FENÓMENO MIGRATORIA EN AUGE

Menores solos en las rutas de la inmigración

Aumenta el número de niños subsaharianos que intentan atravesar a Ceuta y Melilla

Malviven en pisos patera y bosques de Marruecos, país que no les da trato especial

4
Se lee en minutos
BEATRIZ MESA / TÁNGER

De los 87 subsaharianos que saltaron la valla de Ceuta el sábado de la semana pasada, 11 eran menores de edad. Y es que entre la multitud de inmigrantes llegados a Marruecos a través de la frontera con Argelia hay cada vez más menores. Solos. No les acompañan familiares, tampoco viajan con amigos. Salieron solos de sus hogares y solos alcanzaron el país magrebí, desde donde buscan la manera de entrar en Europa a través de Ceuta o Melilla. Mientras, persiguen un refugio que les dé calor y, en especial, tranquilidad ante las redadas policiales. Algo difícil en un país en el que la inmigración irregular se reprime con fuerza para evitar la presión migratoria en la frontera sur de Europa.

"Chicos marroquís nos agreden cuando nos ven durmiendo en la calle. Nos roban lo que tenemos", comenta este diario el menor guineano Mustaf. Vaga por la medina de Tánger, adonde llegó hace ocho meses. Viste zapatillas deportivas y una chaqueta de chándal, y en un bolsillo de los pantalones no falta su ventana al mundo, un móvil con acceso a Whatsapp. Mata el tiempo en las redes sociales a la espera de que se organicen los grupos de simpapeles para cruzar la verja de Ceuta. "No tengo dinero para intentarlo en una barca. Tendría que pagar más de cien euros por subir a una lancha infantil y hasta mil en una zódiac motorizada, así que me voy a preparar para la verja", explica.

Los menores subsaharianos no acompañados no reciben un trato especial en Marruecos, y eso a pesar de ser país firmante de la Convención sobre la Protección del Niño. "Vamos a ver, si aún debemos adoptar una legislación general para los extranjeros sin papeles como tiene España, ¿cómo las autoridades van a pensar en los menores?", expone Karim Chiari, de los pocos abogados marroquís que están mediando con el Estado para que «tome conciencia de la necesidad de dar una solución humanitaria" al problema migratorio. "Estamos preocupados porque el número de jóvenes tentados por las mafias va en aumento", añade.

LA PRIMERA ASOCIACIÓN

Hace unos días se constituyó en Tánger El Puente Solidario, la primera asociación dedicada a los subsaharianos menores de edad, liderada por una inmigrante de Liberia, Aissatou Toubarry, a quien se le otorgó la residencia marroquí durante el proceso de regularización iniciado por Marruecos el pasado año. "Mira, hasta mí llegan niños que han huido de sus casas porque, por ejemplo, su padre polígamo abandonó a su madre. También hay hijos de opositores políticos de algún régimen africano que se ven obligados a emigrar", relata Aissatou. Fuentes policiales españolas que trabajan en el campo de la inmigración aseguran que "solo en los 22 kilómetros de carretera que separan el puerto de Tánger- Med de la zona de Benzú, en Ceuta, te cruzas con entre 120 y 150 inmigrantes, muchos de ellos niños, apostados en los arcenes pidiendo ayuda". El problema es que esta dinámica es solo el principio de un fenómeno cuya raíz se encuentra en los países de origen, zarandeados por crisis políticas, conflictos étnicos, el desempleo y hambrunas. Además, la población del África subsahariana es cada vez más joven.

"Si los sistemas no son capaces de dar una solución económica y social a las futuras nuevas generaciones, el mundo tendrá un problema muy grande", manifiestó Fathahllah Sijilsi, el secretario general de la Unión por el Mediterráneo (UpM) durante la cumbre de los países del norte y del sur del Mediterráneo, el 5+5, celebrada el jueves pasado en Tánger, donde se puso de manifiesto la necesidad de llevar a cabo políticas de desarrollo no solo en la región del norte de África sino del resto del continente. En el año 2030, se espera que la población joven de la región solo del norte de África represente más de 80 millones de personas. Sin políticas alternativas, esta juventud tiene dos salidas claras: echarse a las rutas de la emigración a Europa o ingresar en los grupos armados.

EN ESPAÑA

"Intentamos que los menores que pasan la valla, una vez identificados como tal mediante un proceso de pruebas, permanezcan en nuestro centro de protección. Se les aplica el protocolo que obliga a la escolarización de los menores de 16 años y a los que se sitúan por encima de esta edad se les dan cursos de formación profesional para integrarlos en la sociedad", explican fuentes del área de menores de Ceuta.

Noticias relacionadas

La mayoría de los menores que llegan a Ceuta y Melilla son demandantes de asilo político, pero siempre existen casos que "se hacen pasar por adultos para ingresar en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) porque, de esta forma, no deben esperar a la mayoría de edad y es más fácil su legalización", indican las mismas fuentes.

Eso sí, antes de situarse en la etapa de la "buena vida" en Ceuta o Melilla, como lo llaman los inmigrantes, los subsaharianos viven el infierno de la clandestinidad. También los menores. Unos se refugian en los bosques marroquís próximos a España. Otros acaban en apartamentos compartidos por decenas de simpapeles en Tánger.