ANNA OROMÍ - MADRE DE TRES NIÑOS (LLEIDA)

«Tener un hijo que nacerá con Down no es una decisión fácil"

Anna y Juan Antonio, con sus hijos Dani (izquierda), Àlex y Marc.

Anna y Juan Antonio, con sus hijos Dani (izquierda), Àlex y Marc. / RAMON GABRIEL / DEFOTO

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ANTONIO M. YAGUE
MADRID

Anna Oromí, leridana, tenía 36 años cuando en el 2008 se quedó embarazada por segunda vez. La segunda ecografía apuntó que el pliegue nucal del feto era un poco más grande lo normal y podía ser un indicador de padecer síndrome de Down. Unas semanas después se sometió a una segunda prueba analítica de hormonas que apuntó en la misma dirección. Ya en la 14ª semana de gestación la prueba de la amniocentesis dejó pocas dudas a los médicos y así se lo diagnosticaron: «Tiene el 100% de posibilidades de padecer el síndrome de Down».

«La comunicación de la ginecóloga del hospital de Lleida nos supuso un shock, porque no lo esperábamos ni había antecedentes familiares», recuerda recalcando el plural, porque su marido, Juan Antonio, estuvo implicado «en todo momento y en todo». Ya tenían un hijo, Marc, entonces de 3 años, e iban a por la parejita. «Nos hablaron de la posibilidad de abortar, entonces o más tarde, y non indicaron que teníamos tiempo para pensarlo. Pero decidimos tenerlo», rememora.

Contacto decisivo

Anna asegura que sus dudas se fueron disipando tras conocer a familias y personas con el síndrome de Down en Lleida, a través de la asociación de afectados. Su contacto fue decisivo. «Porque es un mundo -explica- que no conoces, y te das cuenta de que los que tienen esta anomalía ya no viven como hace 20 años, si no que tiran adelante», Y reflexiona: «En definitiva, nunca sabes si tirarán mejor o peor que otros hijos. Cuando tienes un hijo normal nadie te asegura que no va a tener tantos o más problemas».

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Àlex, hoy de 4 años y con el síndrome de Down, nació en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona. Su madre decidió ir a dar a luz allí por la posibilidad de que tuviese una cardiopatía congénita, enfermedad que suele acompañar a los niños con este síndrome. Anna se considera católica, pero cree que en este caso lo que prima es la defensa de la vida humana, al margen de religión y fe. ¿Entiende que haya mujeres que aborten en casos como el suyo? «Allá cada uno -responde-. Nosotros creemos que no somos nadie para quitarle la vida a alguien. Ciertamente, tener un hijo con el síndrome de Down sabiéndolo de antemano no es una decisión fácil. Muchas mujeres se plantean: ¿Para qué tenerlo? ¿Para que sufran él y los demás?». A su juicio, en la decisión de abortar muchas veces influye la falta de formación y de medios. Por eso considera que es muy importante la ayuda en esa situación, «para que puedan saber, antes de tomar una decisión, que su hijo será una persona con dificultades, pero muy feliz y que hace felices a los que tienen alrededor».

La pareja tiene un tercer hijo, Daniel, nacido hace dos años, sin discapacidad. «Hoy, estos niños -dice refiriéndose a Àlex- son personas autónomas, trabajan, se independizan... La sociedad cambia, se ven en los anuncios, hay hijos de famosos».