05 jun 2020

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MENSAJERÍA INSTANTÁNEA

Telegram, el nuevo Whatsapp

Las protestas independentistas elevan el número de usuarios en Catalunya de una app que nació para el ciberactivismo

Propiedad de un magnate ruso, quiere financiarse a través de criptomonedas

Carmen Jané

Logotipo de la ’app’ de mensajería Telegram.

Logotipo de la ’app’ de mensajería Telegram.

Las protestas independentistas en Catalunya han hecho que miles de catalanes se hayan apuntando estas semanas a Telegram, una app de mensajería que funciona desde el 2013 pero que muchos parecen haber descubierto tras la sentencia a los líderes del ‘procés’. 

La app presume orgullosa de que han sido los activistas quienes la han hecho crecer. Curiosamente, desde 2015 su responsable de ampliar mercados es catalán: Elíes Campo, un ingeniero de La Salle que llegó a trabajar en Whatsapp y de ahí a Telegram. Al menos sobre Catalunya puede presumir de números: Tsunami Democràtic, pese a su app, ha logrado más de 410.000 suscriptores al canal y Anonymous Catalonia tiene más de 262.000 suscriptores. Es decir, al menos el 5% de la población catalana usa la app, que tiene traducción catalana gracias a Softcatalà, desde el pasado diciembre.

En el resto de España, Podemos, uno de los partidos que lleva más tiempo con su canal, apenas pasa de los 32.000 suscriptores. Un estudio de la patronal de la publicidad interactiva, la IAB, sobre redes sociales 2019, situaba su uso en España en el 18% de los usuarios de redes sociales, frente al 88% que maneja Whatsapp o el 50% que es fiel a Twitter. Y de los jóvenes, cada vez más rendidos a TikTok.

Pero Telegram tiene un uso más intensivo que Twitter: el 44% afirma que la emplea varias veces al día y otro 17% al menos una vez al día (frente al 31% y el 22% de la red del pajarito azul), lo que la convierte en la cuarta red más usada tras Whatsapp, Facebook e Instagram. Pero sus números mundiales, 365 millones de usuarios estimados, aún contrastan con el gran imperio de Whatsapp, 1.500 millones de usuarios. 

Canales ilimitados

“Es la novedad. Llevamos muchos años con las mismas redes sociales y ahora es la que está de moda, aunque me resulta difícil pensar que llegue a ser masiva, pero ¿quién iba a imaginar que Facebook se estancara como lo ha hecho?”, afirma Miquel Pellicer, analista del sector y director de innovación digital de Interprofit. 

A Telegram la han hecho fuerte los canales unidireccionales que admiten audiencias ilimitadas y la seguridad que ofrece, según los expertos. El código de todas las versiones es abierto y evaluable. Los usuarios no saben quién más es miembro del grupo o su número de teléfono, como en Whatsapp. y técnicamente utiliza un sistema de encriptación propio. Sin embargo, cuando te das de alta se enteran todos los contactos de la agenda.

“Los canales son más usables que en Whatsapp. Y las marcas pueden trabajar con chatbots. También es más visual por el uso que hace de los emojis, que siempre estuvieron ahí”, añade Pellicer. La red, que no admite anuncios, ya tiene incluso sus primeros influencers, según destaca IAB. 

Alternativa a Facebook

Para algunos, Telegram comienza a ser una alternativa al imperio Facebook (Facebook-Whatsapp-Instagram), pero no todo en Telegram es claro. Es propiedad del ruso Pavel Durov, quien la creó con su hermano Nikolai con el dinero que le dieron por la venta de VKontakte, el Facebook ruso, y dejó Rusia por, sucesivamente, irse a Londres, Berlín y Singapur (huyendo, afirmaron, de las presiones de Putin por acceder a sus datos). Actualmente está en Dubai, aunque, afirman, con la maleta hecha por si hay mudanza.

Al principio, sin anuncios ni promociones, Telegram afirma que vivió del dinero de Durov, pero desde marzo del 2018, la empresa comenzó a buscar inversores a través de una solución innovadora: la criptomoneda Gram, que le han permitido captar, dicen, 1.700 millones de dólares en el 2018. Pero no han explicado nunca cómo piensan conseguir ganancias. De hecho, aseguran que “ganar dinero no es su objetivo final”, aunque para financiarse planean pedir dinero “por servicios no imprescindibles” y funcionar como servicio de pago podría estar en su horizonte.

Protección de los activistas

“Lo más seguro que tiene Telegram es que no contestan a las peticiones de datos de nadie, ni de gobiernos ni de policías, mientras que Facebook sí”, afirma la ciberinvestigadora Selva Orejón, de Onbranding. “Los chats secretos en Telegram, de momento, no se pueden recuperar… hasta que se puedan”, añade. Cellebrite, la compañía israelí que presume de ser la única capaz de acceder a los contenidos de un iPhone, ofrece como servicio acceder a los datos, conversaciones y archivos adjuntos de cuentas de Telegram. En su blog, acusan a la compañía de encubrir operaciones de narcotráfico, terrorismo, pederastia y robos de datos bancarios. 

Uno de los compromisos de Telegram es “proteger las identidades de fisgones como funcionarios o empleadores” y “los datos de los anunciantes”. Pero el servicio funciona sobre una nube (cloud), que permite estar siempre sincronizado, independientemente del dispositivo, un aspecto sobre el que ya alertaba el CNI. Tampoco se sabe dónde están los servidores que, afirman, son propios.