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ABUSOS EN LA IGLESIA

Benítez, al juez: "Con la venia, me sentía amparado por los Maristas"

El exprofesor de gimnasia pide permiso al magistrado antes de explicar por qué no tenía miedo de ser descubierto

La trama de ocultación ha asomado finalmente en la Audencia de la mano de uno de los doce profesores protegidos

Guillem Sànchez / J.G. Albalat

Joaquim Benítez tiende la mano a Manuel Barbero, que le niega el saludo, frente a la Audiencia de Barcelona. / JOAN CORTADELLAS (VÍDEO: EFE)

La responsabilidad que tienen los Hermanos Maristas en los abusos sexuales que sufrieron alumnos de sus colegios en Catalunya durante décadas no forma parte del proceso contra Joaquim Benítez, el pederasta de su escuela de Sants-Les Corts. Entre febrero y abril del 2016 se presentaron 43 denuncias contra 12 profesores de colegios de Barcelona y Badalona. Pero todas estas fueron tratadas por separado por la justicia y, paulatinamente, quedaron archivadas. Ningún juez abrió una causa única. Tampoco la fiscalía quiso investigar qué pasaba en estos colegios. El juicio que esta semana se celebra contra Benítez en la Audiencia de Barcelona ha sellado los límites de cuanto estaba dispuesto a aclarar el sistema judicial: únicamente los abusos más recientes cometidos por este exprofesor de educación física. 

El provincial superior de la orden, Pere Ferré, el único marista interpelado en este proceso judicial intervino en calidad de testigo y se libró de tener que responder por el encubrimiento que la institución procuró a Lucio ZudaireArnaldo FarréFeliu MartíA.E. o A.B., entre otros. La investigación de EL PERIÓDICO halló pruebas de que se ignoraron denuncias presentadas contra Farré; de que se cambió de colegio al hermano A.B. hasta en tres ocasiones por quejas de progenitores de hijos abusados; de que se promocionó a Martí después de prometer a una madre que este sería apartado del centro; de que se disuadió de comunicar a la policía los tocamientos de A.E.; o de que se refugió en una casa de colonias a Zudaire –donde siguió magreando a críos– después de haberlo sacado con grúa de Badalona por las protestas de familias afectadas por su pederastia. Nada de lo anterior ha interesado a la justicia, centrada únicamente en procesar a Benítez. Lo que ha acabado ocurriendo, sin embargo, es que ha sido el propio Benítez quien ha denunciado desde dentro el encubrimiento de los Maristas.

Sin miedo a ser descubierto

El juez Eduardo Navarro había atado en corto a las acusaciones particulares durante las declaraciones de los psicólogos que han precedido a la de Benítez. Navarro incluso ha interrumpido al acusado cuando este se disponía a relatar que él también había sido víctima de abusos en un internado de los Salesianos. Tras el toque de atención, cuando su abogado le ha preguntado si tenía miedo de que en el colegio descubrieran qué hacía con los alumnos en su despacho, Benítez ha mirado al juez y le ha pedido permiso para responder a conciencia la cuestión. El juez, no exento de cierta perplejidad, le ha animado a hacerlo. Y Benítez, mimetizado con el ambiente judicial, ha comenzado a responder parafraseando la jerga de los abogados: "Con la venia…"

En 1986, ha relatado, abusó de un menor en el colegio y el padre acudió dos días más tarde a revelar lo sucedido. El director del colegio ese año, el hermano Granja, el padre y Benítez se reunieron y este admitió los hechos. Granja le hizo ver que aquello estaba mal y Benítez intuyó que al regresar de las vacaciones de verano acabaría siendo expulsado. En septiembre, sin embargo, el hermano Lluís Serra, que entonces ejercía una labor de coordinación entre los colegios catalanes, le advirtió de que "aquello" no podía volver a suceder y le puso al corriente de que el provincial –máxima autoridad en los colegios de la región del Hermitage– meditaba una sanción de tres meses sin sueldo. Pero esta no llegó a ejecutarse. Por eso, ha razonado Benítez, nunca tuvo miedo de ser descubierto en el colegio durante los 30 años en los que abusó de alumnos en el colegio de Sants-Les Corts. "Porque me sentía amparado por los Maristas", ha concluido.

La promesa cumplida 

Manuel Barbero, padre de una víctima, le había pedido horas antes del juicio, a la entrada de la Audiencia de Barcelona, que dijera la verdad sobre el encubrimiento de los Maristas y Benítez le había prometido que lo haría. Durante el juicio, tras pedir "la venia" de su señoría, como si intuyera que nadie con toga quería oírlo, el pederasta ha ratificado formalmente que la orden religiosa estaba al corriente de su "debilidad", tal como explicó en una entrevista publicada por este diario en febrero del 2017.

Mañana termina el juicio contra Benítez, la única porción del 'caso Maristas' que ha investigado la justicia española. Ni la Generalitat ni el gobierno español han querido tampoco cubrir ese vacío promoviendo soluciones políticas que depuren la responsabilidad de la orden y reparen al resto de víctimas cuyos delitos están prescritos. ¿Cambiará algo ahora que quien denuncia el encubrimiento en sala judicial es uno de los pederastas encubiertos?