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'Modern love 2': el romanticismo sobrevive en tiempos de Tinder

Lucy Boynton y Kit Harington, en la segunda temporada de ’Modern love’.

Lucy Boynton y Kit Harington, en la segunda temporada de ’Modern love’. / AMAZON PRIME VIDEO

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Marisa de Dios
Marisa de Dios

Periodista

Especialista en series y programas de televisión

Escribe desde Barcelona

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En el último año y medio, la pandemia nos ha enseñado muchas cosas, y una de ellas ha sido a valorar los pequeños gestos a los que antes prácticamente no les dábamos importancia por cotidianos: los abrazos, los besos, las caricias, una conversación cara a cara... Después de que el confinamiento nos privara durante meses del contacto más estrecho fuera de nuestra burbuja, series como 'Modern love' nos ayudaron a recordar lo importante que es el amor en nuestras vidas. Pero no solo el romántico, sino en cualquiera de sus expresiones, como a nivel familiar, a los amigos, hacia uno mismo, platónico... Siempre actúa como un motor que nos empuja a seguir adelante, aunque a veces venga acompañado de algunos sinsabores.

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Amazon Prime Video estrena este viernes 13 de agosto la segunda temporada de esta antología sobre sentimientos inspirada en los artículos de la columna homónima de 'The New York Times' en los que los lectores del diario estadounidense comparten sus experiencias amorosas desde el año 2004, y supervisada por John Carney ('Once', 'Sing Street'). Son historias reales que le han ocurrido de verdad a gente normal y corriente, aunque incorporan algunos elementos ficcionados, y ahí radica parte de su fuerza. Es fácil poder identificarse con ciertas situaciones, porque ¿quién no ha sentido cosquillas en el estómago en una primera cita? ¿O quién no ha sufrido alguna vez con una pérdida? Otras historias, sin embargo, sorprenden porque cuesta creer que sean auténticas por su rareza, como la de la chica con un trastorno del sueño que duerme de día y vive de noche, una muestra más de que la realidad siempre supera a la ficción.

Como en la anterior entrega, esta nueva tanda de ocho capítulos está compuesta por episodios independientes de alrededor de media hora de duración, sin ningún tipo de continuidad. Ninguna historia está ligada a la anterior ni a la siguiente, así que pueden verse en el orden que decida el espectador. Antes, el nexo de unión fue tener el espectacular escenario de la ciudad de Nueva York como telón de fondo, pero este año ni siquiera eso, ya que aunque la mayoría de los capítulos se rodaron en EEUU (en Albany, Schenectady y Troy, en el estado de Nueva York), otros se trasladaron a Dublín (Irlanda). No hay fronteras para el amor, aunque lo escriban los lectores de 'The New York Times'.

Tobias Menzies y Lucy Boynton

El reparto vuelve a ser esta vez otro de los grandes fuertes de 'Modern love'. Si en la pasada temporada contó con actores como Anne Hathaway, Tina Fey, Dev Patel, Andrew Scott, Andy García y Cristin Milioti, en esta ocasión las historias las protagonizan otro buen puñado de solventes intérpretes entre los que se encuentran Minnie Driver ('Círculo de amigos'), Kit Harington ('Juego de tronos'), Tobias Menzies ('The crown'), Anna Paquin ('True Blood'), Lucy Boynton ('The politician') y Garrett Hedlund ('Tron: legacy'). Ninguno aparece en más de un episodio, y eso que los finales de muchos capítulos podrían continuar mucho más allá porque algunas tramas quedan abiertas, dando pie a que la audiencia deje volar su imaginación.

El hecho de que las historias estén basadas en casos reales no impide que alguna de ellas incorpore ciertos toques fantásticos, como cuando uno de los protagonistas se imagina lo que le haría al hombre que ha provocado su ruptura matrimonial. Obviamente, nada bueno. El ritmo es también muy distinto según el capítulo, adaptándose a lo que requiera la trama. Así, aunque en general sea bastante pausado, en el episodio protagonizado por una adolescente se vuelve más vertiginoso, acorde a cómo viven los jóvenes que han crecido enganchados a los móviles y las redes sociales.

Minnie Driver, en la segunda temporada de 'Modern love'.


/ AMAZON PRIME VIDEO

El sentimiento de pérdida está muy presente en esta temporada, a raíz de rupturas sentimentales, muertes o enfermedades. Pero no se piensen que 'Modern love' es una serie fatalista (sí a veces lacrimógena). Siempre prima la esperanza y los personajes aprenden a recomponerse de situaciones difíciles. El primer episodio, por ejemplo, aborda las dificultades de una pareja con horarios cambiados, en la que él vive de día (Gbenga Akinnagbe) y ella (Zoë Chao), de noche, casi como si se tratara de un cuento; el segundo, dirigido por el actor y cantante Andrew Rannells y basado en un ensayo personal que escribió para la columna de 'The New York Times', muestra con bastante originalidad cómo dos jóvenes (Marquis Rodríguez y Zane Pais) tienen recuerdos diferentes sobre su noche de pasión juntos.

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En el tercero, una adolescente (Lulu Wilson) que empieza a sentir algo por una compañera del instituto se plantea compulsivamente su sexualidad a través de un test 'online'; en el cuarto, una chica (Dominique Fishback) trata que su mejor amigo desde la infancia (Isaac Powell) pase a ser algo más, y en el quinto, un exmarine (Garrett Hedlund) establece una particular complicidad con la mujer del hombre que destrozó su matrimonio (Anna Paquin).

El sexto está protagonizado por dos desconocidos (Lucy Boynton y Kit Harington) que coinciden en un tren de Galway a Dublín en marzo de 2020 y prometen reencontrarse en la estación dos semanas después, sin contar que la pandemia les pondría las cosas muy difíciles; el séptimo, quizá el más emotivo, ahonda en el estrecho vínculo que ha establecido una viuda (Minnie Driver) con el coche de su difunto marido (Tom Burke), y el octavo, en la capacidad para superar un inesperado bache de una pareja separada y con dos hijas que ha vuelto a darse una segunda oportunidad (Tobias Menzies y Sophie Okonedo). El romanticismo sobrevive en tiempos del Tinder.