01 oct 2020

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Los niños, en el centro

El 61% de las familias catalanas dan a los hijos un papel nuclear, con una alta implicación en su educación

Son padres que hacen deberes y participan en las actividades escolares

M. J. I. / BARCELONA

Hace unos años, quizás no tantos, el mundo de los adultos era un coto al que los niños tenían el acceso vetado. «Los hijos se quedaban fuera, no participaban en las actividades de los padres, porque, entre otras razones, al niño se le trataba como un ser aún en proceso de formación. Ni tenía opinión, ni influía en las dinámicas familiares», constata Raquel-Amaya Martínezprofesora de Métodos de Investigación y Diagnóstico de la Universidad de Oviedo.

Durante mucho tiempo, la única misión de los padres era la de atender las necesidades físicas de sus hijos, porque de las morales y las intelectuales ya se ocupaban la escuela y, en muchos casos, instituciones como la Iglesia. Y nadie en la familia dudaba entonces de lo que decía el maestro. Su palabra, como la del cura, iba a misa.

Pero las cosas cambiaron. Y aunque es difícil saber cuándo se produjo el giro -cada familia habrá tenido su propio momento-, las estructuras familiares se democratizaron. Y las opiniones de los niños empezaron a tenerse en cuenta, hasta ocupar, en algunos casos, un lugar central en una gran mayoría de familias.

Esto ocurre, de hecho, en algo más de la mitad de las familias catalanas, según se desprende de una encuesta sobre 'Modelos educativos familiares' elaborada por encargo de la Fundación Jaume Bofill y coordinada por el sociólogo vasco Javier Elzo. El estudio cifra en torno al 61% el porcentaje de padres que han colocado a los niños como eje sobre el que pivotan las dinámicas familiares.

«Los modelos educativos familiares son muy variados y, por lo tanto, el peso de los hijos difiere de una familia a otra», explicaba Ismael Palacín, director de la Bofill, a propósito de la presentación del estudio. Y eso repercute, en buena medida, en el grado de implicación de las familias hacia la escuela de sus vástagos.

Así, recordó Palacín, junto a los de familias más desfavorecidas (que representan el 15,2% de la población catalana y que el estudio etiqueta como familias conflictivas), los padres que menos atención prestan a sus retoños se encuentran entre una franja de privilegiados: tienen buenos ingresos, buena educación y se autodefinen como progresistas.

«Tienen valores de izquierda, permisividad en casa, pocos conflictos con los hijos... y muy poco compromiso», describió Elzo en la presentación del informe. «Hay en estas familias una clara abdicación en lo que se refiere a la educación de los hijos -explicó el sociólogo-. Prefieren delegar en la escuela, en familiares o en personal de apoyo, porque se lo pueden permitir». Son, según la tipología elaborada por el investigador, familias extrovertidas y representan al 23,3% de las familias catalanas. No es difícil concluir que los padres extrovertidos y los de las familias conflictivas -en que la relación afectiva entre padres e hijos es frágil- son también progenitores que se mantienen ausentes de la educación de los hijos. Pocas veces se sientan con ellos a hacer los deberes.

Hacer juntos los deberes

Sí lo hacen los padres que pertenecen a las familias que Elzo etiqueta como armónicas (31,8% de la población) e introvertidas (30,5%). Los adultos, en estos dos tipos de familias participan de las actividades de sus hijos y celebran sus éxitos. Lo que las distingue entre sí es que, mientras en la familia armónica «hay una huella de religiosidad, que se correlaciona con valores de altruismo social», en la familia introvertida o conservadora - «la familia catalana tradicional», según Elzo- hay «una cierta nostalgia de los valores que fueron».

«Efectivamente, las clases medias son las que, en estos momentos, más se implican en la escuela, entre otras razones, porque su forma de pensar es muy parecida a la de los maestros», confirma Jordi Collet, profesor de la facultad de Educación de la Universitat de Vic. «Con las clases desfavorecidas, las escuelas deberían hacer un esfuerzo suplementario, para atraer a los padres, que por cuestiones muchas veces culturales, no son partícipes de la educación de sus hijos», recomienda.