29 oct 2020

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GOLPE POLICIAL A LA PEDERASTIA

Una productora afincada en Catalunya engatusó a 80 niños desamparados para grabar porno

Los menores, 26 de ellos catalanes y tutelados por la Generalitat, tenían de 12 y 17 años

Un ciudadano francés creó el negocio en Barcelona y después lo trasladó a Tortosa

GUILLEM SÀNCHEZ / BARCELONA

Una productora afincada en Catalunya engatusó a 80 niños desamparados para grabar porno
Una productora afincada en Catalunya engatusó a 80 niños desamparados para grabar porno
Una productora afincada en Catalunya engatusó a 80 niños desamparados para grabar porno

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Bajo la investigación de los Mossos d’Esquadra apodada ‘Triniti’ ha quedado al descubierto una productora de pornografía infantil con unas cifras estremecedoras. Hasta la fecha no se había documentado en Catalunya una red que hubiera explotado sexualmente a tantos menores ni comercializado tanto material pedófilo.

Tras la detención de los tres principales implicados en esta trama de abusos a niños vulnerables en mayo del 2015, la Unitat Central de Delictes Informàtics examinó todas las imágenes intervenidas y pudo acreditar abusos sexuales cometidos -y grabados- contra al menos 80 niños de entre 12 y 17 años. Estas grabaciones producidas en Catalunya han sido compradas por más de 300 clientes de todo el mundo, especialmente españoles franceses. El archivo que llegaron a acumular supera el millón de documentos -entre vídeos y fotografías- y se anunciaba en 28 dominios de internet.

EL IDEÓLOGO 

Jean Luc A. es un ciudadano francés que reside desde hace muchos años en Catalunya. Tenía junto a otro ciudadano francés y uno marroquí una productora de pornografía con sede en el barrio barcelonés del Poble Sec. Se llamaba Productos AschCom SL y está de alta en el registro mercantil desde el 2002. El 'boom' de internet provocó que dejara de ganar dinero porque proliferaron las páginas que ofrecen pornografía gratuitamente. La productora decidió entonces cambiar y se dedicó a grabar material para pedófilos. “Ellos ya eran pederastas”, remarca el inspector Jordi Domènech, jefe del Área de Personas de los Mossos. De hecho, actualmente Jean Luc también cumple condena por abusos contra ocho menores de 13 años

Cogían a niños en riesgo de exclusión social, la mayoría bajo la tutela de la Direcció General d'Atenció a l'Infància i l’Adolescència (DGAIA). Españoles, marroquís y rumanos. Los engañaba pagándoles cantidades de dinero casi ridículas. Entre estos niños -siempre varones- se corrió la voz de que había un hombre que daba dinero por prácticas sexuales. La situación de desamparo de los menores hizo que fuera captando sin dificultad a más víctimas. Sabía cómo seleccionarlos porque todos eran chicos sin recursos y sin familias estructuradas que los protegieran. De los 80 niños agredidos solo 29 han sido identificados; 26 de estos son catalanes. Los Mossos solo han podido identificar a los menores comparando sus rostros con las fotografías del fichero de la DGAIA. 

LA RED CRECE

La DGAIA detectó estas secuelas en algunos de los chicos a los que supuestamente cuidaba. Sus profesionales lo denunciaron a los Mossos d’Esquadra y así arrancó la investigación. Jean Luc llevaba años funcionando y, desde mayo del 2011, había dejado Barcelona para trasladarse a Tortosa. Desde allí, trabajaba con cuatro nuevos socios: dos de la Comunidad Valenciana (València y Xàtiva), uno en el País Vasco (Barakaldo) y otro en Catalunya (Cubelles). Constan 24 menores víctimas de abusos en Valencia pero solo tres han podido ser identificados. 

Captaban a los clientes a través de publicidad en internet colgada en páginas de contenido para adultos. Tras contactar con los posibles compradores, les pedían un pago por adelantado y mandaban por correo postal un DVD a la dirección que estos facilitaran. Los Mossos han acreditado ingresos por valor de 80.000 euros. Los datos confiscados permitirán ampliar la investigación a escala internacional para dar con algunos de estos 300 compradores.

ORGANIZACIÓN AL DESCUBIERTO

Jean Luc y sus dos colaboradores más próximos fueron arrestados en mayo del 2015. Los Mossos avisaron a la Guardia Civil de que constaban producciones realizadas por tres sospechosos, dos en la Comunidad Valenciana y uno en el País Vasco. La policía española no solo confirmó que estos tres sospechosos habían permanecido en contacto con la cúpula de Tortosa, también descubrieron que, tras su desarticulación, seguían en activo. Durante el último año, han seguido filmando abusos a menores para intercambiar este material con otros pedófilos. Con Jean Luc entre rejas no podían vender estas producciones pero sí usarlas para conseguir nuevos vídeos para su consumo. 

En esta segunda fase de la investigación, los Mossos encontraron también al séptimo integrante de la organización. Estaba dentro de Catalunya, en Cubelles. Un hombre con un cargo importante en una empresa de aviación que había ocultado cámaras dentro de su domicilio. Engatusaba a menores y mantenía relaciones sexuales con ellos sin que estos supieran que estaban siendo grabados. 

TURISMO PEDERASTA

Muchas de las grabaciones encontradas se correspondían con viajes que hicieron juntos a países como Sri-Lanka, Túnez, Camboya, Laos, Tailandia, Singapur, República Checa, Kenia, Francia, Java, Bali o Marruecos. Muy a menudo, a este último país. En estos lugares ofrecían dinero a niños que encontraban por la calle y filmaban en la misma vía pública cómo abusaban de ellos.

El último paso que estaba a punto de dar esta espeluznante industria de maltrato infantil era vender viajes a pederastas que incluían la posibilidad de mantener relaciones sexuales con niños que tenían controlados en Marruecos. 

Alcohol y drogas para desinhibir a los menores en las grabaciones  

Solo 29 de los 80 ochenta menores que sufrieron los abusos sexuales han sido identificados. Por ello no resulta posible conocer todas las secuelas que estos rodajes les han causado. Los investigadores saben que les ofrecían alcohol y drogas para lograr que se desinhibieran. Para hacer que se excitaran, además de estupefacientes, les ponían películas pornográficas heterosexuales. A continuación les pedían que jugaran entre ellos o aparecía en escena alguno de los productores para tener sexo con los menores. Llegaban a disfrazarlos para las escenas de sexo y a grabar cómo rasuraban sus partes más íntimas. El daño sufrido por estos chicos, que vieron truncada una maduración sexual normal, se evidencia, por ejemplo, en que, según han constatado los Mossos, al menos tres de ellos siguieron rodando películas con sus agresores cuando se hicieron adultos. Han terminado cometiendo contra otros niños más pequeños los mismos abusos que habían sufrido ellos.