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CON MUCHO GUSTO

'Esmorzar' de tenedor

El Can Roca, en Sant Andreu, nos tienta con el recetario típico de los `esmorzars¿ de tenedor, en horario ininterrumpido desde las nueve de la mañana

Miquel Sen

Albert Ortra en Can Roca

Albert Ortra en Can Roca / RICARD FADRIQUE

Cuando el ministro Solchaga nos convenció de que éramos ricos, haciendo el dólar asequible, los progres y los no tanto se trasladaban los fines de semana a Nueva York. Allí se adquirían jerséis a muy buen precio y conceptos de gran transcendencia, como el de brunch, el desayuno–almuerzo que se daba en los hoteles desde la mañana hasta el medio día

Barcelona conoció un aluvión de propuestas que giraban a lo largo de este bufet abierto. No había hotel que no convocara a los ciudadanos y a sus hijos rubitos dorados por el sol de Cadaqués a la nueva aventura de comer huevos revueltos a la hora del Ángelus.

No obstante, algunos contestatarios seguimos fieles a la tradición del esmorzar de tenedor, que es lo mismo que el brunch, pero en plan menestral. Son las cazuelas que siempre se han servido en los bistrots, en las tabernas como la de Can Roca (Gran de Sant Andreu 209), puro espíritu vital de Sant Andreu. En Can Roca he practicado una mesa de platillos, canelones de pie de cerdo y fuagrás, con dos ilustres aficionados a esta cocina económica y suculenta, el doctor Bonaventura Clotet y el Mestre Cansalader Pròsper Puig. 

Desaparecido Josep María Solé,  cocinero de Can Roca, de bigote muy superior al mío, la taberna resucitó de  manos de Albert Oltra, tercera generación de la gastromasía Can Piqué. Oltra, joven e inteligente, se limitó a adecentar el local, sin variar esos detalles que un decorador a la moda hubiera tirado al contenedor. 

CANALONES TRUFADOS

Es el ámbito ideal para dar cuenta de los canelones de pasta fresca con pollo asado debidamente trufados, o de otra receta a base de confit de pato y fuagrás. Siendo buenos los riñones, con Albert Oltra tenemos en común la pasión por el cap i pota, muy superior a los callos, dada su amplísima suma de texturas, envuelta por la lujuriante presencia de una sanfaina jugosa. Pero como el tiempo pasa y el mundo no se acaba en el cap i pota, en el antiguo bar de Sant Andreu ahora podemos disfrutar de una papada crujiente de ibérico, con su punta de alioli elaborado con ajos negros, más el toque de mar de unas vieiras. Es el paisaje vivo y sabroso del barrio. 

La Rioja Alta, un gran reserva de 38€

Los vinos de esta bodega situada en el barrio de La Estación, de Haro, son una seña de identidad dentro del mundo de los grandes tintos riojanos. La nueva añada que ahora presentan, la correspondiente al 2009, sigue el estilo de la casa definido por finura, delicadeza y esa punta de acidez tan interesante. Debe catarse con los cinco sentidos bien despiertos.

En este caso las uvas que componen este rioja Gran Reserva 904 son tempranillo en un 90 por ciento, de viñedos de más de 60 años situados en Briñas, Labastida y Villalba, y graciano (10 por ciento) del viñedo de Montecillo, en Fuenmayor.

Su elaboración ha seguido los criterios del enólogo Julio Sáenz y de Roberto Frías. Una vez más han logrado un vino importante en el que el cuidado paso por barrica hasta el 2014, con trasiegos cada seis meses a la manera tradicional, hace de este gran reserva un sacramento.