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PSICOLOGÍA

Así puedes cultivar la paciencia con estas pautas

La tolerancia a la frustración determina el grado de aceptación y bienestar

Ángel Rull

Un hombre sentado en una sala de espera.

Un hombre sentado en una sala de espera. / 123RF

Saber cultivar la paciencia se ha convertido en uno de los aspectos más importantes a nivel personal. Una habilidad extraordinaria que nos ayuda a perseverar y alcanzar las metas que nos proponemos. De hecho, tanto en ambientes sociales como laborales, saber esperar es imprescindible para no solo estar en armonía con los demás, sino también con nosotros mismos.

Estudios realizados con niños nos demuestran que esta habilidad tiene un factor determinante a la hora de predecir el éxito futuro. Y, es que, la paciencia no es tan inofensiva como parece, sino que influye en toda nuestra personalidad y en cómo nos relacionamos con los demás. No se trata solo de algo de personas tranquilas o nerviosas, sino que expresa una mayor complejidad emocional.

Gratificación aplazada

¿Puede la paciencia indicarnos el éxito laboral o académico que tendrá un niño en el futuro? La respuesta es afirmativa y fue W. Mischel quien tuvo la idea de investigarlo en niños de 4 años. Mediante una sencilla prueba con una gominola, observó cómo algunos niños eran capaces de esperar y otros, sin remediarlo, se la comían a los pocos minutos. En la adolescencia se evaluó de nuevo a estos mismos niños, en habilidades y competencias tanto a nivel escolar como emocional. Lo que se vio fue que los niños que con 4 años sabían esperar, en la adolescencia eran socialmente más competentes, afrontaban mejor la frustración y tenían una mayor responsabilidad. Los niños más impacientes tienen una autoestima más baja, eran más indecisos y más proclives a las discusiones.

Si la paciencia es un predictor de una mejor ejecución en tareas sociales y educacionales, es un rasgo que, al cultivarse, nos ayudaría a medio y largo plazo a adaptarnos mejor, tener una mayor autoestima y una mayor satisfacción con nosotros mismos.

Cultivar la paciencia

Actualmente nos relacionamos en un ambiente de inmediatez, donde la paciencia va reduciéndose. El entorno nos empuja a resolverlo todo ahora, sin esperar, y cuando algo se retrasa caemos en la frustración. Esta impaciencia es fuente de frustración y apunta a una mayor insatisfacción general. Nos va a impedir tomar buenas decisiones y no llegar a trabajar de forma constante en la consecución de metas.

Como se ha visto, la paciencia puede ser capaz de predecir el éxito futuro y la baja tolerancia a la frustración, por eso, es importante que aprendamos a cultivarla con las siguientes pautas:

1. Identifica los detonantes

Existen elementos que nos empujan a una mayor impaciencia, los cuales debemos identificar y controlar. Por ejemplo, actualmente en la interacción por mensajería instantánea, hay un sistema que nos cuenta si la otra persona ha recibido y leído nuestro mensaje. Estas señales actúan favoreciendo la baja tolerancia a la espera. Desactivarlo sería una buena forma de gestionar detonantes externos.

2. Objetivos

Cuando tenemos unos objetivos y sabemos el tiempo con el que contamos, nos organizamos mejor y generamos mejores estrategias de gestión del tiempo. Pero antes, debemos tener claras las metas y los plazos necesarios.

3. Multitarea

La multitarea es una de las mayores fuentes de impaciencia a día de hoy. Nos obliga a estar pendientes de más de una cosa y no acabar haciendo ninguna realmente bien. Por eso, debemos empezar a centrarnos solo en una tarea. De sumar más, irá bajando el rendimiento y subirá la impaciencia.

4. Necesidad de control

Aunque nos cueste admitirlo, la vida se compone de una dosis alta de incertidumbre y nos habla constantemente de que es imposible controlarlo todo. Por mucho que queremos gestionar cada detalle, sería imposible. Intentarlo nos hará sentir mayor ansiedad y estrés.

5. Simplifica

Procurar llevar una vida más sencilla nos ayuda a poder relajarnos y simplificar las vivencias. Esta mayor tranquilidad armoniza las emociones y nos libera de pensamientos circulares, los cuales aparecen en depresión, ansiedad y con baja autoestima.

Si aceptamos que no todo depende de nosotros, que el ritmo es otro y que hay situaciones que llevan más tiempo del que nos gustaría, podemos abrir un camino que nos lleve a generar una mayor paciencia. Esta tolerancia tiene factores importantes relacionados con el bienestar y es requisito imprescindible cuando queremos llevar una vida óptima.

Ángel Rull, psicólogo.

Temas: Psicología