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Gente corriente

Esmeralda Márquez: «A Miriam no le pagan para ser como fue conmigo»

Mauricio Bernal

Esmeralda Márquez tiene 32 años. Es vecina de Cornellà, administrativa y trabaja para el ayuntamiento de su municipio. Hace unas semanas encontró la inspiración para escribir una carta a este diario en la que contaba su experiencia con la sanidad pública, y le salió una carta muy poco al uso: no despotricaba, elogiaba; no criticaba, enaltecía. En los tiempos de los lamentos, una rareza. Tal vez por eso se ha convertido en el contenido más viral de EL PERIÓDICO en Facebook.

Escribió una carta a este diario que se volvió viral. Hablaba de la sanidad pública. Y de Miriam.

-De acuerdo. Cuénteme su experiencia. ¿Por qué acabó en el hospital? Me gustaría hablar lo menos posible de eso, si no le importa. Considero que forma parte de mi intimidad. Cuando escribí la carta lo hice pensando en hablar sobre la sanidad pública, no sobre mis problemas de salud.

-De acuerdo. Entonces hablemos de su experiencia sanitaria. Claro. Lo que pasó fue que cuando tuve el problema primero acudí a la mutua. ¿Por qué? Porque existe esa idea de que la mutua funciona mejor. Bien, pues la mutua me derivó a una clínica para que me hicieran unas pruebas, y cuando los resultados salieron me dijeron que buscara un lugar para hacerme otras pruebas. Yo, por mi cuenta. ¿Lo entiende? Algo así como: «Búscate la vida».

-Qué bien. Se sentiría arropadísima. Exacto. Me sentí muy, muy desprotegida. Me di cuenta de lo que todos sabemos, de que la mutua es una empresa privada, y lo que más le interesa es producir beneficios.

-¿Qué hizo? Fui a mi médico de cabecera, el de la pública. Con los resultados. Al día siguiente me hicieron una analítica urgente, y a las dos semanas ya sabía que me tenían que operar.

-Y se sentía arropada. Fue un alivio. Ahora estaba en manos de unas personas que estaban en el caso y sabían muy bien qué había que hacer. Eso me dio mucha tranquilidad. Mucha seguridad.

-La operaron en el Moisés Broggi, ¿no? Sí, en el Broggi.

-En la carta citaba a Miriam. La enfermera. Sí, mire: en el hospital fue todo muy bien. Los médicos se portaron muy bien, en todo momento me sentí muy bien atendida por ellos, por las enfermeras y por los auxiliares. Fueron profesionales y humanos. Pero siempre te queda un recuerdo muy especial, y a mí se me quedó el de Miriam.

-¿Por qué? Porque fe muy agradable. Fue muy amable y muy optimista: siempre tenía algo bueno que decirte. De eso hace ya un año y pico y aún me acuerdo mucho de ella.

-¿La volvió a ver? Sí, al cabo de seis meses volví a una revisión y fui a buscarla. Cuando me dieron el alta le había dado un abrazo grandioso, y en ese momento volví a dárselo. La gente dirá: «Pero si le pagan para eso». Pues no. No le pagan para ser como fue conmigo.

-Cuénteme: ¿por qué escribió la carta? Para generar conciencia. Para que la gente valore la sanidad pública y sea consciente de lo que nos quitan con los recortes, lo que perdemos realmente. Era una carta de gratitud hacia el personal que me había atendido, pero también de reivindicación.

-Pues qué repercusión tuvo. Estoy asombrada. Y pienso: te pasa algo que no querías, pero al menos ocurre esto. Hay que quedarse con lo positivo, siempre.

-¿Y Miriam? Al día siguiente de salir la carta me escribió. Me dio las gracias y me dijo que ella me tenía que dar las gracias a mí por la clase de paciente que había sido, y por mis ganas de luchar. Cuando leí eso me puse a llorar.

(Mañana: entrevista con Miriam García Cano, la enfermera de Esmeralda).

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