Análisis

Darle aire al virus

La situación de estancamiento de la pandemia en Catalunya requiere aumentar las restricciones, no relajarlas

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Una sanitaria atiende a un paciente en la uci del Hospital Clínic.

Una sanitaria atiende a un paciente en la uci del Hospital Clínic. / NACHO DOCE (REUTERS)

Por si alguien no se había percatado aún, nos enfrentamos desde hace un año a un coronavirus extremadamente listo, si se puede adjetivar así a un organismo sin cerebro. No lo necesita. Tiene las dosis justas de contagiosidad y letalidad para asegurar su supervivencia al tiempo que causa un gran número de muertes. A diferencia de otros antecesores, el SARS-Cov-2 actúa con gran sigilo. Se propaga antes de que sus huéspedes muestren síntomas. Si no lo exterminas o lo reduces al mínimo, aprovecha cualquier rendija para colarse y cuando te das cuenta ya es tarde.

Ocurrió en la segunda ola. El doctor Argimon, al que hay que escuchar siempre con gran atención, puso entonces como meta para iniciar la desescalada llegar a los mil casos diarios y  a los 300 enfermos en uci. Eran objetivos menos ambiciosos que lo que se plantea y lleva camino de cumplir, por ejemplo, Alemania, pero démoslos por buenos. No se cumplieron y luego ocurrió lo que todos sabemos.

La situación actual es peor aún que entonces. Las cifras de casos y ucis duplican el objetivo a alcanzar mientras la velocidad de propagación vuelve a superar el siniestro listón del 1, pero el mismo doctor Argimon opina que hay que dar aire a algunos sectores.

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Estamos en un momento crucial. Si el virus se ha estancado o empieza a subir, el sentido común indica que habría que frenar aún más la interacción social, no aumentarla. Cómo se haga ya no es tarea de un especialista en salud pública. Se puede dar aire a algún sector muy castigado y sacrificar otro menos perjudicado. Pero el balance debe ser el mismo: bajar el actual nivel de interacción para poder alcanzar esos objetivos, que no son gratuitos. Significan muchas menos muertes y hospitalizaciones.  

No hay otra salida. Las vacunas aún llegan cámara lenta mientras las mutaciones, la nueva astucia del microorganismo para sobrevivir, avanzan con mayor. Lo contrario sería en realidad darle aire al virus. Algo impropio de cualquier organismo con cerebro.