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ASISTENCIA MÉDICA MASIVA

Los hospitales de Barcelona actualizan sus planes para afrontar un atentado

El protocolo para atender múltiples víctimas incorpora la experiencia del ataque terrorista de la Rambla

Los servicios de urgencias asumieron con notoria profesionalidad la imprevisible llegada de 130 heridos

Àngels Gallardo

Isabel Cirera y Joan Ramon Masclans, en urgencias del Hospital del Mar.

Isabel Cirera y Joan Ramon Masclans, en urgencias del Hospital del Mar. / RICARD CUGAT

El atentado contra la sala Bataclan de París, ocurrido en noviembre del 2015, fue el último aviso que aceleró en los cuatro grandes hospitales que cubren el perímetro de Barcelona la preparación coordinada de un plan con el que afrontar un eventual ataque que pueda producir múltiples víctimas. El acto terrorista ocurrido en la Rambla el pasado 17 de agosto, en el que hubo 14 muertes y 130 heridos, puso a prueba, con un resultado de reconocida eficacia, la teoría protocolaria. En estos momentos, el plan está actualizado y las instituciones implicadas -los hospitales Clínic, Mar, Sant Pau y Vall d'Hebron, más los servicios de emergencia y los cuerpos policiales- mantienen encuentros periódicos.

Su referencia es la elogiada respuesta con que afrontaron el 17-A, pero no ocultan que las incógnitas persisten. "De alguna manera, tuvimos suerte. Podía haber sido mucho peor", afirma la doctora Isabel Cirera, responsable del área de urgencias en el Hospital del Mar, la persona que a las 17.15 horas del 17 de agosto recibió el primer aviso telefónico que anunció la inminente llegada de un impredecible número de heridos, de una gravedad aún más difícil de predecir.

"Influyó el hecho de que era agosto y las urgencias estaban tranquilas. Ninguna ciudad está preparada para asumir unas Torres Gemelas"

Isabel Cirera

Responsable de Urgencias del Hospital del Mar

"Influyó el hecho de que era agosto, las urgencias estaban tranquilas, los heridos sufrían politraumatismos pero no lesiones por arma de fuego o metralla, que requieren cirugía, y hubo una cifra de víctimas asumible para la red sanitaria de Barcelona -enumera Cirera-. Ninguna ciudad está preparada para afrontar unas Torres Gemelas". Allí hubo 2.600 muertos y 6.000 heridos.

Los primeros trazos del plan se empezaron a dibujar, precisamente, en el 2001, tras los ataques terroristas de Nueva York, pero la masacre de París había despejado las dudas que pudieran quedar en la mente de quienes organizan la atención de las emergencias en la capital catalana. Asumieron como verosímil un temor que finalmente fue realidad: "Barcelona iba a ser tarde o temprano objetivo de un atentado terrorista", sintetiza Cirera.

Reparto de ambulancias

El protocolo para incidentes con numerosos heridos se diseñó en el Consorci Sanitari de Barcelona, que enlaza los citados hospitales, más otros cinco de menor envergadura, con el Servei d’Emergències Mèdiques (SEM), el organismo que distribuye las ambulancias hacia los servicios de urgencias hospitalarios.

La misión del SEM, importantísima en momentos críticos, consiste en graduar el reparto de heridos hacia los centros sanitarios, con el objetivo de que este sea equitativo y equilibrado. Que ningún hospital quede en pocos minutos con todos los quirófanos y las unidades de cuidados intensivos ocupados. "Si llegan, de golpe, 20 heridos graves necesitados de quirófano, nos colapsan el hospital", advierte Cirera.

La intervención sanitaria fue supervisada por el Centre de Coordinació Operativa de Catalunya (CECAT), que tuvo en el SEM su enlace con hospitales y centros de urgencia de asistencia primaria (CUAP). Las ambulancias de emergencias, a su vez, quedaron supeditadas a las modificaciones de tráfico que decidió la Guardia Urbana. Todos permanecieron conectados con Mossos d’Esquadra, Bomberos y Policía Nacional.

