09 ago 2020

Ir a contenido

LA LUCHA CONTRA UNA LACRA SOCIAL

Ángela, el símbolo contra la violencia machista

La mujer cuyo exmarido mató a la hija de ambos durante un régimen de visitas leyó emocionada: «No podemos permitir ni un asesinato más»

M. V. / MADRID

«No podemos permitir ni un asesinato más, queremos a nuestros hijos vivos, nosotras nos queremos vivas». Como delataba su voz temblorosa, cuando Ángela González leyó este párrafo del manifiesto para que lo escucharan las decenas de miles de mujeres presentes en la marcha debió removérsele todo por dentro. Ángela se ha convertido en un símbolo del movimiento feminista desde que consiguió, el año pasado, que la ONU condenara al Estado español por no haber sabido proteger a su hija Andrea, de siete años. Su padre y exmarido de Ángela la mató en el 2003 durante un régimen de visitas no protegido al que ella se había opuesto reiteradamente y pese a la insistentes denuncias de la violencia ejercida por su exmarido.

«Todos los recursos presentados fueron rechazados, nadie vio ningún error. Me atrevo a decir que ni a esta justicia, ni a nadie, le importó la muerte de mi hija. Me he sentido invisible»declaró González en su primera comparecencia ante los medios tras difundirse la decisión del Comité de Naciones Unidas para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer, acompañada de los responsables de la oenegé que presentó la demanda, Women's Link Woldwide.

Una vez superado el primer golpe, tras el asesinato de su hija, González dedicó su vida a reclamar justicia. Presentó un total de 48 demandas en todas las instancias posibles, administrativas y judiciales, españolas e internacionales. «Lamentablemente ha tenido que ser fuera de mi país, aunque de forma unánime y con el respaldo de 35 miembros de este comité que se ha reconocido la negligencia del Estado español», se quejó en su día.

Pero su calvario aún no había acabado del todo. Pese a que la ONU instaba al Ejecutivo español a indemnizarla, el Ministerio de Justicia rechazó de modo definitivo la petición el pasado 28 de julio. «Se produjo un hecho absolutamente lamentable, el fallecimiento de una menor, pero no quedó acreditado si hubo un mal funcionamiento de la justicia», se justificó el ministro del ramo, Rafael Catalá.

Ahora encabeza las protestas contra una Administración a la que sigue viendo «insensible». Tras leer el manifiesto no quiso hacer declaraciones. No estaba en condiciones. Aún le pesa demasiado el asesinato de su hija.

Pero sigue teniendo la satisfacción íntima de alguien a quien la instancia más importante le ha dado la razón y la ha reconocido. «Necesitaba salir a la luz para dejar de ser invisible», manifestó en su día. «Los hijos de padres maltratadores se convierten en moneda de cambio con el único objetivo de hacer daño a su madre», reflexionó. Esta año son ya tres los pequeños muertos a manos de las parejas o exparejas de sus madres, y hay cinco casos más en investigación.