Lingüistas catalanes ayudan a resolver un caso de extorsión

Un juez considera prueba suficiente un análisis del lenguaje usado en unos 'e-mails'

Nuevos sistemas informáticos permiten detectar plagios e identificar anónimos

Maria Teresa Turell, lingüista forense de la UPF, en la biblioteca del Col·legi d’Advocats de Barcelona

Maria Teresa Turell, lingüista forense de la UPF, en la biblioteca del Col·legi d’Advocats de Barcelona / JONATHAN GREVSEN

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MICHELE CATANZARO

Para escribir un mensaje sin ser reconocido no es suficiente redactarlo en el ordenador con un nombre ficticio. «El lenguaje nos delata», resume Maria Teresa Turell. Esta lingüista ayudó a identificar al autor de una extorsión analizando el texto de sus correos electrónicos. Por primera vez en España, un juzgado de Tarragona consideró esta atribución de autoría por métodos lingüísicos como prueba concluyente. El caso ocurrió en el 2003, pero la publicación científica que detalla los métodos empleados es de final del 2010.

El ejemplo de Tarragona es una prueba de los nuevos poderes de la lingüística. Gracias al procesamiento de grandes extensiones de textos por ordenador, los investigadores son capaces de detectar patrones universales de la lengua y señales especiales que caracterizan a cada autor. Detectar plagios o identificar autores desconocidos son algunas de las aplicaciones posibles.

EXTORSIÓN / En el verano del 2003, responsables de una empresa catalana recibieron cinco fax y cuatro correos electrónicos firmados por un trabajador. Los rumores acerca de un recorte de plantilla fueron una posible causa de estos mensajes. Sin embargo, uno de los correos solicitaba dinero a cambio de no desvelar informaciones. A raíz de esta extorsión, la empresa despidió al firmante, pero este presentó una demanda por despido improcedente: admitía ser autor de los fax, pero no de los correos. Supuestamente, alguien habría intervenido su ordenador.

Entonces, la empresa pidió una pericia del ForensicLab, el laboratorio de lingüística forense del Institut Universitari de Lingüística Aplicada (IULA) de la UPF, coordinado por Turell. «Nuestro trabajo fue comparar los textos y atribuir la autoría de los correos al mismo autor de los fax, con alta fiabilidad», prosigue.

Una de las evidencias más claras fue el uso de la expresión «el cual». «En las bases de datos de referencia de textos en español, el pronombre relativo «que» aparece en el 98% de los casos, mientras que «el cual», y las otras formas de relativo compuesto aparecen solo en el 2% restante -explica Turell-. Por el contrario, el autor los utilizaba respectivamente en el 52% y el 48% de los casos». A posteriori, la investigadora supo que este había vivido en pasado en Catalunya y probablemente estaba influido por el uso de los relativos del catalán. Pero lo más importante es que en los correos se encontraba la misma proporción que en los fax. «La pericia analizó también el estilo, la estructura del texto, el uso de frases subordinadas, la frecuencia de cada palabra, la densidad y la riqueza del léxico, los errores, etcétera», puntualiza Turell. Finalmente, el juez consideró concluyente este conjunto de pruebas, junto con una pericia informática.

«Una prueba de este tipo es válida solo cuando hay una muestra suficiente de textos. Esto no ocurre siempre en el contexto forense, donde los textos suelen ser cortos, en ocasiones escritos bajo estrés y sin el objetivo de perdurar», observa Turell.

«La lingüística forense se sirve de los avances de los sistemas computacionales», afirma Turell.

Por medio de los ordenadores se pueden hacer estadísticas sobre un corpus de textos de referencia y compararlas con un caso concreto en estudio, para detectar cómo los autores difieren entre sí y del promedio.

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PLAGIO / «Una de las aplicaciones es la detección de plagio», explica Paolo Rosso, investigador de la Universidad Politécnica de Valencia y colaborador de Turell. Con sistemas informáticos se puede escanear Internet para detectar copias en trabajos universitarios, artículos u obras literarias. Rosso ha diseñado un método para identificar plagios basados en traducir textos ajenos.

«La lingüística forense lleva activa desde hace 50 años. Sin embargo, solo ahora empieza a abrirse camino en los tribunales españoles», observa Turell.