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Las elecciones del 10-N: la derecha pasa del clima

La emergencia climática solo preocupa a la izquierda mientras el PP propone revertir restricciones

Sánchez hace gala de la apuesta decidida de su Gobierno por la reducción de emisiones y las renovables

Manuel Vilaseró

Manifestación contra el cambio climático en Barcelona.

Manifestación contra el cambio climático en Barcelona. / ELISENDA PONS

Tormentas destructivas, inundaciones sin precedentes, incendios devastadores en la Amazonia y Siberia, informes científicos advirtiendo de que se nos acaba el tiempo y un clamor mundial en la calle contra la crisis climática. Después de que lo que ha ocurrido los últimos seis meses se podría haber esperado que la lucha contra el calentamiento global hubiera estado como mínimo presente en la campaña electoral, pero a apenas se ha tocado de soslayo. Ni en las entrevistas en los medios de comunicación ni en los debates ha estado presente. 

Un buen ejemplo de ello es el debate televisivo a cinco que tuvo lugar el pasado lunes. Solo Pedro Sánchez rescató el tema. Su Gobierno puso en pie en solo diez meses una estrategia de transición ecológica con fechas, objetivos y cifras concretas que el PSOE ha mantenido como su programa verde cara a las elecciones. Su candidato no se olvida en ninguna intervención de recordar que la lucha contra el cambio climático está entre las tres prioridades de su futura acción de gobierno y así lo hizo en el debate.

Emergencia de boquilla

Pero fue el único. Y no es casualidad. La derecha española, al menos de puertas a fuera, no es negacionista. El pasado septiembre PP y Cs firmaron en el Congreso junto al PSOE y Unidas Podemos una declaración de emergencia climática. Fue un paso importante, pero cara a la galería, a juzgar por los programas de ambos partidos.

El PP dedica solo media página de las 59 de su programa al cambio climático, sin dar ni una sola fecha y ni un solo objetivo cuantificable. Peor aún. Promete conservar las tecnologías de generación eléctrica que «son útiles» a España aunque no sean renovables y «eliminar las restricciones indiscriminadas al diésel». Todo muy coherente con los recortes a Madrid Central impulsados por el alcalde de este partido José Luis Martínez Almeida. En el debate televisivo, Pablo Casado, en respuesta a Sánchez, llegó a atribuirse el mérito de tener entre sus filas a Arias Cañete, al que calificó de «líder mundial del cambio climático». El presidente dejó escapar una sonrisa socarrona. 

La opción de Ciudadanos hasta casi parece mejor. Su partido no dedica ni uno solo de los 250 apartados de su programa al cambio climático. Para Rivera el problema parece no existir. En el debate prefirió hablar de Cuba o Venezuela después de oir a Sánchez sacar pecho por haber echado una mano a la ONU y a Chile y aceptar el reto de organizar en solo unas semanas la Cumbre del Clima COP 25 que debía celebrase en Santiago de Chile.

El mejor plan de la UE

La credibilidad del Gobierno en funciones en el terreno climático se asienta no solo en gestos como el de acoger la cumbre. El borrador del plan de Energía y Clima mandado a la Unión Europea obtuvo la mejor calificación por parte de la Comisión. El programa se fija como objetivo reducir en un tercio las emisiones de CO2 en la próxima década con una cuota de generación eléctrica renovable del 74% y con la electrificación del parque automovilístico. Unos 4,5 millones de vehículos eléctricos deberán circular por nuestras carreteras en el 2030 y el tope para la venta de coches contaminantes se mantiene en el 2040.

Se calcula que esta transición movilizará 250.000 millones de euros de inversión en 10 años, durante los cuales se crearán 2,4 millones de empleos verdes en lo que el PSOE ha bautizado como New Green Deal, siguiendo los pasos  de la apuesta de los sectores demócratas más progresistas de los Estados Unidos.

En este plan verde del PSOE juega un papel clave la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, con una amplia experiencia de gestión en la materia y con buen cartel entre científicos y ecologistas. La apuesta se completa con un compromiso transición justa que «volcará recursos en los territorios afectados» por el cierre de la minería del carbón o de las térmicas, por ejemplo.

Unidas Podemos y Más País compiten por ser más verdes

La sintonía de los planes del PSOE con los de Unidas Podemos y Más País es muy alta, aunque estos compiten por ver quién va allá, rebajando las emisiones a la mitad en el 2030 o adelantando a 2040 la conversión del parque de generación al 100% renovable.  Partidos como ERC y PNV, cada uno con sus especificidades, están en líneas parecidas. Si Sánchez logra la investidura no parece complicado que España pueda convertirse en país puntero frente a la emergencia climática.

Si gobierna la derecha, en cambio, podría pasar a engrosar la lista de países de la UE que se suman a la lucha contra el cambio climático porque no les queda otro remedio. Arrastrando los pies, como Polonia y Hungría. O peor aún, desmarcarse como los Estados Unidos de Donald Trump si al final Vox logra una representación tan alta como le auguran las últimas encuestas. Para Santiago Abascal, el discurso del cambio climático forma parte de la «dictadura ideológica progre». En la tribuna del Congreso sostuvo el pasado septiembre que la neutralidad del carbono que pretende lograr la UE en el 2050 es lo mismo que «la chaladura esa de que los gallos violan a las gallinas». No puede ser ignorancia.