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EN CATALUNYA

80.000 extranjeros no pueden sacarse la nacionalidad por ser analfabetos

El Govern dice estar preocupado el colectivo, que al no lograr la ciudadanía, tiene vetados varios derechos

Las entidades sociales no dan abasto ante la abrumadora demanda de cursos gratuitos de castellano

Elisenda Colell

Curso de preparación para el examen de nacionalidad española en la Fundació Servei Solidari, en el 2015.

Curso de preparación para el examen de nacionalidad española en la Fundació Servei Solidari, en el 2015. / FERRAN NADEU

Llevan varios años, algunos más de 20, viviendo en España. Pagan impuestos, trabajan y su residencia aquí está reconocida legalmente. Sin embargo, no se les considera ciudadanos con plenos derechos. La Generalitat calcula que hay 78.000 personas inmigrantes, la mayoría mujeres, que no pueden acceder al examen de nacionalidad española porque no saben leer ni escribir. Las entidades que ofrecen cursos gratuitos de castellano no dan abasto, y la Generalitat pide exámenes orales para que estos ciudadanos puedan acceder a los derechos de ciudadanía.

Según datos del Govern a los que ha tenido acceso EL PERIÓDICO, hay 78.000 residentes en Catalunya de origen extranjero que son analfabetos. Son casi el 10% de los inmigrantes que hay en Catalunya. Lo afirma el secretario de Migracions de la Conselleria d’Afers Socials, Oriol Amorós. "Nos preocupa mucho esta situación, estamos hablando casi de 100.000 personas que viven aquí desde hace muchos años y a los que, por ejemplo, les estamos negando el derecho al voto", asegura el secretario. Son datos del 2016 que el Govern está prácticamente seguro de que en los últimos dos años habrán aumentado, teniendo en cuenta que los dos años siguientes la población extranjera residente en Catalunya creció en 60.000 personas.

De estos, casi el 70% son mujeres, y el 30% son varones. "Estamos hablando de un colectivo muy feminizado, mayoritariamente personas procedentes de África y Asia, sobre todo la zona de la Índia y Pakistán y que llevan más de dos décadas residiendo en Catalunya de forma legal", explica el secretario. Y la situación preocupa al Ejecutivo catalán porque, primero, afecta "gravemente" la inserción social y la integración real de estas personas en la sociedad catalana. Y en segundo lugar, porque el Govern dice tener las manos atadas tal y como está planteada la ley.

Examen oral

Para ser considerados ciudadanos españoles con plenos derechos, entre ellos el de voto, los aspirantes han que superar un examen de nacionalidad. Una prueba, por escrito, ya de por sí polémica. "Se les pregunta sobre asuntos demasiado concretos, y luego está el elemento cultural, que excluye que sus tradiciones puedan enriquecer nuestra cultura", asegura Amorós. Varias organizaciones, entre ellas SOS Racismo, llevan años denunciando la existencia de estas pruebas. "Nosotros lo que pedimos es que, de entrada estas personas puedan hacer el examen de forma oral", explica el responsable del Govern, que denuncia haber pedido esta mejora al Gobierno español en varias ocasiones.

Nacionalidad, no apta para pobres

Pero acceder a este examen no es, precisamente, barato. De entrada, hay que pagar una tasa de 102 euros por hacer el trámite. La inscripción a la prueba cuesta 85 euros más, y las personas que no procedan de un país hispanohablante, además, deben cursar una prueba de  de español (DELE) que está situada alrededor de 120 euros. Esto, si se quiere ir por libre.

El Instituto Cervantes, que es quien hace estas pruebas, ofrece cursos para aprender el idioma y prepararse para el examen de la nacionalidad. Sin embargo, como en Catalunya no tiene ninguna sede, acredita a academias privadas de idiomas para preparar a los alumnos. Una de ellas, y solo para poner un ejemplo, es la Academia Barcelona PLUS, que cobra 50 euros a la semana para quien quiera prepararse para el examen.

"Estamos hablando de personas con pocos recursos", insiste Amorós, personas que, de entrada, no saben leer ni escribir en castellano. Otra opción sería plantear que esta prueba se pudiese hacer en catalán. Porque el Consorci de Normalització Lingüística sí ofrece cursos gratuitos de catalán en varios niveles, también para personas analfabetas. Y está presente en casi 200 municipios catalanes.

Listas de espera en las oenegés

Quien sí ofrece cursos gratuitos de castellano son las entidades sociales, en la gran mayoría impartidos por voluntarios. Todos coinciden en lo mismo: la demanda para aprender el castellano es altísima y no dan abasto. Especialmente de personas de origen chino, paquistaní, de Marruecos o Armenia, que, si conocen algún alfabeto no es el español.

Una de ellas, Integramenet, en Santa Coloma de Gramenet. "Tenemos que decir que no a centenares de personas cuando hacemos las inscripciones y durante el curso", explica el coordinador de la entidad, Lluís Vila. Cuando se abrió el plazo, en poco más de tres horas llenaron las 280 plazas de los cursos. Aunque admite que los voluntarios que enseñan la lengua no están suficientemente formados: "La acogida lingüística es del todo insuficiente".

Esta entidad, junto a otras del municipio, está intentando hacer un recuento de las personas que se han quedado excluidas de aprender el castellano, que a su vez, "es la lengua que va a facilitar su integración en los barrios". En Barcelona, la Coordinadora de la Llengua, que agrupa a una veintena de entidades que trabajan con personas inmigrantes constata la misma situación.

