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NOVEDAD EDITORIAL

Kathryn Mannix: "La muerte es más tranquila de lo que pensamos"

La doctora británica, especialista en cuidados paliativos, cuenta en un libro cómo los enfermos terminales afrontan sus últimos días

Olga Pereda

Kathryn Mannix, autora del libro Cuando el final se acerca.

Kathryn Mannix, autora del libro Cuando el final se acerca. / JOSÉ LUIS ROCA

La doctora británica Kathryn Mannix, especializada en cuidados paliativos, ha presenciado más de 10.000 muertes a lo largo de su carrera profesional. Muchos días llegaba a casa y se ponía a escribir sus sentimientos. El resultado de esas reflexiones es 'Cuando el final se acerca' (ediciones Siruela), un ensayo en primera persona en el que Mannix cuenta -sin morbo y con corazón- cómo varios enfermos terminales y sus familiares afrontaron sus últimas días. Y también cómo los afrontó ella misma. Como persona y como médico.

La muerte asusta mucho. Pero su libro deja claro que, en la mayoría de los casos, “no hay miedo sino una gran sensación de paz”.
A lo largo de mi carrera profesional he presenciado unas 10.000 muertes. La mayoría son un proceso tranquilo. Cuantas más muertes he visto menos temo a mi propia muerte. Hace 100 años todos fallecían en casa. Ahora, con los hospitales, estamos más alejados del trato diario de la muerte. Es menos violenta y dolorosa de que lo que era hace cien años porque la medicina ha avanzado mucho. Es más lejano, sí. Pero menos violento también. Es algo triste, claro, pero no es dolorosa.

En algunos casos, sin embargo, sí es violenta. Usted cuenta cómo Alex, un joven con cáncer, fallece desangrado delante de su familia.
¿Qué cómo manejo algo así? Tengo mi cabeza divida en dos. Una es la doctora y otra, la persona. Pero intento hablar solo como médico, aparcar la otra faceta. El origen de mi libro es la inquietud que yo tenía al llegar a casa después de cada jornada laboral. Cogía unos folios y escribía como terapia para mí, para sacarme de la cabeza las cosas que había visto.

Todos nos vamos a morir. Cada día que pasa estamos más cerca. Pero la muerte sigue siendo un tabú. Su libro también lo denuncia: en lugar de decir que alguien se está muriendo decimos que está gravemente enfermo.
Efectivamente. En Reino Unido se evita a toda cosa pronunciar la palabra muerte. Tampoco muerto ni murió. Se usan eufemismos. Sin embargo, me he dado cuenta de que hablar con franqueza al paciente es un alivio para él. La familia se enfada, ellos son siempre partidarios de la corrección política para no ofender. Pero me consta que el paciente se siente aliviado y quiere sacar el tema. ¿Por que sucede todo esto? Pues porque no queremos tristeza en nuestras vidas. Vivimos una época en la que queremos ser guapos, sanos, ricos y triunfadores en las redes. No queremos nada malo, no solo en la muerte sino en general. Tampoco queremos que nuestros hijos saquen malas notas en el colegio. Pretendo poner un granito de arena en el debate: hablar de lo malo no es tan malo.

En algunos casos que relata, el paciente baraja la posibilidad de acabar con su vida. ¿Qué piensa de la eutanasia?
En Reino Unido no es legal. En el Parlamento se ha debatido en varias ocasiones durante los últimos 10 años, pero las propuestas no han salido adelante.

Los enfermos y los que están al borde de la muerte merecen todo nuestros respeto. ¿Por qué no respetar a la gente que no quiere vivir?
Mi libro no es un libro sobre el debate de la eutanasia. Y lo he decido así deliberadamente. Me he dado cuenta de que en todos los países hay debates acalorados entre los que están a favor y en contra. En medio están los pacientes y la comunidad médica, que piensan que tanto unos como otros tienen parte de razón. Después de 30 de años de carrera profesional y 10.000 muertes presenciadas te digo que no tengo opinión sobre la eutanasia.

Es un tema complejo.
Mucho. Antes hay que saber cómo es el proceso de la muerte. Hay enfermos asustados que no saben cómo es y por eso tienen miedo. El legislador está sano y en plenas facultades. Por otra parte, están los grupos de presión. Los que están a favor hacen mucho ruido, pero no escuchamos a los otros. Así que para tener una visión equilibrada habría que escucharles también.

¿Cómo consigue ser profesional en esos momentos? Ginecólogos y matrones lo tienen más fácil, ¿no? Al fin y al cabo ellos traen vida al mundo.
Pues yo traigo buenas noticias a los enfermos que viven momentos terribles. Les explico cómo se les vamos a tratar y cómo les vamos a aliviar el dolor. La gente llega a los cuidados paliativos con la idea de las películas americanas: muertes llamativas y trágicas. Pero la muerte normal no es así. La gente se tranquiliza porque sabe que va a ser más tranquilo y manejable. Yo a veces también lloro. Y el paciente. Y muchas otras veces nos reímos. No te lo vas a creer, pero los desahuciados también pasan buenos momentos. No todo es tan terrible.

Temas: Eutanasia