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SALUD EN LOS COLEGIOS

Enfermeras escolares: necesarias, pero ignoradas

La comunidad educativa se une para pedir un profesional sanitario en cada centro, ante la dejadez de la administración

Profesores y auxiliares cargan con las emergencias sanitarias, sin la formación adecuada y sin que esté entre sus competencias

Patricia Martín

Natalia es una de las pocas enfermeras que ejercen en un colegio en Barcelona, en los Jesuites de Casp.

Natalia es una de las pocas enfermeras que ejercen en un colegio en Barcelona, en los Jesuites de Casp. / Ricard Cugat

Enfermeros, profesores y padres han unidos sus voces en varias ocasiones para reclamar que en cada centro escolar ejerza un graduado en enfermería. Se podría decir que se han desgañitado incluso, aprovechando todo lo que tienen a su alcance, las peticiones formales, las reuniones con la administración de turno, la entrega de firmas, la presión a través de los partidos de la oposición y las campañas informativas. Pero los esfuerzos ha servido de muy poco. Una figura tan necesaria en espacios con una población extensa y vulnerable como los niños, que se ocupa de algo sensible, como es la salud, apenas está extendida. La Comunidad de Madrid se sitúa a la cabeza y apenas hay en torno a 250 colegios con enfermera de los 1.254 centros de educación infantil y primaria, mientras que en Catalunya, la situación es infinitamente peor.

Según la presidenta de la asociación catalana de enfermera y salud escolar (Acise), Engracia Soler, no hay ningún centro público, ni siquiera de educación especial, que cuente con este tipo de profesional, del que solo disponen algunos colegios concertados y privados. Y eso que su agrupación entregó 5.700 firmas en 2015 en el Parlament exigiendo su implantación, se reunió con varios partidos y presentó un plan estratégico sobre su puesta en marcha. “Pero no han hecho nada”, lamenta.

En Catalunya existe el programa Salut i Escolapor el que enfermeras de atención primaria acuden a institutos y colegios a dar charlas y realizar consultas abiertas al alumnado, sobre temas relacionados con la salud mental, la educación sexual, el consumo de drogas, etc. Y la Generalitat prevé reorganizar e integrar este programa con otras actuaciones como las relacionadas con las vacunaciones o los menús escolares, según informa Beatriz Pérez. Pero esta ampliación dista mucho de cumplir la petición unánime que llega de la comunidad educativa: que un enfermero esté, de forma permanente, adscrito a un centro de enseñanza.

Siete madres recogiendo firmas

Siete madres recogen firmas porque las enfermedades de sus hijos les obligan a ir al colegio cada vez que les necesitan

Lo sabe muy bien Ana Ibáñez, que junto otras seis mamás está recogiendo firmas a favor de la causa, todas ellas madres de niños con diferentes patologías y que, según explica, se ven obligadas a estar “enganchadas a las escuelas” para que sus hijos puedan asistir a clase con normalidad. En su caso, su hija, Martina, de tres años, tiene diabetes tipo 1 y, debido a que no hay enfermera en su colegio, ella tiene que acudir a suministrarle insulina cada vez que la profesora o la vetlladora (auxiliar de educación) le comunican que Martina la necesita. Ellas le hacen los controles pero la medicación es cosa de los padres. En la actualidad, Ana puede acercarse al colegio cada vez que su hija la necesita, porque está de baja laboral, pero en el futuro quiere “volver a trabajar y normalizar al máximo su vida”, siempre y cuando Martina “esté atendida”. Para que esto ocurra, ve imprescindible que en el colegio de su hija haya una enfermera durante toda la jornada. Ana no entiende que, dada la situación, la Generalitat apueste por cerrar los colegios de educación especial, cuando ni siquiera pueden atender a niños “con necesidades sanitarias” pero sin discapacidad en los centros ordinarios.

A 600 kilómetros de ella, Lidia Dueñas vive mucho más tranquila. Su hijo, Luis, también tiene el mismo tipo de diabetes, pero su colegio público, en Madrid, sí dispone de enfermera que le suministra la insulina y está pendiente de sus necesidades, gracias entre otros motivos al empuje y lucha de su familia. Y aún así, la situación dista de ser perfecta, porque la administración regional ha reducido un 13% el número de horas de la enfermera escolar, que además cambia cada año, lo que hace que Lidia, hasta pasados unos meses del inicio de curso escolar y hasta comprobar si el sanitario asignado controla la enfermedad de su hijo, no respire tranquila.

Natalia es una de las pocas enfermeras que trabaja en un colegio en Barcelna / Ricard Cugat

Para impulsar esta profesión, el Consejo de Enfermería, que tiene esta figura entre sus prioridades, con la vista puesta en promover un cambio de modelo sanitario que se base en la prevención más que en la curación, ha desarrollado la acreditación de las competencias, es decir, poner negro sobre blanco qué funciones y cuáles no puede llevar a cabo un sanitario en el ámbito de la enseñanza. Según su secretario general, Diego Ayuso, la acreditación es un “avance importante” para clarificar esta profesión, en su opinión muy necesaria y con “más beneficios que costes”, puesto que su trabajo implicaría “ahorros a la administración a largo plazo”. Muchos niños atendidos en el colegio, por ejemplo, ya no pasan por el centro de salud.

Emergencias y educación para la salud

Coincide con él la portavoz de Satse, el sindicato de enfermeras mayoritario, Mar Rocha, quien aclara que estos trabajadores, además de asistir a alumnos con enfermedades crónicas, como asma, alergias, diabetes y atender las emergencias sanitarias de los niños –o profesores- que sufran percances o golpes en el recreo o se ponen enfermos en horario escolar, tienen una labor fundamental para promocionar los hábitos saludables en toda la comunidad educativa: ya sean menores, padres y profesores. Y es que las enfermeras tanto en su consulta como en charlas organizadas ex profeso en el propio centro pueden promocionar las dietas saludables, enseñar sobre primeros auxilios, los peligros del consumo de alcohol o drogas, cómo llevar a cabo una correcta salud buco-dental o sexual, entre otros conocimientos. “En resumen, promover la salud en edades tempranas para que enfermemos menos, porque lo que se aprende de niño, es para toda la vida”, explica Rocha.

Las enfermeras  pueden enseñar hábitos saludables y formar a la comunidad escolar, lo que implica menos enfermedades

Los profesores apoyan la iniciativa porque se ven también perjudicados por la falta de enfermeras: cada dos por tres tienen que interrumpir las clases para atender improvistos sanitarios y todo sin la formación adecuada. De hecho, ANPE, el sindicato mayoritario de docentes públicos, lleva tiempo en la lucha y en breve conformará una plataforma junto con enfermeras, padres y pacientes. Francisco José Suárez, profesor de un colegio público en Asturias, pone voz al colectivo, al lamentar que la “administración les intente cargar con la responsabilidad” de un tema “tan complejo y sensible” como es la salud, lo que les genera “inseguridad e intranquilidad”. En su clase hay varios niños con alergias graves y nunca se ha tenido que enfrentar a una emergencia, pero eso no significa que no pueda pasarle en el futuro. Por eso, concluye: “Solo le vemos ventajas a la enfermera escolar”.