Dentro de los hospitales, explican, funcionó un especial automatismo humano que aún emociona a quienes lo recuerdan. "La sensación de supuesto caos, no existió", explican los sanitarios del Hospital del Mar. "Pactamos con la Guardia Urbana la llegada de ambulancias y nos preparamos", describe la responsable de urgencias.

Un silencio de impacto

El primer paso fue vaciar los boxes del servicio de urgencias. "Es lo primero que hemos de hacer en esos casos", prosigue Cirera. Los enfermos que estaban en condiciones de resistir, se fueron a casa. Diez minutos después de iniciado el operativo, 15 camillas con pacientes que estaban en observación flanqueaban el pasillo central del servicio. Nadie se quejó. "La urgencia convencional -el tipo de enfermos que acuden al hospital una tarde de verano- dejó de venir", prosigue la especialista. Parte del servicio, no obstante, permaneció siempre libre. "Teníamos que estar preparados por si venía un infarto".

"Los profesionales vinieron espontáneamente. Se enteraban a través de las redes sociales. No tuvimos que llamar a nadie"

Joan Ramon Masclans

Responsable de Unidades de Cuidados Intensivos del Hospital del Mar

En pocos minutos, profesionales adscritos a los servicios que deben atender un código cuatro, esto es más de 50 heridos –cirujanos, traumatólogos, anestesiólogos, pediatras, intensivistas y radiólogos-, la mayoría en periodo de descanso o de vacaciones, habían llegado al hospital. "Venían espontáneamente. Se enteraban a través de las redes sociales. No hubimos de llamar a nadie", afirma Joan Ramon Masclans, responsable de unidades de cuidados intensivos (UCI) en el Mar.

El primer herido llego a las 17.30 horas y 30 minutos después se había estabilizado a las seis personas que sufrían las heridas de máxima gravedad. "Lo que más me impresionó en aquel momento fue el silencio que se creó en el servicio de urgencias", un silencio que aún emociona a la doctora Cirera.

Horas de altruismo

"No hubo nerviosismo -relata-. No hubo gritos, como suele ocurrir en situaciones críticas. Quien no estaba atendiendo a alguien se colocaba en una esquina, y acudía rápidamente adonde se le necesitaba. Se actuó con profesionalidad y eficacia. Fueron unas horas de altruismo puro".

Mientras todo eso sucedía -y fue así en el resto de hospitales-, algunos sanitarios se ocuparon de identificar a los heridos. Un punto fundamental. Atendieron a personas de más de 30 nacionalidades. Personas desorientadas, conmocionadas, algunas inconscientes. Horrorizadas. "Había macedonios, filipinos, irlandeses, alemanes… nuestro objetivo era reunir familias, a una madre con su hija... -explica Cirera-. A las ocho de la tarde, los teníamos a todos identificados y las familias reagrupadas". Alguien recuerda los cuatro días que transcurrieron antes de que Ignacio Echevarría fuera identificado tras el atentado ocurrido el pasado junio en Londres.   

La actuación de los hospitales de Barcelona en la tarde del 17-A y días posteriores se ha convertido en una referencia, ahora estudiada en los centros del resto de España, que sustituyó de un plumazo a cualquier simulacro que se hubiera podido imaginar. La experiencia puso de manifiesto algo en lo que coinciden quienes atendieron los servicios aquella tarde: "Todos, médicos, enfermeras, señoras de la limpieza o asistentes sociales, sacaron lo mejor de sí mismos", destaca el doctor Masclans. Pero se muestran prudentes. "No quiero ni pensar qué habría ocurrido si, en lugar de ser un atentado improvisado, hubieran explotado aquellas furgonetas junto a la Sagrada Família", murmura la doctora de ugencias.                        

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