener esperanza ilimitada pues xxxxx va a cuidar de ti! Vuelves a tener ganas de luchar porque sabes que alguien luchará contigo, luchará para que salgas y puedas volver con tu mujer, con tus hijos, con tus amigos. Porque esas y esos astronautas son el soporte que tú necesitabas. Personas que no pronuncian una palabra de queja, ni un suspiro de cansancio (y sabes que van empalmando turnos y van agotados), personas que solo saben transmitir cariño, amor, esperanza, que quieren saber de ti, qué necesitas y cómo te encuentras”.

"Los 'medicos estrellas' que salían en TV creaban mucha confusión. Yo creo que fue un error no acudir para informarse a los médicos que estaban en las trincheras, los que peleaban a diario con el coronavirus"

Ángel Charte

Responsable covid-19 en el Instituto Universitario Dexeus

Mientras todo eso ocurría en el interior de los hospitales, fuera, se producía un tsunami de ayudas de todo tipo, no solo por parte de decenas de voluntarios que ayudaban, sino de centros no covid-19, como la Clínica Planas, el Instituto Oftalmológico Barraquer, Exolife, la Clínica Iván MañeroOpción Médica, que prestaban respiradores, camas, palos de suero, camillas, transfers, mesillas, todo, hasta trabajadores de Nespresso, que derivaban a los hospitales kilos de fruta de su desayuno; la pastelería Sàbat, de Sant Cugat, que envió 400 tartas sacher a los hospitales; la familia Sagnier, de Macxipan, que proporcionó diariamente decenas de bandejas de desayunos para los hoteles sanitarios y hasta Salvatore, de la tiendecita de comida italiano ‘La Bottega’, de Sant Cugat, que hizo un tiramisú, que en italiano significa “levántame el ánimo”, para el hospital General de Catalunya.

“Han ocurrido esas cosas, esas donaciones y muchas más que hay que agradecer y que, ahora, cuando lo pienso me entra un cosquilleo muy, muy, especial”, explica Pilar Rosas. “Por ejemplo, el comportamiento ejemplar de los trabajadores de Nissan, que han confeccionado batas en sus casas con plásticos de la fábrica e, incluso, han fabricado respiradores. Y, ya ve, ahora se encuentran con que van a cerrar su fábrica. No es que sienta un agradecimiento mayor hacia ellos, no, les doy a todos gracias infinitas, como a la familia Torelló que regaló a las mujeres de la limpieza unas botellas de cava reserva rosado fantástico, pero lo de Nissan nos duele en el alma, sí”.

Todos fueron importantes

“Es la primera vez, y llevo muchos años en esto, que no veo diferencias entre el mundo asistencial, sanitario, el mundo que cura, el mundo de la bata y el resto de colectivos que conviven en un hospital y, en ese sentido, me refiero, a restauración, mantenimiento y/o limpieza”, relata Miguel Sierra, director de servicios generales de Quirón-salud. “Por vez primera, todo el mundo se ha considerado importante ¡porque lo era!, porque era tan vital moverse rápido y bien para reconstruir y habilitar salas, habitaciones y quirófanos, como limpiar continua y rigurosamente todos esos espacios”.

Sierra reconoce que los servicios auxiliares, complementarios, repletos de mileuristas, detalle que no debe olvidarse, ha estado esta vez en primera línea pese a considerarse, a menudo “incluso ellos mismos”, de segunda división. “Yo siempre les digo que, sí, que, en efecto, que puede que nosotros no seamos protagonistas en los hospitales, pues la gente viene a curarse, pero esta vez, lo siento, todo el mundo ha sido importantísimo, sin el esfuerzo de todos por cambiar un hospital en centro coronavirus de la noche a la mañana y mantenerlo inmaculadamente limpio y desinfectado durante meses, nadie hubiese podido curarse, nadie”. “Lo digo de corazón, las mujeres de la limpieza han sido, no solo una maravilla, sino vitales, modélicas, sin su entrega, si no hubiesen sido tan desprendidas, nada hubiese sido posible”, sentencia Sierra, que reconoce que la primera línea, médicos y sanitarios, han sido los primeros en agradecer, reconocer y ovacionar ese comportamiento.

El dolor que provocó en los sanitarios que los familiares no pudiesen acompañar a los fallecidos ha sido tremendo, inolvidable

Todo empezó, reconocen todos, con un gran caos. En 24 horas se colapsaron los hospitales. Nadie sabía nada de lo que estaba pasando, por qué estaba ocurriendo y cuáles serían las consecuencias. Los hospitales, sus responsables, los médicos, el gremio ‘con bata’ y los estamentos ‘sin bata’ lo desconocían todo, no solo sobre el coronavirus sino sobre su tratamiento. “Nadie había vivido nada igual”, señala el doctor Charte, de Dexeus, “pero lo que sí puedo asegurar porque he estado días, semanas y meses en contacto diario con los otros responsables del covid-19 de otros hospitales es que no hubo que decirle nada a nadie. Todos, todos, arrimaron el hombro sin preguntar. Más aún, los que sabemos algo de Medicina intuíamos a lo que nos exponíamos, pero el resto del personal no sabía nada y no preguntó, se pusieron a trabajar sin descanso, sin desmayo, sin fiestas, con miedo, ¡claro que con miedo!, pero nadie ha parado hasta hoy”.

