AVANCE EN LA LUCHA CONTRA LAS ENFERMEDADES CARDIACAS
EEUU se aproxima al veto total de las grasas 'trans' artificiales

Alumnos de una escuela especial de California que ayuda a los alumnos a perder peso.
La guerra contra las grasas trans artificiales declarada hace décadas por científicos y grupos especializados en salud alimentaria y adoptada más recientemente por las autoridades de Estados Unidos se acerca a su fin. Y se preparan para cantar victoria corazones y arterias de millones de ciudadanos.
Casi ocho años después de imponer normas que obligaban a detallar la presencia de esas grasas en el etiquetado de productos y después de varios años de medidas locales y estatales que han combatido su uso tanto en productos como en restaurantes, la Agencia de la Alimentación y el Medicamento (FDA) anunció ayer que pretende declarar que ya no se reconocen como seguros para la salud los aceites parcialmente hidrogenados que producen artificialmente esas grasas trans. Las nocivas sustancias, que suben el colesterol malo, rebajan el bueno y además elevan los triglicéridos y bloquean arterias, siguen presentes en productos como galletas, palomitas de microondas, margarinas, pizzas congeladas y masas y aún son utilizadas por algunos restaurantes.
RETIRADA GRADUAL / La FDA propondrá un calendario de retirada gradual que debe acabar con la prohibición total y aunque se abre un periodo de dos meses para que la industria, los profesionales de la salud y los ciudadanos hagan comentarios, se da por hecho que las grasas trans artificiales desaparecerán del menú. Según la doctora Margaret Hamburg, comisionada de la FDA, esa prohibición puede evitar en EEUU hasta 20.000 ataques cardiacos y 7.000 muertes al año.
El anuncio fue recibido con entusiasmo por grupos como el Centro para la Ciencia en Interés Público, que lleva décadas luchando en los tribunales y con campañas de lobi y publicidad. «Las grasas trans artificiales no solo no son seguras sino que no son ni remotamente necesarias», dijo en un comunicado Michael Jacobson, director del grupo. «Muchas compañías, grandes y pequeñas, han cambiado a aceites más sanos en la última década y espero que los restaurantes y productores que aún usan este dañino ingrediente entiendan que se acerca el final y lo reemplacen rápidamente».
UN PROCESO DEL SIGLO XIX / Aunque algunas grasas trans pueden producirse de forma natural en productos animales, son las artificiales las verdaderamente dañinas. Se producen con un proceso inventado en el siglo XIX por el que se añade hidrógeno a los aceites, lo que prolonga su duración y permite reusarlos para freír.
Mucho peores que las grasas saturadas, el mundo científico hace tiempo que las puso en la diana, no en la también declarada guerra contra la obesidad sino en la lucha por frenar las enfermedades cardiacas, principal causa de muerte en EEUU. Y aunque en el 2006 se obligó a detallar su presencia en el etiquetado, se dejó un pequeño agujero legal que permitía no informar si se usaba menos de medio gramo por ración.
La batalla, intensificada en lugares como Nueva York (donde en 2008 se prohibió su uso en restaurantes), llevó a muchos establecimientos y cadenas de comida rápida a buscar sustitutos más sanos.
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