En el Hospital del Mar

Enganchada a la vida gracias a un donante samaritano

Irma Gómez, a la derecha, junto a su madre, Lilian Rodezno, en una terraza del Hospital del Mar.

Irma Gómez, a la derecha, junto a su madre, Lilian Rodezno, en una terraza del Hospital del Mar. / JORDI COTRINA

  • Una joven de 30 años es trasplantada gracias a una persona anónima que donó un riñón en vida sin conocerla. Como gesto de agradecimiento, la madre también decide donar a otro desconocido. Desde 2010 en España ha habido 18 donantes samaritanos: personas que han dado sus órganos porque sí. EL PERIÓDICO recoge la historia de Irma y Lilian.

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Beatriz Pérez
Beatriz Pérez

Periodista

Especialista en sanidad, temas de salud

Escribe desde Barcelona, Catalunya, España

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A Irma Gómez, de 30 años, le salvó la vida un donante samaritano: una persona anónima que donó su riñón a cambio de nada. Esta hondureña residente en Granollers (Barcelona) sufrió, en 2018, una insuficiencia renal y, aunque estuvo un tiempo en hemodiálisis, los médicos finalmente decidieron que era necesario practicarle un trasplante de riñón.

Tras 11 meses en lista de espera y muchas dificultades para encontrar un donante compatible (ni su madre ni su hermana lo eran), un buen día de 2019 apareció el órgano de alguien que, como en la parábola del buen samaritano de la Biblia, lo dio desinteresadamente. "Gracias a esta persona, hace dos años que hago vida normal", explica Irma desde el Hospital del Mar de Barcelona, donde fue trasplantada.

Pero esta historia tiene otro giro insólito: tres meses después del trasplante, la madre de Irma, Lilian Rodezno, de 53 años, también donó un riñón suyo desinteresadamente en señal de agradecimiento. "Siempre rezo por que la persona a la que trasplanté y la que le dio el riñón a mi hija tengan una larga vida", dice Lilian sonriente. Ambas trabajan en un servicio de limpieza de Granollers.

Irma (a la derecha), la joven que fue trasplantada gracias a un donante samaritano, y su madre Lilian. / JORDI COTRINA

Desde el 2010, en España ha habido 18 donantes samaritanos, según cifras de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT). De entrada, es un gesto difícil de entender: una persona decide, de manera totalmente desinteresada y sin recibir nada a cambio, donar un órgano, no a otra persona en concreto, sino a cualquiera que lo necesite. A alguien cuya identidad jamás conocerá, pues el proceso de trasplantes es totalmente confidencial en España (por eso Irma evita decir la fecha en que fue trasplantada).

¿Por qué alguien decide hacer algo así? "Por bondad", responde la nefróloga Marta Crespo, Jefa de Trasplante Renal del Hospital del Mar. "El caso de Irma es especial porque su órgano procede de una persona altruista. No pertenecía a un programa de trasplante cruzado y no venía en pareja, sino solo", cuenta Crespo. Esta no es la historia de Irma, sino la de una persona anónima que ha hecho que ella pueda contar esto.

El lupus eritematoso sistémico

Hace ocho años que Irma fue diagnosticada de un lupus eritematoso sistémico, una enfermedad autoinmune que le causaba problemas respiratorios. "A los 25 años me detectaron una nefritis lúpica [un trastorno renal que se produce cuando no se filtran bien los desechos de los riñones]. Los médicos intentaron que no llegara a la hemodiálisis, pero no se pudo evitar", explica esta joven. La nefritis lúpica empeoró estando ella de viaje en Honduras. "Allí me diagnosticaron un fallo renal. Estuve mucho tiempo en la uci", añade.

Lilian, la madre, que se había quedado en Granollers, recuerda aquellos terribles días de 2017. "Me llamaron desde Honduras a las 2 de la madrugada y me dijeron que la fuera a ver por última vez. La habían desahuciado", relata Lilian. Voló a su país de origen con su esposo y padre de Irma, y ambos decidieron traerla a España.