No importaba la especialidad de los médicos, sanitarios o enfermeras, todo el mundo se puso al servicio de los responsables del covid-19. Y, sí, hubo cirujanos, traumatólogos, dermatólogos, endocrinos, cardiólogos, anestesistas…que ejercieron a menudo de ayudantes, de secretarios, de camilleros, de lo que fuera. Y faltaban medios, pero pelearon con lo que tenían. “Todos, todos, teníamos los ojos vidriosos, pero no por ello dejábamos de empujar y, sobre todo, tratar de transmitir a los pacientes que íbamos a ganar. Lo más difícil”, añade Charte, “fue ganarse la confianza de los enfermos y sus familias, por eso trabajamos todos juntos, unidos, por eso, al principio, acompañábamos a las mujeres de la limpieza cuando entraban en las habitaciones, todos disfrazados con el buzo, con el traje de ‘astronauta’, para crear complicidad, confianza, proximidad”.

Todo cambiaba de un día para otro. Los tratamientos, la información, que llegaba muy sesgada, principalmente de China e Italia, poco concluyente para trabajar con ella, según reconocen los doctores. Y, encima, como relata, sin mala intención, el doctor Charte estaban los ‘médicos estrellas’, que salían en televisión difundiendo una información que, desde luego, a los que peleaban día a día, cara a cara, con la covid-19 no les parecía, ni mucho menos, extraída del contacto diario con los enfermos.

"Y cuando estas hundido en tus lamentos, oyes una voz celestial, procedente de un 'astronauta': es tu enfermera que te dice "voy a cuidar de ti" y tu horizonte cambia"

Carta de un paciente que salvó su vida

Remitida al Hospital Clínic de Barcelona

“A menudo lo comentábamos entre nosotros”, cuenta Charte, “en el sentido de que teníamos la sensación de que esos ‘médicos estrellas’ no habían visto un enfermo covid-19 en su vida. Solo se puede opinar de esta enfermedad si estas dentro de un hospital peleando, día a día, con la pandemia. No critico sus comentarios, critico que los medios no acudieran para informarse a los que estaban en primera línea, en las trincheras, peleando con el virus. Nos hubiese gustado que, además de epidemiólogos y virólogos, hubiesen salido a opinar aquellos médicos que, insisto, nos enfrentábamos a diario con el virus. No es una crítica, es una realidad porque incluso las opiniones de estos teóricos expertos llegaron a confundirnos a nosotros mismos, que, en los hospitales, comprobábamos, a diario, que nuestros tratamientos funcionaban mejor que los que ellos sugerían”.

Imagen de una de las fachadas del Hospital Jiménez Díaz, de Madrid. / JOSÉ LUIS ROCA

Charte y otros colegas responsables de plantas exclusivas de covid-19 también dan las gracias por su comprensión a los familiares de los pacientes que fallecieron. “Ha sido lo más duro de este horrible periodo en contraste con la felicidad y algarabía que se producía en nuestras plantas cuando dábamos de alta a un enfermo. Esos minutos fueron, son, maravillosos. Los aplausos en los pasillos mientras el enfermo volvía a casa también nos ponían los ojos vidriosos y, lo más grande, es que, desaparecido el paciente, todo el mundo se daba la vuelta y entraba en habitaciones repletas de virus para volver a seguir luchando contra él”.

El colectivo médico, sanitario, agotado, exhausto, duda de que el eslogan de Sanidad "salimos más fuertes" sea real, cierto

El responsable covid-19 de la Dexeus espera que nadie olvide esto. Nadie es nadie. “No voy a hablar de los políticos, no pienso culparles, solo digo que esto ha llegado para quedarse, que sigue siendo una enfermedad desconocida, pero que el próximo tsunami no nos pillará desprevenidos. Ahora ya somos capaces de reaccionar frente a la adversidad. Pero, sobre todo, no dejen tirados a cuantos nos han ayudado, pues ya he oído que se acaban contratos, médicos lamentablemente pagados, enfermeras en la calle…No hay dinero, lo sé, pero traten de sacarlo de donde puedan, esto va a volver y necesitamos a toda esa gente, que, repito, sin preguntar, sin desmayo, ha dado la cara jugándose la vida, muchos sin saber nada de Medicina”.

La situación, en efecto, ha sido tan desesperante, tan extrema, tan mortal y dañina, que no todo el mundo en los grandes hospitales comparte el eslogan difundido por el Ministerio de Sanidad en el sentido de que #Salimosmásfuertes. De momento, salimos menos, muchos menos. Como reconoce, con la mejor de las intenciones, Ernest Bragulat, del Clínic, “yo, y muchos de nosotros, vivimos con una frustración y una pena enorme, que no sé si desaparecerá algún día. La sensación que tengo, desde luego, no es que nos hemos fortalecido. Hemos sufrido muchísimo. Hemos sufrido tanto, tanto, que tememos que pueda volver a pasar. La gente ha sufrido en sus vidas, en sus trabajos, en sus economías. Nos hemos tenido que alejar de nuestros padres, de nuestros ancianos, hemos perdido familiares, amigos, aislado a nuestros hijos a los que no vemos desde hace semanas. A mí me cuesta dormir, me cuesta concentrarme, empiezo a leer un libro y, a las dos páginas, ya no me entero…no, de verdad, no tengo la sensación de que salgamos más fuertes de esto. Estamos viviendo un desastre humanitario, ya no solo en el ámbito de la salud sino también en lo social. Lo siento, pero considerar que nos hemos fortalecido es un menosprecio a lo que hemos vivido”.