El día del libro y la rosa

 Ambiente en el paseo de Gracia alrededor de los puestos de libros y rosas durante la ’diada’ de Sant Jordi .

Ambiente en el paseo de Gracia alrededor de los puestos de libros y rosas durante la ’diada’ de Sant Jordi . / JORDI COTRINA

Sant Jordi alancea al covid

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Elena Hevia
Elena Hevia

Periodista

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Había hambre de Sant Jordi, de día soleado, de salir a la calle, de pensar en un libro o dejarse llevar por el azar hasta encontrarlo y de ponerse a la cola de la autora o el autor que nos suele deparar más alegrías. Había hambre y siendo este un Sant Jordi raro y controlado -el control habitualmente no se aviene con la alegría y el disfrute- podíamos habernos quedado en ayunas y no fue así. Las medidas de seguridad funcionaron. Las zonas perimetradas con sus preceptivos puestos de libros, 11 repartidas por toda Barcelona, obligaban al público a circular por un recorrido impuesto, sin peligro.

Y eso que por la tarde, la imagen de este Sant Jordi 2021 se asemejaba bastante a la de 2019, por lo menos en lo que se refiere al ritmo creciente de paseantes. Especialmente, en paseo de Gràcia y la Rambla -más sorprendente aquí ya que en esta ocasión los puestos de libros ni estaban ni se les esperaba-. El resultado de este fervor ciudadano fue, según un primer balance del Gremi de Llibreters, de un 75% de las ventas que se realizaron en 2019. En total, más un millón de libros vendidos, a falta de que la semana que viene se calculen las ventas con más precisión tras consolidarse los días de venta previos a Sant Jordi.

La Rambla de Barcelona sin las tradicionales paradas de libros. / Manu Mitru

Faltaba un beso

Sant Jordi siempre ha sido la gran fiesta ciudadana y cívica, pero este año, esa civilidad sacó pecho el viernes. Respondiendo y comprando. Y quien no pudo ir a su librería de cabecera se ingenió para mandar a un propio de Glovo: en la Casa del Llibre esperaban la mercancía como si se tratara de hamburguesas, cosas de la cara oscura de la globalización (o de la glovalización).

Tan patente era que se iban a rebasar las previsiones de compra del 60% propuestas por el Gremi de Llibreters, tanta alegría se apreciaba en la calle, que solo faltaba que una pareja se diera un beso en medio del paseo de Gràcia para crear una imagen icónica del día, como aquella en la que un soldado y una enfermera sintetizaron la euforia del fin de la segunda mundial. Es una exageración, claro. Pero es que este Sant Jordi de celebración de la primavera con el sol en lo alto - "Here comes the sun, here comes the sun. And I say it’s all right", que diría George Harrison- tiene algo de celebración de cierre bélico, de triunfo contra un virus alanceado como un dragón, ahora que gracias a las vacunas somos capaces de imaginar la luz al final del túnel . Quedémonos con esta imagen, que a lo mejor tiene mucho de ilusorio, para las noticias malas siempre habrá tiempo.    

A primera hora de la mañana, la alcaldesa, Ada Colau, cortaba la cinta inaugural del día en el Palau de Virreina, con la presencia de editores y algunos autores como Joan Sala, Bel Olid, Jaume Subirana, Marià Marí o Álvaro Colomer. Fue el joven poeta y ahora novelista, Pol Guasch, galardonado con el premio Llibres Anagrama, el elegido para representar a los escritores desplegando una virulencia propia de sus 23 años ante las autoridades que, puro civismo, le aplaudieron como correspondía.

Menos autores, menos firmas

Yendo a la letra menuda de la jornada, los cambios más significativos afectaron al número de autores dedicados a la firma, muchos menos que en los tiempos de la vieja normalidad porque son raros los que se han decidido a desplazarse desde fuera de Catalunya. María Dueñas, que sería ganadora de la fiesta con ‘Sira’ , la esperada secuela de ‘El tiempo entre costuras’, Jesús Carrasco o Karina Sainz Borgo, fueron algunos de ellos, y naturalmente, la pregonera, Irene Vallejo que se marchó a mediodía a Zaragoza, donde tenía que recibir un premio, no antes de estampar una dedicatoria al gran filósofo Emilio Lledó que vino a buscar expresamente su nieta. “El maestro Lledó, no me lo puedo creer”, explicaba ‘ojiplática’ la autora de ‘El infinito en un junco”.

Tampoco ayudó que autores con gran tirón comercial como Javier Marías -que apenas ha hecho promoción de su nueva novela, ‘Tomás Nevinson’-, Luis Landero o Almudena Grandes no se decidieran a venir. Pero es que incluso un fijo de Sant Jordi como Eduardo Mendoza, con nueva aventura de Rufo Batalla, también declinó darse el baño de masas muy posiblemente por razones sanitarias. Lo que sorprende menos es la ausencia de Jaume Cabré, tradicionalmente reticente al ritual de la firma, pese a contar con nueva novela, ‘Consumits pel foc’.

No sin mi fisio

Otros, no tuvieron el menor miedo. El veterano editor Jorge Herralde, que celebró su santo firmando ‘Los papeles de Herralde’, el libro en el que Jordi Gràcia establece una historia de su legendario sello a partir de su correspondencia profesional, se atrincheró en el ajardinado patio de la librería La Central, con un puesto ‘ad hoc’, y siempre bajo la mirada atenta de su fisioterapeuta que le obligaba a ponerse una mascarilla de la que se desprendía para salir en las fotos.

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El ‘fet diferencial’ de esta ‘diada’ fue el triunfo de la literatura en su sentido más estricto. Nada de ingerencias de los 'instagramers' que desde 2018 alimentaban las colas. Y los mediáticos, contados. Tampoco estaban en la calle los habituales estands de tipo político o asociativo. Es muy posible que, por esta razón, Sant Jordi 2021 haya supuesto para el Gremi de Llibreters un banco de pruebas para posteriores ediciones. Incluso barajan la posibilidad de darle continuidad a aquel Sant Jordi de verano que se realizó el año pasado, para compensar la falta del auténtico. Un Sant Jordi a pleno sol de julio quizá sea una temeridad, pero quién dice que no sea una buena idea hacerlo de noche.

Así hemos contado en directo la jornada de Sant Jordi :