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ANIVERSARIO DE LA RAMA ESPAÑOLA DEL FONDO DE LA ONU PARA LA INFANCIA

Aquella leche en polvo

Unicef España cumple 50 años de actividad H En poco tiempo el país pasó de ser uno de los receptores de la ayuda que presta la organización a uno de sus principales donantes

TONI SUST
BARCELONA

La tasa de mortalidad infantil en España es hoy muy baja: cuatro muertes por cada 1.000 niños que nacen vivos. Pero no hace tanto, en los años 40 del siglo pasado, la cifra era más de 35 veces superior: 142 niños muertos por 1.000 nacidos. La mayoría sucumbían a la diarrea, la viruela o la difteria. No es extraño que las autoridades españolas solicitaran en los 50 la ayuda del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), creado en 1946 con el fin de afrontar las dificultades que los niños vivían tras la segunda guerra mundial.

Y así fue como llegó la primera ayuda del Unicef a España, que se concretó en 1954 en el envío de leche en polvo proveniente del plan ASA: Ayuda Social Americana. Entre 1954 y 1968 llegaron más de 300.000 toneladas de leche en polvo. Un total de 3.000 millones de litros una vez preparada para su consumo. Cáritas Española fue la encargada de distribuir el alimento. También se pusieron en marcha programas de atención a los prematuros, contra el tracoma y la sífilis congénita y de rehabilitación de niños con discapacidades. Las cosas han cambiado radicalmente desde entonces.

El poso y el olvido

«Se nos ha olvidado que solo una generación nos separa de la pobreza. Hace solo 50 años recibíamos ayuda alimentaria. Muchos de nuestros padres y abuelos recibieron ayuda internacional. El poso que eso dejó en España está en la base de su actual solidaridad con otros países». Así resume el giro copernicano de la situación Paloma Escudero, directora ejecutiva de Unicef España. Ahora mismo, la entidad tiene 270.000 socios y España es uno de los principales países donantes ante situaciones de urgencia. Por ejemplo: la reciente crisis en el cuerno de África dio lugar a pequeñas donaciones de 120.000 personas, al margen de los socios, que pagan una cantidad anual.

En 1961 se reunió por primera vez la Asociación de Amigos de Unicef España, que dio origen a la entidad. La situación económica española había mejorado considerablemente, lo que fue determinante para que uno de los enfoques principales de la asociación fuera ya pensar en la ayuda a otros países. Se pusieron a la venta las conocidas postales del Unicef y dos años después se empezó a captar socios.

El paciente de Puigvert

¿Dónde empezó todo? De algún modo, en el Somorrostro barcelonés. Por lo menos, ahí empezó el asunto para una de las leyendas del Unicef en Catalunya y en España, Víctor Soler-Sala, que durante cuatro décadas trabajó para la organización humanitaria en cuatro continentes. Licenciado en Derecho, funcionario jubilado de la ONU y expresidente del Unicef en Catalunya, habla con pasión de la organización. De joven, mientras estudiaba, conoció de cerca el barraquismo del Somorrostro y tomó conciencia de la situación de dificultad que allí se vivía. «Me marcó. Vi cosas que luego encontré en los tugurios de Bogotá y Medellín».

Combatir la miseria, especialmente la infantil y la femenina, centró su vida. Recuerda lo difícil que era en los años 50 reunirse para lo que fuera, y cómo el urólogo Antoni Puigvert utilizó su acceso extraordinario a la intimidad del dictador, el general Franco, para que este autorizara un grupo que se reunía para abordar los problemas de la infancia. Entonces, prosigue, no hubo más remedio que aceptar que el régimen franquista tuviera un papel en la organización. Con el tiempo, eso quedó en el olvido. Aunque resulte paradójico, no lo es que Soler-Sala cite como ejemplo de humanismo y nuevo estilo a Joaquín Ruiz-Giménez, exministro de Franco y luego opositor moderado a la dictadura, que fue presidente de Unicef España de 1989 al 2001.

Soler-Sala, con el carnet número 7 de Unicef España, se jubiló en 1992 para participar en la organización de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Hoy es voluntario de una organización de la que, como su directora ejecutiva, destaca que recibe donaciones a buen ritmo pese a la crisis: «La gente está sensibilizada. Pero falta mucho más».