"En pocas horas llenamos los cursos, los mandamos al resto de entidades de la Taula del Tcrcer Sector, pero están todas igual, son personas que nos vamos pasando entre nosotros", explica la responsable de Migrastudium, Maria Coll, una de las 20 entidades que integran la Coordinadora de la Llengua del Raval. Su portavoz, Marta Villar, apunta que la problemática afecta directamente a la Conselleria d'Educació, porque quien debería ayudar al aprendizaje del castellano y la lectoescriptura, dice, son las escuelas de adultos, que son gratuitas. "Pero no hay plazas ni oferta suficiente", asegura la activista.

Las escuelas de adultos no ven demanda

Educació niega la mayor, y asegura que atiende toda la demanda existente. "Si las personas se matriculan, nosotros cubrimos las plazas", asegura la directora general de Innovació, Recerca i Cultura Digital, Mar Camacho. En los últimos cinco años, la demanda de educación instrumental, la más básica, ha caído en mil matriculados. La de catalán ha caído en 2.000 alumnos. Mientras que el aprendizaje del castellano ha aumentado en un millar hasta situarse a los 7.431 matriculados.

"Las escuelas de adultos son menos flexibles, no son cursos de acogida, de esto se deben encargar otras organizaciones", explica la directora general, que admite, sin embargo, que no descarta que haya extranjeros que no sepan que existe este recurso. En cualquier caso, el departamento quiere reenfocar los centros de formación de adultos hacia colectivos más jóvenes que no han terminado los estudios o buscan formación digital. "Ya no hay tantas personas analfabetas, tenemos que formar otras bolsas de pobreza", apunta la directora. Donde, dicen, hay más necesidad, en el inglés (14.473 matriculados el año pasado) y las competencias digitales (9.140 demandantes).

"Sueño con poder conducir"

Hace 35 años que no pisa una clase. Esta es la historia de Mohamed Jar, un hombre marroquí de 45 años que ahora vuelve a estudiar gracias a las clases gratuitas de alfabetización que le ofrece la fundación Migrastudium. La mitad de su vida ya la ha vivido en España, pero aún no ha podido votar en ninguna elección.

Mohamed nació en Ouarzazate, una zona rural de Marruecos cerca del Atlas. Allí iba a la escuela, hasta que a los 10 años tuvo que abandonar los estudios para ayudar a su familia. Era un joven pastor que llevaba arriba y abajo los rebaños de ovejas con las que sus padres lograban salir adelante. También recuerda cómo vendían dátiles… "He hecho de todo, menos estudiar", explica.

A los 18 años huyó de casa de sus padres para ganarse la vida. "Allí estaba condenado, quería ser libre". Sin estudios, ha vivido de empleos más que sacrificados. En Casablanca estuvo varios meses cortando leña para luego venderla. Y poco antes de cumplir la veintena subió hasta la próspera ciudad de Tánger. Subsistió trabajando de albañil por las mañanas y de vigilante de seguridad por las noches. Hasta que un día dijo basta. En 1998, con 24 años, se metió dentro del motor de un camión y cruzó el Estrecho.

En 1998, con 24 años, se metió en el motor de un camión y cruzó el Estrecho

Llegó a Andalucía sin nada mas que su cuerpo. Estuvo a punto de ser deportado, sin apenas saber nada de castellano. Suerte tuvo de que una familia le acogió durante dos meses en su casa al verle andar por la carretera en Málaga. "Me dieron de comer, de dormir, me trataron como un hijo, no sé qué sería de mí sin ellos". 

Ahora ya lleva 21 años en España. Dos de ellos los ha pasado durmiendo en las calles de Barcelona. En la irregularidad tuvo que enterarse de que su madre fallecía sin poder ir a su entierro. Hoy lo recuerda y los ojos se le humedecen. Ya ha logrado permiso legal de residencia, de trabajo y ha encontrado el amor. Trabaja encadenando contratos precarios.

"Apenas sé escribir en árabe porque ya ni  me acuerdo, pero en castellano ya es otra historia", explica. Hablar lo sabe hablar. Pero el problema es escribirlo. Hace un año que se apuntó a los cursos gratuitos de la fundación Migrastudium, donde le enseñan a leer y a escribir. "Cuando tengo dinero pago algo, pero si estoy sin trabajo me dejan venir igualmente, por eso me gusta", asegura.

Ser analfabeto le impone demasiadas barreras. "Me quiero sacar el carnet de conducir, pero no puedo", lamenta. La prueba escrita se lo pone muy difícil, al no saber leer en español. Ahora, con este objetivo, viene cada día a clase. Es su motivación, imaginarse al volante. Lo de la nacionalidad, para él, es secundario. "Me gustaría poder votar, pero el examen es muy difícil, no sé si lo podría aprobar, quizá, con todo lo que tienes que pagar, no me sale a cuenta".  Aunque los impuestos los paga igual que otro ciudadano español, y lo que deciden los políticos le afecta igual.

Otra motivación, aunque le queda más lejana, es la de formarse. "Me gustaría tener un buen trabajo". Un sueño, quizá. Para dejar de una vez los 'contratos kleenex', de vigilante de almacén, de pintor de paredes, o de lo que surja. Mohamed dejó la escuela con diez años y se aventuró hasta occidente para ganarse la vida y conquistar su libertad. Ahora, con 45 años, se ha dado cuenta que su libertad solo la va a lograr volviendo al aula.

Temas: Inmigración