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PSICOLOGÍA

Heridas emocionales: así puedes sanarlas

El pasado puede crear malestar psicológico intenso

Ángel Rull

Una joven que está superando la anorexia en el centro de día de la asociación Setca, donde le hacen seguimiento.

Una joven que está superando la anorexia en el centro de día de la asociación Setca, donde le hacen seguimiento. / FERRAN NADEU

A lo largo de nuestra vida, vivimos experiencias que van almacenándose y condicionando cómo nos comportaremos en el futuro. Estas experiencias tienen tanto carácter positivo, como negativo. Estas últimas, dependiendo de su intensidad y de cómo las viva la persona, pueden llegar a dañar y crear una herida que permanece siempre abierta y que impide a la persona alcanzar el bienestar psicológico.

Experiencias traumáticas, ya sea en momentos puntuales como repetido en un lapso de tiempo, generan sintomatología depresiva y ansiosa, dañan la autoestima y pueden tener un efecto sobre la salud física de quien la sufrió. Sanar las heridas emocionales nos ayudará a dejar atrás el pasado y poder escoger el futuro que queremos tener.

Dejar atrás

Para poder seguir nuestra vida, es requisito imprescindible que no nos aferremos al pasado. No siempre estamos atados a lo negativo, sino que podemos mantener el recuerdo en lo positivo. Aunque parezca inofensivo, esto acaba haciendo creer a la persona que todo aquello que vivió y que ya no está en su vida es lo único bueno que tendrá y que, por tanto, no debe tener esperanza sobre el futuro. Esto crea una visión errónea sobre la vida: podemos encontrar cosas buenas a lo largo de todos nuestros años.

El pasado, especialmente los momentos en los que sufrió, dejan marcado un esquema de funcionamiento que perjudica a las relaciones y al modo de enfrentar los problemas. La persona se siente víctima y no toma responsabilidad. Pierde el control sobre su propia vida y son los demás y las circunstancias externas las que decidirán lo que esa persona continúe viviendo.

Si no soltamos el pasado, si seguimos anclados a lo que un día vivimos pero que ya no está con nosotros, no podremos ser sujetos activos de nuestra vida ni poner el foco sobre las nuevas experiencias, las cuales sí pueden conducirnos al bienestar.

Sana las heridas emocionales

Tener una herida emocional no implica que la persona lo recuerde cada día. Algunas personas optan por la estrategia contraria: bloquearlo y negarse a hablar de ello. Esta estrategia es solo una forma de protección, la cual tampoco implica sanación ni aceptación. Para poder sanar las heridas emocionales, debemos revisar el pasado, mirarlo de una forma diferente y empezar a usar estrategias que nos permitan dejarlo atrás, fluir en nuestro presente y proyectarnos de forma positiva al futuro.

A través de las siguientes pautas podremos sanar heridas emocionales:

1. Soy un todo

Cada momento de experiencia, independientemente de si nos ha aportado algo positivo o negativo, es nuestro. Nos conforma como personas, nos define y habla sobre lo que somos. Es fácil aceptar esto cuando son momentos de felicidad los que recordamos, pero también hay que aceptar los momentos duros. Aceptarnos como un todo nos permite empezar a soltar aquello que nos hiere.

2. Sé compasivo

Tanto contigo mismo como con quien te hizo daño. Esto no implica justificar lo que te ha pasado ni dejar que te vuelva a ocurrir, pero sí saber que en ese momento las cosas surgieron por cómo eran todas las personas implicadas en ese mismo instante. Ahora, con el tiempo, puedes tomar responsabilidad sobre aquello y sobre lo que ocurre en el presente. No te juzgues con dureza ni te culpabilices. No introduzcas emociones negativas innecesarias, como la ira.

3. Trabaja el perdón

Una de las mejores formas para dejar algo atrás es perdonar, tanto al otro como a nosotros mismos. Aunque no siempre es necesario ni conveniente hacérselo saber al otro, si lo podemos trabajar por nuestro propio equilibrio emocional. Para ello, escribe una carta de perdón a la persona que te hirió y otra a ti mismo. Hazlo desde la sinceridad, con compasión y sin reproches.

Las heridas emocionales son hechos ya vividos que siguen produciendo sentimientos negativos en nosotros y de los que no somos capaces de desprendernos. Podemos empezar a sanarlos con las pautas anteriores para poder ser más felices en el futuro. Las heridas emocionales, aunque duelan, no dificultan nuestra vida. En el caso de que haya un alto malestar, puede tratarse de estrés postraumático. Tanto en un caso como en otro, podemos plantearnos buscar ayuda psicológica que nos permita continuar con nuestra vida.

Ángel Rull, psicólogo.