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Aprender inglés en verano

Noelia Díaz viajará a Gran Bretaña para convivir dos semanas con una familia inglesa para tratar de perderle el miedo al inglés

Su hermana Mònica prefiere actividades acuáticas cerca de casa

CARME ESCALES / BARCELONA

Montse Balaguer, Noelia Díaz, Mónica Díaz y Jesús Díaz.

Montse Balaguer, Noelia Díaz, Mónica Díaz y Jesús Díaz. / JOAN PUIG

Noelia Díaz tiene 16 años. Ha terminado cuarto de ESO y con buenas notas. Como el inglés se le da muy bien en clase, tanto en el instituto como en la academia de refuerzo, pero no acaba de lanzarse a hablarlo, decidió buscar alguna propuesta de viaje organizado para jóvenes que, como ella, quieren aprovechar el verano para hacer inmersión lingüística conviviendo con una familia en otro país. «Miré en internet y encontré las estancias de EF en Gran Bretaña», explica la joven. Eligió la  localidad de Torquay, para pasar 14 días este mes de julio, del 14 al 28. «Me parece que será una buena manera para que pierda la vergüenza de hablar en inglés, porque si estoy en una casa donde solo entienden inglés, tendré que hablarlo sí o sí», expresa.

Su vuelo a Londres será el 14 de julio. Antes, se ha apuntado a un intensivo de inglés en la academia Urban School en su barrio del Poblenou donde lo ha estudiado también durante el curso. Ahora se quiere presentar al examen del First Certificate English (FCE). 

"No lo vivo como una obligación. A mí me gusta viajar y sé que el inglés lo necesito para viajar. Y la estancia en Torquay, además de poder perder la vergüenza al hablar la lengua, es un intercambio cultural», comenta Noelia Díaz. Su estancia en Gran Bretaña cuesta 2.000 euros. «El verano siempre supone un presupuesto, y nosotros aún tenemos suerte porque Noelia y su hermana Mònica, las semanas que mi marido y yo trabajamos y ellas no hacen ninguna actividad, están con mis padres en un apartamento en Santa Susana. Es una suerte en mayúsculas, si no, el verano sería carísimo», dice la madre, Montse Balaguer.

Su hija pequeña, Mònica, de 11 años, pasará una semana de julio de colonias con la empresa especializada en estancias de verano para escolares y familias Rosa dels Vents. «Este año practicará actividades acuáticas en L’Estartit», dice la madre. «El año pasado hizo colonias en inglés pero, a diferencia de su hermana, ella prefiere las actividades sin el idioma», añade.

«Si la lengua vehicular en una estancia de verano es el inglés, y el participante está motivado, claro que se ganará vocabulario y fluidez con esta lengua, pero si no se tiene suficiente nivel para seguir al grupo, le costará vivirlo igual», afirma el responsable de educación ambiental y actividades de la Fundació Pere Tarrés, Pere Vives. «A veces sobrevaloramos el inglés o las actividades deportivas, olvidando el peso del crecimiento personal que ofrece la socialización en actividades en verano», añade.

DEMASIADAS VACACIONES

«Aunque ya sean mayores, hasta mediados de septiembre tienen demasiadas vacaciones», dice Montse Balaguer. «En nuestro caso, si no fuera por mis padres, mi marido y yo nos hubiéramos tenido que coger las vacaciones uno en julio y otro en agosto y estar con ellas uno de los dos», apunta. 

Actividades de vela en el ‘casal d’estiu’ de la Base Nàutica Municipal de Barcelona es otra de las actividades a las que ha sido destinado el presupuesto veraniego de la familia Díaz Balaguer. A mitad de agosto, irán todos juntos unos días a Nápoles, lejos de actividades laborales o de estudio. «A final de curso quedamos muy cansadas, y también se agradece viajar, ir a la playa o no hacer nada unos días», precisa Noelia. «Cuando estamos en el pueblo con mis abuelos, como nos dejan más libres, sientes que lo necesitas», afirma. 

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