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solidaridad

La ayuda de los grupos de duelo para afrontar la muerte de un ser querido

Grupos de apoyo al duelo acompañan el proceso de la pérdida de un ser querido

Carme Escales

Grupo de terapia para ayuda al duelo de la fundacion Memora. 

Grupo de terapia para ayuda al duelo de la fundacion Memora.  / Carlos Montañés

Ambulatorios, centros cívicos, hospitales, centros de salud mental y entidades sociales configuran una red asistencial en Catalunya que permite detectar la necesidad de apoyo y acompañamiento de personas que atraviesan un duelo. No hay mejor interlocutor en esos casos que quien conoce la experiencia de haber perdido a un ser querido. La psicóloga Lola Cabrera coordina grupos de apoyo mutuo al duelo que desde la Fundación Mémora se ofrecen de manera gratuita. “Queremos concienciar y sensibilizar a la sociedad frente al hecho de morir, entendiendo la muerte como parte natural del final de la vida, para poder normalizarla y romper tabús, a fin de ayudar a superar la pérdida de la mejor manera posible”. Así reza el compromiso de esta entidad que tiene tres centros abiertos al público en Catalunya, uno en el distrito barcelonés de Nou Barris, otro en L’Hospitalet de Llobregat y otro en Manresa. En ellos se ofrecen charlas y talleres y esos encuentros entre personas que viven duelos.

“Tenemos cuatro grupos, según la pérdida sea de hijos o del cónyuge, y otros dos de personas mayores, unas con familia a su cargo y que puedan haber perdido a sus padres, y otras, en general de mayor edad, que además de la pérdida paulatina de familiares y amigos afrontan la soledad y pérdida de capacidades para su autonomía”, explica Cabrera. En este último caso, dice, “pueden ser viudos o viudas que tenían repartidos los roles en casa y que ahora deben reorganizar esas tareas solos o con ayuda de servicios sociales”, precisa la psicóloga especializada en procesos de duelo.

Regresar al cementerio

“El duelo cada cual lo vive y manifiesta de manera diferente”, apunta Lola Cabrera. “Pero todo duelo conlleva un proceso: aceptar la realidad; trabajar las emociones y el dolor; adaptarse a la nueva situación sin la otra persona, y recolocar emocionalmente a ese ser querido”, añade. “El cementerio  ayuda en las dos primeras tareas. Fomenta la expresión del dolor y sentimiento. Al principio quien va al cementerio tiene más necesidad de hacerlo, y con el paso del tiempo siente que el recuerdo del ser querido acompaña a todas partes”. Cuando alguien le pregunta a Cabrera si es mejor o peor ir al cementerio, ella responde siempre:”¿A ti te ayuda ir? Si te ayuda, adelante”.

Respetar el duelo

“Cómo las personas a nuestro alrededor respetan el tiempo e intensidad de cada etapa del duelo en el otro es muy importante. Los especialistas venimos después”, precisa la psicóloga. A veces el entorno interpreta negativamente la necesidad de la persona de hablar del difunto y se le invita, erróneamente, a dejar de pensar en ello. Es probable que esa persona se aísle porque se sienta incomprendida. “Reconocer el dolor del otro es bueno, así como tolerar los diferentes ritmos. Puede haber quien necesite encender una vela cada día o quien se concentre en reformar el baño. No se compite en cómo se vive el duelo, se respeta y se convive con las propias maneras de vivirlo. Y los grupos de apoyo son espejos en los que unos y otros se ayudan y se ven identificados. La normalización de la muerte es el objetivo”. Y no hay pérdidas sin duelo, “la realidad la puedes pintar, pero tarde o temprano te la encontrarás”.

Asociaciones como Merrylife, impulsada por médicos para crear conciencia sobre vida y muerte, o el programa de la Fundació Obra Social ‘la Caixa’ para la Atención Integral a Personas con Enfermedades Avanzadas con intención de atender a quien se encuentra al final de su vida y a sus familiares, con 42 Equipos de Atención Psicosocial (EAPS) con psicólogos, trabajadores sociales, enfermeros, médicos, agentes pastorales y voluntarios son otras de las propuestas al alcance de quien vive el duelo.

En España fallecen anualmente unas 390.000 personas.