Del Hospital de Granollers Irma fue trasladada al Hospital de Mollet, donde el diagnóstico fue diferente. "Me dijeron que me podían rescatar y me ofrecieron el trasplante de riñón", cuenta la joven. En Honduras no hacían trasplantes. Irma entró en la lista de trasplante de cadáver y también de persona viva. Y ahí empezó una ardua búsqueda de un riñón para ella.

De izquierda a derecha, Irma, Lilian, la nefróloga Marta Crespo y el enfermero Guille Pedreira.

/ Jordi Cotrina

La búsqueda del órgano

Aunque Lilian y una hermana de Irma intentaron donarle un riñón, eran incompatibles con ella. Así que madre e hija entraron en un programa de trasplante renal cruzado. "En él se incluyen parejas incompatibles [padres e hijos, hermanos, amigos...]. Y, entre ellas, se busca un receptor que es compatible con un donante. Estos trasplantes se hacen tres o cuatro veces al año en España y todos el mismo día, para que nadie se eche atrás", precisa la doctora Marta Crespo.

"Trasplantar es mejor que estar en diálisis: se vive más años y se tienen menos complicaciones médicas. La mejor opción es el donante vivo porque sus órganos suelen estar mejor. Pero no todos tienen un donante vivo y, cuando lo hay, a veces no es compatible", añade.

El problema de Irma es, como explica su nefróloga, que tiene muchos anticuerpos de tipo HLA, lo que hizo que "muchos potenciales donantes resultaran finalmente incompatibles". 11 meses esperó la joven para tener su riñón. Apareció un buen día de 2019.

"Recuerdo que la doctora Crespo me llamó una tarde para decirme que había un órgano. Que era de un buen samaritano. Me puse muy contenta, aunque tenía miedo de que mi cuerpo rechazara el riñón", sonríe Irma. Pero en el camino al trasplante, Irma se encontró otro obstáculo: el riñón de este donante tenía una incompatibilidad sanguínea (de tipo ABO) con ella. Para eso la joven se sometió a tratamientos de plasmaféresis e inmunoadsorción antes de la intervención, para depurar la sangre.

La cosa salió bien. El trasplante fue un éxito y, entre otras cosas, Irma ha dicho adiós a sus continuos dolores de cabeza. "Lo mas difícil de una enfermedad renal es tener la tensión muy alta, yo tenía muchos dolores de cabeza. Incluso llegue a convulsionar. Pero todo eso no ha vuelto a ocurrir".

El agradecimiento de Lilian

Pero la historia tampoco acaba aquí. Lilian no se conformó con que su hija estuviera bien. Quiso hacer algo más. Al haber aparecido el riñón fuera del programa de trasplante cruzado, la madre no estaba obligada a donar. "Pero sentí un impacto y decidí donar igualmente. Y, si pudiera, volvería a hacerlo. Cuando muera mis órganos serán donados en España, estoy muy agradecida con todos los hospitales de este país".

El enfermero Guille Pedreira trató a la madre y a la hija en el Hospital del Mar. "Verlas dos años después tan bien es muy gratificante. Y todo gracias a que alguien inició una cadena sin pensar en nada más que donar un órgano a quien o necesitara, sin saber quién era ni recibir nada a cambio", señala Pedreira.

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Dos años después de aquello, Irma tiene otra pareja y se casará en breve. Habla de su hija de 11 años, fruto de una relación anterior, que ha sido siempre el "motorcito" por el que ha seguido adelante. "Cuando he estado muy mal, siempre he pensado en ella. Fui madre soltera mucho tiempo. Sé que siempre tengo que estar bien por ella".

Ahora explica su historia con tranquilidad y gratitud, lo mismo que su madre. "La de mi hija es una historia triste con final feliz, porque encontró a una persona que a cambio de nada dio la vida por ella. Si no hubiera sido por España, no estaríamos contando esto", concluye.