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Berlín, el Dorado de la especulación inmobiliaria

La capital alemana se ha visto sacudida por un aumento de los precios de la vivienda que ha forzado la expulsión de los más vulnerables

Carles Planas Bou

Lejos de la imagen idílica que pueda proyectar, el mercado inmobiliario alemán vive una situación complicada en la que el incesante incremento del precio de la vivienda está poniendo en apuros a parte de la ciudadanía. Berlín, uno de los estados más pobres de este rico país, es también uno de los más afectados. La que en su día fue la capital más económica del mundo occidental se ha convertido ahora en terreno abonado para la especulación inmobiliaria, en una especie de El Dorado para los grandes inversores, según la Asociación de Arrendatarios de Berlín.

En la última década, acorde con la adopción de políticas sociales de corte neoliberalAlemania ha visto cómo se empezaba a explotar su joven mercado inmobiliario. Urbes baratas, atractivas, financieramente estables y con mucha oportunidad de negocio. Berlín, ciudad partida hasta la caída del muro en 1989, también ha sido víctima de ese 'boom' que ha hecho que desde el año 2011 el precio del alquiler se haya disparado hasta un 45% en las siete mayores ciudades del país (Múnich, Fráncfort, Stuttgart, Hamburgo, Düsseldorf y Colonia), un 14,5% tan solo el año pasado. Una burbuja que ha decorado el paisaje de la capital con andamios, grúas y proyectos urbanísticos a medio construir.

A pesar de que Berlín sigue sin estar entre los grandes centros más caros del país, su condición de ciudad asequible se resquebraja día tras día. Parte de eso se debe a una lógica de mercado de oferta y demanda que crece como una bola de nieve. Hasta 40.000 nuevos residentes llegan cada año a la capital. Esa constante afluencia de turistas y emigrantes, dispuestos a desembolsar más dinero que las clases medias y bajas de la capital, alimentan a unas propietarias inmobiliarias sedientas por querer sacar una mayor tajada del pastel. La aparición de pisos turísticos, un total de 12.000 apartamentos, también ha retroalimentado esta burbuja y ha contribuido a que la zona siga encareciéndose, condenando así a las rentas más bajas.


source: tradingeconomics.com

ESPECULACIÓN CONTRA LOS MÁS VULNERABLES

Este factor desemboca en una consecuencia perversa. “Es preocupante porqué el aumento de los precios ha hecho que quienes necesitan de ayudas sociales no puedan pagar y tengan que huir del barrio en el que han vivido toda la vida”, comenta a EL PERIÓDICO Kathrin Schmidberger, portavoz de Los Verdes sobre vivienda, alquileres y turismo en Berlín. Esta situación se ha disparado especialmente en Friedrichshain-Kreuzberg, Neukölln o Prenzlauer-Berg, distritos ahora aburguesados de la antigua parte obrera de la capital en los que abundan locales de comida exótica y las discotecas más prestigiosas. Así, esa elitización hace que sea difícil encontrar a gente de la tercera edad que resida en estas zonas.

Este problema de gentrificación se acentúa en la capital, donde la renta por capita y el sueldo medio es significativamente inferior a los Estados donde se sitúan las otras grandes ciudades afectadas por el incremento de precios. A eso se le añade que, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), Alemania es el cuarto país del mundo en el que el coste de la vivienda se dispara más rápido en proporción al sueldo de sus habitantes. Berlín no quiere convertirse en Londres.

ALTERNATIVAS AL MERCADO

Pero en Berlín todo abuso del mercado encuentra una alternativa más justa. Es lo que propone desde hace años el Sindicato de Casas de Alquiler (Mietshäuser Syndikat), una organización que apoya a más de 125 proyectos de viviendas gestionadas de manera colectiva en toda Alemania, ya sea a través de la ocupación de pisos vacíos para transformarlos legalmente en locales culturales o de la compra del inmueble a la entidad propietaria para devolverle el poder de decisión a los inquilinos. Bajo una perspectiva crítica que podría parecer utópica, este modelo horizontal en el que todos los implicados tienen los mismos derechos permite esquivar no sin dificultades la explotación del mercado inmobiliario a manos de grandes empresas y mantener el precio de los alquileres a un nivel socialmente aceptable. “Trabajamos contra la gentrificación para que gente con poco dinero pueda seguir viviendo en sus barrios”, asegura Peter Kämmerling, miembro del sindicato.

Algunos de estos proyectos, como el de Rigaer Strasse 94, se han convertido en un símbolo de la lucha contra la especulación. Decorada con grafitis reivindicativos como “Habéis vendido la ciudad”, esta estructura de gestión comunitaria ocupó portadas en todo el país después que este verano un intento de desalojo por parte de la policía, que después se consideró ilegal, terminase con más de un centenar de heridos y hasta 86 detenciones. “Hay una lucha entre el Estado, que quiere vender sus propiedades a las grandes empresas, y los ciudadanos, que quieren autogestionarlas”, añade Kämmerling. La gentrificación ya ha inundado Alemania, pero parte de Berlín sigue resistiendo e intentando nadar a contracorriente.

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