28 may 2020

Ir a contenido

ESTRENO EN PRIME VIDEO

'Little fires everywhere', una olla a presión emocional

Reese Witherspoon y Kerry Washington producen y protagonizan esta intensa adaptación del libro de Celeste Ng, evento seriéfilo de la próxima semana

Juan Manuel Freire

Kerry Washington y Reese Witherspoon en una imagen promocional de ’Little fires everywhere’.

Kerry Washington y Reese Witherspoon en una imagen promocional de ’Little fires everywhere’.

Aunque no tan conocida en España, 'Pequeños fuegos por todas partes', segunda novela de Celeste Ng, fue hace tres años un fenómeno de crítica y público en Estados Unidos. A las ventas ayudó el apoyo de una de las mujeres más poderosas de Hollywood: Reese Witherspoon, quien recomendó el libro en su club de lectura y hasta posó con él en Instagram. Entre las personas a las que convenció para leerlo estaba la también actriz y productora Kerry Washington. Unieron sus empresas y talentos para convertirla en serie, en la nueva 'Big little lies', a ser posible.

Desarrollada por Liz Tigelaar (guionista de 'Casual') y con la autora del libro en la producción, 'Little fires everywhere', como se estrena el próximo viernes, día 22, en Prime Video, no es en realidad tan parecida a 'Big little lies', aunque también pertenezca al subgénero drama doméstico de suspense. De entrada, aquí el crimen no llega a tanto, aunque sea grave. No se busca a un asesino sino a un incendiario, el o la responsable de echar abajo la mansión de los Richardson a base de "pequeños fuegos por todas partes".

Las sombras del Edén

El incendio ha hecho cenizas, figurada y literalmente, la fachada idílica de Shaker Heights (Ohio), ciudad real que nació como una utopía perfectamente planificada a principios del siglo XX y todavía en verano de 1997, cuando arranca la historia, tenía reglas estrictas: por ejemplo, te podían multar si el césped de tu jardín era más largo de la cuenta. (Al parecer, incluso hoy en día Shaker Heights sigue atada a toda clase de idiosincrasias y manías obsesivo-compulsivas).

Todas las sospechas se dirigen hacia Izzy (Megan Stott), torturada hija pequeña de los Richardson, es decir, la reportera Elena (Reese Witherspoon) y el abogado Bill (Joshua Jackson). El matrimonio tiene otros tres hijos adolescentes: dos muy populares en el instituto, Lexie (Jade PettyJohn) y Trip (Jordan Elsass), y otro algo más paria, Moody (Gavin Lewis), que prefiere ir al videoclub que irse de marcha.  

El perfecto equilibrio del mundo Richardson, ese edén inmerso en la mentira post-racial, empieza a resquebrajarse poco después de irrumpir en escena la artista Mia (Kerry Washington) y su hija adolescente, Pearl (Lexi Underwood), que representan todo lo opuesto a la estabilidad. Mia cambia de lugar de residencia en cuanto acaba un proyecto artístico, en parte por seguir huyendo de alguna clase de trauma. Pearl se ha acostumbrado a no pasar en ningún sitio más que unas pocas semanas. Pero esta vez podría ser diferente. Esta vez podría ser, al menos, un año.

Maternidad, clase, privilegio y raza

Mia ha alquilado una casa de Elena a buen precio. Elena no quiere el dinero, quiere la paz interior. Pero no está del todo claro si hace buenas obras porque es generosa o porque le gusta la idea de ser generosa; en eso recuerda a los Tom (Jim Broadbent) y Gerri (Ruth Sheen) de 'Another year', obra maestra de Mike Leigh. Después, también le pide a Mia que cocine y limpie para su familia.

En libro y serie, este último gesto tiene connotaciones diferentes. En la novela de Ng, no se menciona la raza de Mia; se supone que también es blanca. Que la Mia televisiva sea negra añade una capa extra de complejidad y tensión a la batalla que se dirime entre las dos madres, un choque de orgullos acentuado por una subtrama de adopción. Evidentemente, el combate Witherspoon vs Washington es el equivalente dramático de la pelea de boxeo más brutal que recordarse pueda.

'Little fires everywhere' es una olla a presión emocional en la que el combinado de maternidad, clase, privilegio y raza no tarda casi nada en coger el punto de tensión. Ya en el tercer episodio y, sobre todo, el cuarto, queda claro que aquí las presiones no serán subyacentes, sino que quedarán al descubierto e inundarán la pantalla. La serie pierde progresivamente la mesura sin abandonar, en cualquier caso, su notable poder de atracción.   

La directora Lynn Shelton, encargada de la mitad de los episodios (del resto se encarga el veterano televisivo Michael Weaver), se dio a conocer a mediados de la década pasada como exponente del 'mumblecore', un cine indie de narrativas abiertas y marcado apoyo en la improvisación. Sus películas aún son relajadas. Aquí opera, sin embargo, en una modalidad de intensidad sostenida, algo que hace fáciles y ágiles los visionados, pero también puede dejar exhausto al final de cada entrega. Se recomienda consumir 'Little fires everywhere' en dosis más o menos espaciadas, por aquello de evitar una subida de tensión.