23 feb 2020

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REIVINDICACIÓN

Colas ante el botiquín escolar

En época de invierno una enfermera puede atender, en un colegio, hasta 50 alumnos en una mañana

Las enfermerías escolares liberan el tráfico en los centros de atención primaria

Alba Jaumandreu

Natàlia Colina, enfermera del centro Jesuïtes de Casp, atendiendo a un alumno

Natàlia Colina, enfermera del centro Jesuïtes de Casp, atendiendo a un alumno / Ricard Cugat

Son las nueve de la mañana. Suena el timbre de la escuela Jesuïtes de Casp y los alumnos más pequeños empiezan a entrar. Se dirigen a clase y luego muchos de ellos hacen cola en la enfermería de la escuelaNatàlia Colina, enfermera escolar del centro, hace ya una hora que está en la escuela. A primera hora revisa el correo por si algún padre le ha enviado algún mensaje alertando de una medicación puntual o de algún malestar, revisa también las patologías crónicas de los alumnos para preparar la medicación del día.

Los lunes a partir de las nueve de la mañana el flujo de niños en la enfermería es abundate, hasta llegarse formarse cola. Los lunes acostumbran a ser visitas rutinarias, malestar, dolores de barriga... Colina explica que muchos niños ya vienen de casa con alguna molestia pero que los padres, si ven que no tienen fiebre, los llevan a la escuela, con la tranquilidad de que serán atendidos si empeoran.

"La enfermería escolar no es un capricho, es un derecho de los niños a ser atendidos"

Natalia Colina

Enfermera escolar del Jesuïtes de Casp

En una mañana de invierno, con gripes y gastroenteritis, la enfermera del centro puede atender hasta 50 niños. Su trabajo puede parecerse al de un centro de atención primaria, y de hecho libera mucho tráfico de pacientes. Colina aclara que las enfermeras escolares no sustituyen las revisiones medicas, simplemente acompañan al alumno dentro del horario lectivo, y en caso necesario se deriva al CAP.

La enfermería consta de un despacho, para hacer las entrevistas de salud cuando un niño va a la enfermería, una sala con una camilla, tipo consultorio, y una habitación con una cama para que los alumnos, una vez diagnosticados, puedan descansar. “Los dolores de regla muchas veces se solucionan con descanso y calor en la zona, o los alumnos con migraña pueden relajarse” cuenta Colina, haciendo referencia a la habitación. “La enfermería escolar no es un capricho, es un derecho de los niños a ser atendidos”, culmina.

Aunque desde la enfermería del centro no hacen prescripción médica sí que aconsejan. Su función principal es prevenir, en muchos casos, que la molestia empeore. Desde la escuela solo dan antibióticos o analgésicos con receta médica, o si los padres han firmado un consentimiento previo. “Es muy distinto que un padre reciba una llamada una vez su hijo ha sido atendido, a recibir una llamada de un profesor alarmado”, comenta Colina.

"Hay niños con enfermedades que no ir a la escuela porque no tiene los medios para tratarlos"

Natalia Colina

Enfermera escolar del Jesuïtes de Casp

De hecho, la relación con los padres y la enfermera es constante. No solo cuando hay una dolencia puntual, sino para controlar enfermedades crónicas, ya que en la misma escuela tienen una ficha médica de los alumnos. Además, cuando un alumno tiene un problema en casa, los padres pueden alertar para que le hagan un seguimiento y viceversa.

“Las enfermeras escolares somos necesarias” afirma con contundencia Colina, explicando que hay muchos niños que sufren intolerancias, o que padecen diabetes. Desde la enfermería se acompaña a estos niños ‘pacientes’ en su proceso: los alumnos más pequeños que sufren diabetes van a pincharse y controlarse a la enfermería, hasta que son completamente autónomos. Además, los profesores no están obligados a pinchar a los alumnos para hacer los controles de azúcar, o administrarles insulina, si es necesario, y esto puede producir que los padres tengan que desplazarse dos o tres veces al día a la escuela. “Hay padres con niños con alguna enfermedad que no pueden llevar a sus hijos a la escuela porque no tiene los medios para tratarlos”, manifiesta Colina.

Natàlia Colina, enfermera del centro Jesuïtes de Casp, ayudando a una alumna a controlarse el azúcar.  / ricard cugat 

También controlan las intolerancias y se coordinan con el comedor del centro, los tutores y los padres, para hacer un seguimiento. En este sentido han podido llegar a atender en la escuela un choque anafiláctico, que sin enfermera en el centro, puede llegar a ser mucho más grave, ya que la medicación tan necesaria como urgente, puede no ser bien administrada por un profesor.

"Quiero empoderar de salud a los alumnos"

Natalia Colina

Enfermera escolar del Jesuïtes de Casp

La tarea de la enfermera no es solo atender a los niños con dolencias, si no también pasar por las clases e impartir charlas. “Hablamos sobre la alimentación, el ‘bullying’, donaciones de sangre, primeros auxilios, etc.”, explica Colina y añade que los alumnos tienen que entender que la enfermera no solo está para ir cuando les duela algo. “Tenemos que concienciar. Quiero empoderar de salud a los alumnos”, afirma Colina.

Este tipo de actividades, más allá de la relación alumno-enfermera, produce un clima de confianza. “Conoces bien a los alumnos, sabes sus patrones y su estado físico”, cuenta Colina que añade, que gracias a esta relación vienen a contarme si tienen un problema, o incluso vienen las amigas. De hecho, en esta escuela pudieron detectar un caso de trastorno de alimentación gracias a la buena sintonía entre la enfermera y los alumnos.