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Gente corriente

Núria Torres: «En la escuela rural viví la pura esencia de ser maestra»

Carme Escales

Con apenas 10 años, Núria Torres ya ejercía de profesora. No entendía que algunos de los niños y niñas con los que jugaba en la calle -en Sabadell, la ciudad donde nació- no supieran leer. Y, entre juegos y carreras, pensaba maneras de poderles enseñar. Después de 42 años en el mundo de la enseñanza, hoy quien toma asiento en el banco de los alumnos es ella. En septiembre pasado se matriculó en Historia del Arte en la Universitat de Girona.

-Con 61 años ¿se espera más de la carrera elegida o de una misma?

-Con 61 años, la ventaja es no tener que esperar nada. Estudias por el placer de estudiar. Y yo elegí el método presencial para relacionarme con gente de mi edad -el mayor en mi clase tiene 78 años- y con jóvenes de 20 años. Mañana nos vamos una semana a París con el catedrático como guía. Como no busco ninguna titulación, voy a las clases de los mejores profesores. Soy superfeliz.

-¿Qué parte de usted llenan sus estudios en la universidad de adultos?

-Para mi parte intelectual es muy gratificante, amplías horizontes. Las clases me obligan a leer determinados libros, a participar en conferencias... Pero también mi parte más humana se fortalece. En contacto con chicos y chicas jóvenes puedo comprender más sus intereses y su mirada a la vida.

-De Olot a Girona... ¿No siente nunca pereza de ir a clase?

-¡Qué va! Los mayores vamos a esas clases porque queremos. Siempre llegamos los primeros, y hay días que hemos acabado aplaudiendo al profesor. Yo voy dos días a la semana, de 10.30 a 12.00 horas, hago una asignatura. Tengo 45 minutos en coche desde casa. Salgo con tiempo para poder aparcar tranquilamente y dar un paseo por el Call de Girona.

-¿A qué más destina su tiempo?

-Apenas tengo tiempo libre, pero por voluntad propia. Soy presidenta de Òmnium en la comarca de la Garrot-xa. Era vocal de la junta desde hacía dos años, y me propusieron el cargo.

-¿Por qué lo aceptó?

-Porque estoy convencida de que la sociedad civil debemos implicarnos para conseguir la independencia de Catalunya. No podemos seguir sufriendo al intentar convencer a nuestros vecinos para que suban a un carro que no han entendido, ni entienden ni entenderán. Y como ahora tengo tiempo, ganas y fuerza para trabajar en este sentido, lo vivo con mucha ilusión y con ganas de hacer aportaciones positivas, en la Garrot-xa y, si es necesario, en la enseñanza a nivel de Catalunya.

-Como en sus inicios... ¿En qué otras aportaciones participó?

-Solo empezar, con 18 años, en la escuela en la que entré a dar clases se introdujo el catalán. En junio terminé la carrera, toda en castellano, y en septiembre me encontré dando clase de catalán, sin más bagaje que las lecciones que un señor mayor nos había venido a dar la noche antes a quienes dábamos la clase.

-¿Quién decidió dar catalán a pesar del régimen franquista?

-Lo decidimos conjuntamente padres y maestros. Era el curso 68-69 y éramos conscientes de que estaba a punto de empezar una nueva etapa. Coincidió con una nueva dirección del centro y nos lanzamos a las clases en catalán. En plena clandestinidad, había muchos padres, madres y maestros que militaban en casi todos los partidos. El de referencia en Sabadell era el PSUC. Yo en clase tenía a tres jefes de lista.

-¿Impartían también castellano?

-Inicialmente, en la primera etapa de primaria, no, pero cuando oímos a los alumnos decir cosas como «pano con parnilo» decidimos introducirlo como segunda lengua.

-42 años en la enseñanza dan de sí.

-Bastante. He sido formadora de maestros cuando en la Administración los mejores ocupaban cargos; no se iba con el carnet del partido en la boca. Y los últimos 12 años viví la más pura esencia de ser maestra en la escuela rural de Vallfogona de Ripollès.

-¿Cómo ve hoy la educación?

-Es indispensable mejorar los niveles académicos, pero para eso primero hay que cambiar el modelo de escuela. No se puede seguir con la actual ley de la función pública.

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