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Madrid llegó tarde y mal al 'bicing'

La capital creó su servicio siete años después que Barcelona y ha tenido que 'desprivatizarlo' por su mal funcionamiento

Manuel Vilaseró

Un usuario aparca en una de las estaciones de BiciMAD.

Un usuario aparca en una de las estaciones de BiciMAD. / JUAN MANUEL PRATS

Madrid fue la última de las grandes ciudades españolas en subirse la moda de las bicicletas públicas. Lo hizo en el 2014, siete años después que Barcelona. Pero lo peor es que ni siquiera supo sacar provecho de la experiencia de sus antecesoras para evitar errores. Al contrario, BiciMAD funcionaba tan mal que en septiembre del 2016 la alcaldesa Manuela Carmena decidió gastarse 10,5 millones millones de euros en rescatar el servicio y relanzarlo desde la gestión directa.

Durante las más de tres décadas ininterrumpidas que la derecha gobernó la capital de España, el desinterés por impulsar el uso de la bicicleta fue la norma. Solo la presión de algunos colectivos consiguió que a regañadientes se creara un red de carriles raquítica. Algunos con recorridos absurdos. Más pensados para el fin de semana que para su uso diario.

Si saber muy bien por qué, a Ana Botella, la antecesora de Carmena, se le despertó el interés y se descolgó con la idea de crear un servicio de bicis eléctricas. Detrás estaba el falso argumento que siempre se había esgrimido de que Madrid, con sus cuestas, no es ciudad para andar pedaleando. Que los amantes de la bici no tenían bastante con sus piernas.

60.000 ABONADOS Y 10.000 USUARIOS AL DÍA

La experiencia ha demostrado que el interés por sentarse en el sillín superaba la oferta. Pese a todos los fallos y que su radio de acción estaba limitado a la zona centro, había alcanzado los 60.000 abonados y 10.000 personas lo usaban diariamente cuando fue rescatado. La demanda superaba la oferta, entre otras razones porque el nivel de incidencias era altísimo, del 22%.

De cada cada cinco bicicletas, una aparecía diariamente estropeada o desaparecía como resultado de actos vandálicos. Las golosas baterías eran la presa más fácil de la pequeña delincuencia. Los vehículos sustraídos íntegramente se vendían en páginas de Internet o se exportaban ilegalmente a otros países, donde eran objeto de tráfico ilícito.

La propia concesionaria, la empresa Bonopark, no tenía ningún interés en continuar al frente. El año pasado fue acumulando unas pérdidas de 300.000 euros al mes.

Habrá que ver cómo se las apaña el nuevo gestor, que en principio será la Entidad Metropolitana del Transporte (EMT), que ha heredado toda la infraestructura y se ha subrogado los contratos de todos los empleados. Su intención no pasa por el momento por ‘deselectrizar’ las bicis. Se ha quedado con las 2.028 unidades y 4.128 anclajes repartidos en 165 estaciones.

PARA LA PRIMAVERA

La EMT apuesta por perfeccionar el control a través de localizadores GPS y de cámaras, así como una mejora de los anclajesSe ha marcado como objetivo bajar la tasa de incidencias al 4% o incluso al 2%. También se ampliará el ámbito geográfico, extiendiéndolo progresivamente a toda la ciudad. Ahí chocará con otra dificultad. La red de ciclocarriles sigue siendo escuálida. Hasta pasados dos años de gobierno el equipo de Carmena no ha empezado a ejectuar la mayor parte de sus ambiciosas promesas de sembrar la ciudad de ciclorutas. Algunos de los que se están instalando ahora adolecen, además, de problemas de seguridad.

Cuando tomó las riedas del servicio, el  gerente de la EMT, Álvaro Fernández Heredia, se comprometió a mejorarlo "en un tiempo rápido e inmediato". Pasado el invierno deberían empezar a notarlo sus usuarios. El momento ha llegado.