Ir a contenido

Asbesto en el suburbano

Trabajadores del metro de Madrid y Barcelona: "Cogíamos el amianto a puñados"

Empleados de ambos suburbanos relatan cómo hasta los años 90 realizaban sin ninguna protección trabajos de altísimo riesgo

Juan José Fernández

Un extrabajador enfermo del metro de Barcelona, en una parada cercana al hospital del Vall dHebron, donde se la tratan sin posibilidad de cura.

Un extrabajador enfermo del metro de Barcelona, en una parada cercana al hospital del Vall dHebron, donde se la tratan sin posibilidad de cura. / FERRÁN NADEU

Desde que ingresaron de aprendices y hasta 1992, sin inspecciones médicas preventivas, los trabajadores de talleres del metro de Barcelona recién jubilados o que ahora alcanzan la edad de jubilación estuvieron expuestos directamente a inhalación o ingestión de polvo de amianto, culpable de graves enfermedades, como el mesotelioma o cáncer de pleura.

Mecánicos retirados y otros en activo han relatado a EL PERIÓDICO cinco prácticas de alto riesgo que "entonces se hacían sin saber lo que se sabe hoy", explica Nicolás Carrera, veterano y experto delegado de Salud Laboral del Metro de Barcelona por el sindicato CCOO y ya retirado.

La más peligrosa, manejar amianto triturado con las manos. Lo hacían los bobinadores (reparaban bobinas eléctricas) y otros especialistas eléctricos. "El polvo venía en sacos de 20 kilos. Lo sacaban con la mano y lo arrojaban a un cubo con agua para formar una masilla aislante", relata Juan Fernández, mecánico carrocero -o planxista- de 65 años de edad.

Un pañuelo en la boca

Casi toda su vida laboral -entró con 25 años- la pasó Fernández en los talleres del metro barcelonés en La Sagrera, con estancias también en Roquetas, y siempre en turnos de ocho horas. "Llegábamos a las 6, íbamos al vestuario y luego al taller. Dependiendo de la faena que te tocaba, te daban gafas, o una mascarilla, a veces una máscara como las de la primera guerra mundial, y otras veces nada".

Los trabajos se hacían en una enorme nave diáfana. Cuando no había mascarilla, los trabajadores expuestos a polvaredas u olores fuertes "nos poníamos un pañuelo y ya está. Entonces no es que no pudieras negarte, es que no tenías conciencia del peligro", explica Fernández.

Los carroceros tenían también un alto nivel de exposición al cambiar suelos viejos de los vagones, de los que ahora se ha sabido que mezclan polivinilo y amianto. "Quitábamos y poníamos 'rajoles' (losas) de 30X30 centímetros", explica este veterano.

Arrancando aquel suelo conoció a Juan Pareja, primer afectado por asbestosis conocido en el Metro de Barcelona. "Recuerdo una vez que siete compañeros nos salimos del vagón porque estaba pintando Pareja con una pintura negra y el olor no se podía soportar". El metro de Barcelona ha hallado pintura bituminosa fabricada con amianto en la protección de 49 vagones.

Polvo en suspensión

Cuando los mecánicos cortaban piezas de suelo se formaba una gran polvareda en el vagón, con al menos dos operarios dentro. También se formaba polvo al rascar pintura vieja y otros residuos metálicos en un foso, por debajo del vagón. Los trabajadores salían completamente manchados de polvo negro, salvo el hueco blanco que les dejaban las gafas. Hoy no hay fosos en los talleres de Barcelona.

Para esos trabajos, al contrario que para el resto, el metro de Barcelona proporcionaba al operario un mono que luego limpiaba la empresa. En el resto de los casos, los trabajadores se llevaban a casa la ropa sucia, transportando hasta sus familias las fibras de amianto.

Cuando tenían que soldar, los electricistas y carroceros manejaban "mantas de amianto" aislantes de 2X1,5 metros que usaban para tapar piezas engrasadas a las que una chispa podía hacer arder. "Al acabar, se sacudía la manta y se doblaba para otra vez", cuenta Fernández.

El amianto también estaba presente en piezas de cartón preparado para estrujar, mojar y moldear una masilla. Con ella los electricistas separaban piezas de los motores.

También en Madrid

Diego Jiménez, mecánico de 51 años y delegado de prevención de CCOO en el metro de Madrid, corrobora prácticas similares en las cocheras del suburbano madrileño. Desde 1983 y hasta 1992 estuvo en contacto con "un polvo gris que daban para mezclar con agua. Se usaba en cerrajería y soldadura -explica-. Formaba una masilla aislante que servía para cubrir las bobinas de las chispas". Aquel amianto en polvo se les suministraba "en bolsitas de plástico que llegaban del almacén". Cuando sacaban el polvo blanco de los sacos, "como mucho algún jefe decía: ‘Ojo, que es amianto’".

Los madrileños también usaban el cartón de amianto fraccionable. Y no llevaban mascarillas. "Hace cuatro meses, en una reunión a raíz del estallido del caso del amianto en Madrid, cuando conté lo que hacíamos los expertos en prevención se llevaban las manos a la cabeza", cuenta Jiménez. Este veterano del metro madrileño no recuerda haber recibido en talleres ninguna inspección sanitaria.

El uso industrial de amianto blanco fue prohibido en España en diciembre de 2001, con un año de adaptación. Antes, en 1984 y 1993, fueron prohibidos el amianto azul y el amianto marrón, variedades aún más tóxicas.

A los trabajadores del metro de Barcelona se les proporcionaba material de protección: cascos, tapones, gafas… y mascarillas inútiles: en 1993, los trabajos del Grupo de Estudio del Mesotelioma en Barcelona -entre ellos uno dirigido por el oncólogo Antonio Agudo sobre los certificados de defunción de la ciudad- determinaron que no hay filtro suficientemente fino para interceptar las fibras de asbesto, ni dosis suficientemente pequeña de exposición segura.

En su protocolo de seguimiento de la asbestosis, el metro de Barcelona controla a 247 trabajadores, que una vez se jubilan pasan a ser vigilados periódicamente en sus centros de salud. El seguimiento de jubilados se hace menos riguroso, explican fuentes médicas y sindicales del suburbano barcelonés, porque ya no hay conexión entre sus historiales que permita obtener datos sobre incidencia de enfermedades profesionales.