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la intendencia del hogar

El complicado puzle de la conciliación en vacaciones

La precarización del mercado laboral agrava las dificultades organizativas y económicas de las familias para disfrutar las fiestas al completo

Rafa Julve

Una mujer acompañada de dos pequeños arrastra una maleta en la estación de Sants, el viernes pasado.

Una mujer acompañada de dos pequeños arrastra una maleta en la estación de Sants, el viernes pasado. / ALBERT BERTRAN

‘Verano 70’, ‘40 grados a la sombra’, ‘El cálido verano del señor Rodríguez’ y hasta ‘Verano Azul’ despertarán en algunas personas las ganas de sacudir el televisor para quitarle la caspa a la mínima que asoma un fotograma de cualquiera de estos títulos, pero las vicisitudes de muchas familias por estas fechas no distan mucho de lo que reflejaban aquellos iconos del cine español. O son peores. En octubre se cumplirán 10 años de la debacle bursátil que confirmó una crisis económica mundial cuyos efectos siguen vigentes; una década de recortes que se han llevado por delante muchos derechos y que ha alcanzado tanto al empleo como al tiempo libre. La conciliación de la vida familiar y laboral en estos meses de vacaciones estivales se ha convertido en un complicado puzle de piezas monocromas.

La secretaria de Igualdad y FP de UGT Catalunya, Eva Gajardo, lo resume en una frase: "Las dificultades para poder conciliar familia, vacaciones y trabajo son cada vez mayores por culpa del incremento de la temporalidad y la precariedad del empleo". No todo el mundo tiene la suerte de poder cuadrar los días de libranza, si es que los tiene, pero es que la problemática va acumulando nuevas aristas. Para empezar, como evidencia una de las principales conclusiones de la reciente 'Encuesta de Condiciones de Vida' del Instituto Nacional de Estadística, una de cada tres familias no puede ir de vacaciones ni una semana al año.

Superhéroes domésticos

Dado que los sueldos son más bajos en muchos sectores, los perjuicios no solo afectan a si este año se puede salir de viaje o habrá que quedarse en casa. También golpean de lleno a la intendencia diaria, pues muchos padres y madres tienen que disfrazarse de superhéroes para llegar a todos los sitios al no poder costearse las actividades veraniegas de los hijos. 

Para más inri, sostiene Gajardo, las actividades para niños organizadas por el sector público "son mucho menores en esta época del año", así que las familias tienen que agrandar el boquete del bolsillo para ‘colocar’ a la prole mientras los mayores trabajan. En algunas casas se ha convertido en una desafortunada tradición que el padre y la madre no coincidan en vacaciones para repartirse los días que deben hacerse cargo de los niños mientras la pareja trabaja. Sí, claro, en las películas del cine español de los 60 y los 70 ya veíamos al 'Rodríguez' de turno solo en la ciudad mientras la mujer y los hijos veraneaban en la costa. Tampoco coincidían mucho, pero aquella situación se vendía como muy llevadera para los protagonistas. Ahora también habrá casos así, pero en muchos otros la mujer tiene un empleo, no como en las vetustas películas, y no hay dinero para que uno lleve a los niños a la playa mientras el otro trabaja. Toca quedarse en casa. 

Tanto o más difícil que las familias con hijos lo tienen las personas con mayores a cargo

También hay quien envía a los niños al pueblo con los abuelos, como se hacía antaño, pero actualmente, y tanto o más que antes, hay abuelos que trabajan o que deben quedarse en la ciudad formando parte del complicado sudoku doméstico, como tantas otras veces... sin mencionar los rompecabezas añadidos que deben resolver las familias monoparentales.

Sin red pública

Todo ello, según los expertos, evidencia el problema subyacente: no hay una red social pública suficientemente fuerte, al menos en muchas localidades. "En Gijón o Albacete ese debate no existe" porque la Administración se hace cargo del coste económico de los 'casals' de los pequeños tras acabar el curso, subraya Vicent Borràs, profesor del departamento de Sociología de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y miembro del Centre d’Estudis Sociològics sobre la Vida Quotidiana i el Treball (QUIT). "El problema no es de conciliación, es de subvención", sentencia este experto.

"Fijar las prioridades políticas" es clave si se quieren mejorar las circunstancias actuales, prosigue Borràs, que aporta ejemplos de familias que tiran de ingenio mientras las instituciones siguen sin ponerse las pilas: los padres de cinco alumnos se ponen de acuerdo para que cada uno libre del trabajo un día a la semana y haga de canguro de su hijo y de los cuatro compañeros de clase. Al día siguiente lo hará otro, y así sucesivamente hasta cubrir la semana.

Haciendo encajes de bolillos o renunciando a unas vacaciones al uso las familias van sorteando obstáculos, y no solo las que tienen menores en casa. Porque tanto el sociólogo del QUIT como Alba García, secretaria del área de mujeres, diversidad y políticas LGTBI de CCOO Catalunya, subrayan con énfasis que tantas o más dificultades las pasan quienes tienen mayores a cargo. Porque si ya es difícil localizar oferta asequible para niños en estas fechas, más lo es encontrar 'casals' para la gente de más edad que den un poco de aire a los hijos cuidadores sin dejarse el sueldo en el intento. "No hay nada de oferta municipal en este ámbito", critica García. Y menos, en agosto, lo que le sirve para redoblar el reproche: "Sorprende que se piense que estamos en una lógica de hace 40 años, como si en agosto todo el mundo estuviera de vacaciones", como en aquellas películas de López Vázquez y Ozores.

