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Adolescentes en el extranjero

El aprendizaje de un idioma y el enriquecimiento personal son los motivos por los que las familias envían a sus hijos a estudiar fuera

MARÍA JESÚS IBÁÑEZ / BARCELONA // MANEL VILASERÓ / MADRID

La barcelonesa Joana Serra, de 15 años, con unos compañeros de clase en Qualicum Beach, en Canadá. / JOANA SERRA

La barcelonesa Joana Serra, de 15 años, con unos compañeros de clase en Qualicum Beach, en Canadá.
El barcelonés Ian Colomer, de 15 años, (segundo por la derecha) con algunos de sus compañeros del instituto de Selkirk, en Canadá.

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Cristina Veciana ha llegado hace pocos días de pasar una semana con su hija Joana, de 15 años, en Vancouver. La adolescente estudia cuarto de ESO cerca de esa gran ciudad canadiense y, como no va a viajar a Barcelona esta Navidad, ha sido la madre la que se ha montado en un avión para ir a verla. "La he encontrado tan bien, tan feliz", explica la progenitora ya de regreso a casa. "Está viviendo una experiencia de crecimiento personal en la que está descubriendo muchísimas cosas... Lo que quizás es más difícil, para mí, como madre, es que lo está haciendo lejos de nosotros, de su familia", reflexiona Cristina.

También en Canadá, pero a unos 2.000 kilómetros de distancia, estudia este año Ian, otro barcelonés de 15 años, que "está encantado de la vida con la experiencia", cuenta su madre, Montse Daviu. "Fue el propio Ian el que decidió que quería irse para allá a hacer cuarto de ESO y, la verdad, como es un chico que académicamente va muy bien, pensamos que la vivencia podía ser muy importante", prosigue Montse. Le basta con echar un vistazo de vez en cuando a la cuenta de Instagram de su hijo para ver la cantidad de actividades en las que participa el chaval. "El otro día, por ejemplo, estuvo tocando el saxo en un concierto", explica.

Ian, en Selkirk, en Manitoba (no lejos de los Grandes Lagos), y Joana, en Qualicum Beach, en la costa oeste canadiense, están aprendiendo un nuevo idioma, están conociendo nuevas culturas y están adquiriendo habilidades sociales que posiblemente, si hubieran seguido en su instituto de toda la vida, no habrían podido adquirir. "Para ellos es un reto personal, el primer gran reto de sus vidas, quizás", subraya Cristina Veciana.

EN CONTACTO PERMANENTE

¿Y para las familias? "La verdad es que sufrir, se sufre, porque son todavía muy jóvenes y están lejos, pero el contacto con ellos es muy frecuente, por WhastApp o por Skype", detalla la madre de Joana. "Está claro que desde el punto de vista académico y lingüístico está siendo muy positivo para Ian, pero si hay algo que me acabó de convencer para que fuera para allí fue el potente equipo de tutores que tiene el instituto. Cada día hay alguien que habla con él, que le pregunta cómo le van las cosas o que está a su disposición por si lo necesita", relata Montse. Que haya un equipo humano preparado para acoger a sus hijos allá donde van es determinante, coinciden ambas madres.

"Si un niño se añora es porque no está haciendo nada más. La escuela de Joana organiza actividades constantemente y eso, además de darles una ocupación, también sirve para integrarlos en el grupo y cohesionar ese grupo", señala Cristina. Esta es, posiblemente, una de las claves del éxito de Canadá a la hora de atraer a estudiantes extranjeros de secundaria hacia sus escuelas, la gran mayoría de titularidad pública. "En otros países, esa parte, la de la acogida, no está tan bien tratada", afirma. "En Estados Unidos tuvimos incluso la sensación de que hay familias que acogen a estudiantes solo por negocio", remacha Montse.

EN ESPAÑA NO SERÍA LO MISMO

Y aunque todavía faltan meses para que termine el curso y las familias puedan hacer un balance más riguroso, "desde luego, no habría sido lo mismo enviarlos a una ciudad española", señalan las dos madres en relación a la propuesta presentada este martes por la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, para que los estudiantes de secundaria puedan ir a estudiar a institutos de ciudades distintas a la suya. "De entrada, porque ahora están perfeccionando una lengua extranjera que les va a ser muy útil y, a continuación, porque en clase están trabajando de un modo completamente distinto al de aquí", indica Cristina. "En el caso de Ian, son una veintena de alumnos por grupo, chicos de Alemania, de Japón, de un montón de países, y eso es muy enriquecedor", agrega Montse.

A EDADES TEMPRANAS

La experta en Pedagogía María Acaso, partidaria de la propuesta de que los estudiantes puedan hacer un programa similar al Erasmus en secundaria en España, sabe también por experiencia propia qué significa que sus hijas cursen parte de los estudios en el extranjero. En su caso, asistieron durante seis meses a una escuela del estado norteamericano de Maine cuando tenían 6 y 9 años y ahora, que la mayor ya tiene 12, han pasado cuatro meses en Adelaida (Australia). "Cuando les preguntamos cuál es la experiencia que más les ha gustado en la vida siempre citan esas estancias. Para ellas ha sido una cosa muy placentera, por eso es importante hacerlo en etapas tempranas, porque en el futuro ya no lo verán como una cosa apetecible", señala Acaso.