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Crítica de 'Los Irregulares': un 'Expediente X' juvenil del siglo XIX

  • Los pilluelos investigadores creados por Conan Doyle se enfrentan a un monstruo por episodio en esta serie irreverente

Los Irregulares, acompañados por el Doctor Watson, segundo por la derecha.

Los Irregulares, acompañados por el Doctor Watson, segundo por la derecha. / Netflix

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Los Irregulares ★★★

Creador: Tom Bidwell

Dirección: Johnny Allan, Joss Agnew, Weronika Tofilska

Reparto: Thaddea Graham, Darci Shaw, McKell David, Harrison Osterfield, Jojo Macari

País: Reino Unido

Duración: entre 49 y 58 minutos (ocho episodios)

Año: 2021

Género: Drama de fantasía

Estreno: 26 de marzo de 2021 (Netflix)

¿Quiénes son Los Irregulares? En el origen fue un grupo de pillastres callejeros que ayudaba a Sherlock Holmes en sus investigaciones. Aunque tampoco se prodigaron demasiado en la obra de Conan Doyle (tan solo aparecieron en dos novelas y un relato), adquirieron bastante aura de culto y, de hecho, ya en los ochenta tuvieron una serie propia ('The Baker Street boys') en la BBC. 

Ahora, el nombre del grupo, y poco más, resurge en una serie creada por el guionista Tom Bidwell, a quien conocemos sobre todo por su trabajo en 'My mad fat diary' y la adaptación de 2018 de 'La colina de Watership'. Especializado, así es, en lo juvenil y familiar, Bidwell se atreve ahora a adentrarse en lo macabro para contar la historia de una banda de jóvenes huérfanos que lucha contra las fuerzas del mal en el Londres victoriano.  

Al frente del grupo está la arrojada Bea (Thaddea Graham), quien se preocupa por el bienestar de todos, pero en particular de su enfermiza hermana pequeña Jessie (Darci Shaw). El tipo duro Billy (Jojo Macari, Kyle en 'Sex education') está colado por Bea, igual que el príncipe Leopold (Harrison Osterfield), sumado al aventurero clan a pesar de sufrir hemofilia en secreto. Completa el grupo Spike (McKell David), un tipo que lo consigue todo a base de carisma natural.  

La actitud, sea como sea, no paga las facturas, así que se ven abocados a aceptar la propuesta del siniestro Doctor Watson (Royce Pierreson) y su escurridizo socio, Sherlock Holmes (Henry Lloyd-Hughes): llegar donde ellos no quieren llegar, buscar las pistas más difíciles en los lugares más peligrosos. "Somos hombres respetables, y como tales, no tenemos acceso a las zonas de peor reputación de Londres", les señala Watson.

Parafraseando cierta gloriosa canción de Catatonia, estos podrían ser casos para Mulder y Scully. Sobrenaturales, con toques de terror. Bebés nacidos el mismo día que desaparecen sin rastro, dientes arrancados en la noche a niños o no tan niños, partes del cuerpo robadas. Y como la protagonista de la citada canción, Jessie no puede dormir sola: está siendo víctima de extrañas pesadillas en las que recorre unos túneles del infierno y acaba siendo apresada por un hombre enmascarado.

Los macabros casos parecen relacionados con un problema mayor, una trama más general. Algo se está apoderando de Londres. Un poco como sucedía en 'Stranger things', alguien se ha dejado una puerta abierta a otro mundo. Y si nuestra pandilla no logra cerrar esa grieta, al final se acabará no solo Londres, sino el mundo entero y tal como lo conocemos. Desde luego, qué obsesión con dejarse abiertos los portales entre mundos. ¡El último, que cierre el portal!

Más que una historia de detectives (aunque el tercer episodio tenga aires de quién-lo-hizo al estilo Agatha Christie), 'Los Irregulares' es un 'Expediente X' con la época cambiada y personajes centrales más jóvenes e intensos, tan preocupados por los fenómenos extraños como por sus cambios hormonales. Algo menos de angst y un poco más de humor habrían beneficiado al proyecto.

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Bidwell no manifiesta reverencia alguna al legado de Conan Doyle, como tampoco a la música folclórica de aquella época: tanto el 'score' original de Paul Haslinger ('Halt and catch fire') como la selección de canciones empujan la aventura a golpe de 'beats' electrónicos. En ese apartado, igual que en sus libertades con el lenguaje profano, 'Los Irregulares' es puro 'Dickinson'. Imaginar un 'crossover' de ambas resulta bastante divertido.