"Ahora todo es más versátil. Tanto, que hay trabajos en los que estás a expensas de que te llamen hoy para trabajar hoy mismo", sostiene García. Porque muchas empresas tampoco hacen ya contratos completos de sustitución veraniega y a lo sumo solo ponen algún parche. Ocurre mucho esto en el sector servicios, justo el que tiene una mayor temporalidad y horarios más irregulares. ¿Y quién trabaja mayoritariamente en estas áreas? Los jóvenes y las mujeres, doblemente afectados además porque, encima, no acostumbran a tener puestos de mando para decir quién y cuándo hace vacaciones.

"Hace tres años que no coincidimos en vacaciones"

Silvia Carrera y su marido, David Casas, tienen tres semanas de vacaciones cada uno, pero no llegan a cubrir todos los días de fiestas escolares de su hijo, Marc. "Hace tres años que no coincidimos en vacaciones los tres. La última vez mi hijo tenía 5 años, ahora tiene 8", lamenta la madre. "Hay que aprender a jugar con los horarios para no dejarlo solo", agrega. Desde que Marc era pequeño, cada mes de julio, sus padres lo envían con sus abuelos maternos a un pueblo de Galicia, donde pasa unas semanas con los primos, cuyos padres están en la misma situación que Silvia y David.

Silvia Carrera y su hijo Marc, en un parque de Badalona. / ROBERT RAMOS

A pesar de todo, la madre reconoce la suerte de poder contar con los abuelos porque la opción de llevar el niño a un 'casal' es inviable, tanto por la incompatibilidad de horarios como por el dinero que cuesta. "Me sale más a cuenta llevarlo a Galicia que dejarme el sueldo de un mes en un 'casal' - explica-. Además, yo entro a trabajar a las seis de la mañana, ¿qué hago con mi hijo hasta entonces?". El próximo mes de agosto, cuando Marc vuelva a Badalona tras unas semanas en el pueblo, su padre lo podrá cuidar durante sus vacaciones laborales mientras Silvia trabaja. En septiembre, lo harán al revés. TEXTO: ANNA ROCASALVA

"Mi hija se pasa todo el día en casa de mi hermana" 

Mireia Reniu se levanta cada día a las seis de la mañana. Prepara el desayuno, viste a su hija Irene y salen por la puerta. Antes de las siete ya se ha plantado en casa de su hermana, Sílvia, le ha dejado a la niña y ha cogido el transporte público para ir a trabajar. No volverá hasta pasadas las ocho de la noche, el día que llega más temprano. "Mi hija se pasa todo el día en casa de mi hermana - explica Reniu - Ella y mis sobrinos son mi pilar". "Sin ellos estaría desesperada", añade.

Mireia Reniu con su hija Irene. / álvaro monge

Esta situación se repite diariamente, ya sea invierno o vacaciones escolares de verano, desde que Mireia pudo volver a incorporarse al mercado laboral. "Al ser familia monoparental solo entra mi sueldo en casa y ni siquiera puedo plantearme llevar a la niña a un 'casal' o tirar de canguros", comenta la madre. Por este motivo, explica que cuando se quedó embarazada decidió mudarse cerca de la vivienda de su hermana, en Santa Coloma de Gramenet, para estar más próxima a la familia. "Mi hermana Sílvia está en el paro y puede encargarse de la niña, pero no poder verla en todo el día es durísimo emocionalmente para mí", lamenta Mireia. Por eso, cuando llega el fin de semana intenta aprovecharlo al máximo para pasarlo con su hija, que está a punto de cumplir 3 años. En agosto a Mireia se le termina el contrato, por lo que está realizando un curso que le facilite, de nuevo, la entrada al mercado laboral. No obstante, eso implica que hay fines de semana que tiene que volver a dejar a Irene con su tía para estudiar.

Mireia recuerda que, cuando era pequeña, su padre la llevaba a ella y a sus hermanos al pueblo, donde pasaban el verano bajo el cuidado de su madre hasta que volvían al colegio. "Sé que eran otros tiempos, pero los niños necesitan a sus padres y ahora en las salidas de los colegios casi que solo veo abuelos - lamenta - Ellos están haciendo el papel de padres todoterreno". TEXTO: ANNA ROCASALVA

"Sin la ayuda de mi madre estaríamos perdidos" 

Cada día de la semana, Benedicta Lupion, se desplaza a casa de su hijo y su nuera en Badalona para cuidar a su nieto Martí, que tiene cuatro meses recién cumplidos. La madre, Sandra León, ha vuelto al trabajo después de agotar la baja por maternidad, y ella y su marido, Miquel Delgado, tendrán que trabajar durante todo el mes de julio. "Sin la ayuda de mi madre estaríamos perdidos", lamenta Miquel. Cuando vuelve del trabajo, Sandra se saca leche materna y la congela para que su suegra pueda disponer de ella durante el día siguiente y alimentar a Martí.

Sandra León (madre), Miquel Delgado (padre), Martí Delgado (bebé) y Benedicta Lupion (abuela). / FERRAN NADEU

Las dos mujeres también gestionan diariamente toda la comida de la familia, cocinándola en grandes cantidades. Y es que, aparte de cuidar al bebé, Benedicta también se ocupa de su otra nieta, Laia, de 13 años, quien también viene a comer a casa de Sandra y Miquel. "Antes mi hermana llevaba a la niña a un 'casal' pero ahora no se lo puede permitir", explica su tío. "¿Y quién puede?", se pregunta. "Además, la mayoría de casales cierran a la una del mediodía", agrega, reflexionando sobre cómo se lo montarán ellos cuando su hijo crezca. Sabe que no son los únicos padres, ni mucho menos, que tienen esos quebraderos de cabeza. TEXTO: ANNA ROCASALVA