«Si redujéramos la contaminación ganaríamos años de vida»

Jordi Sunyer es codirector del Centre de Recerca en Epidemiologia Ambiental (CREAL-ISGlobal) y catedrático de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona (UPF). Desde hace 30 años estudia los efectos de la contaminación atmosférica sobre la salud, incluyendo el asma, el cáncer de pulmón o los infartos de miocardio, y muy especialmente su implicación en el desarrollo del cerebro durante el embarazo y en la infancia. El pasado agosto recibió el Premio John Goldsmith, el más prestigioso que se concede internacionalmente en el ámbito de la epidemiología ambiental. Coordina el gran proyecto INMA, dedicado a la salud ambiental de los embarazos y las gestantes.

JORDI SUNYEREl investigador, en las instalaciones del Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB), sede del CREAL.

JORDI SUNYEREl investigador, en las instalaciones del Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB), sede del CREAL. / martí fradera

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ANTONIO
MADRIDEJOS

-Mueren más personas por la contaminación que por el tráfico.

-Muchísimas más. En una clasificación reciente de la OMS sobre causas prevenibles de muerte, la contaminación estaba por delante del colesterol o la falta de ejercicio, por ejemplo. Solo causan más fallecimientos el tabaco, el alcohol y la hipertensión arterial.

-La contaminación era antes un tóxico, pero ahora la OMS ya la considera un cancerígeno muy peligroso.

-Que ahora se catalogue como cancerígeno tipo 1, el nivel máximo, tiene un impacto mediático muy importante y puede servir para apoyar medidas drásticas que contribuyan a su reducción, pero desde hace tiempo tenemos muchas evidencias científicas de que la contaminación es perjudicial para la salud. Sabemos, por ejemplo, que afecta al peso de los recién nacidos, o que tiene consecuencias en el desarrollo mental, o que es responsable de al menos el 20% de los cánceres de pulmón... Y ahora parece que también hay evidencias que la vinculan a enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer. Hasta se ha hablado de la obesidad y el autismo, aunque en estos casos faltan más estudios.

-No es fácil revertir la situación.

-El problema actual en las urbes occidentales, que han perdido gran parte de sus fábricas y ya no tienen calefacciones de leña, es indudablemente el tráfico. Y si no tenemos un buen transporte público es difícil decirle a la gente que deje el coche aparcado. No se trata de cambiar solo el combustible de los autobuses, sino de afrontar medidas estructurales a largo plazo. Es esencial que las administraciones dejen de echarse las culpas y colaboren entre ellas. Ya que tenemos los mejores urbanistas, se tendrían que dedicar a diseñar estrategias para cambiar esto.

-¿Qué haría usted los días de grave contaminación?

-Yo reduciría el tránsito radicalmente. No soy quien ha de decidir cómo lograrlo, pero hay que hacerlo.

-Parece que no nos lo creamos.

-En Europa ya se habla de la contaminación como grave problema desde 1952, cuando un gran episodio en Londres ocasionó un alarmante aumento de la mortalidad. De repente, murieron en una semana miles de personas más de las que estadísticamente cabría esperar, una situación que llevó a limitar las calderas de leña, que por aquel entonces eran la principal fuente de contaminantes. En Barcelona tenemos estudios que advierten de la mortalidad debida a la contaminación desde finales de los años 80 del pasado siglo.

-¿Qué efectos se aprecian en Barcelona en los episodios anticiclónicos de contaminación intensa?

-Prácticamente de forma inmediata hay más ingresos por ictus y otros problemas cardiovasculares.

-Y aumenta la mortalidad.

-Por cada 10 microgramos más de PM10 [partículas dispersas en el aire de tamaño inferior a las 10 micras] aumentan los decesos entre el 2% y el 5%. Y en Barcelona no es extraño pasar de 30 PM10 a 60 PM10.

-Pero es difícil de cuantificar teniendo en cuenta el total de muertos.

-Así es. Si en el área de Barcelona mueren diariamente 50 personas, por ejemplo, un aumento de ese estilo significaría llegar a 52. No son grandes cifras, por lo que cuesta incluso que lo aprecien los servicios funerarios. El problema fundamental es a largo plazo.

-Explíquese.

-Ahora ya no miramos el cambio agudo, lo que sucede en un día concreto, que puede estar a expensas de muchos otros factores, sino la contaminación a largo plazo. Si reducimos la contaminación media, reducimos la mortalidad diaria y anual. En las ciudades del sur de Europa

-no solo en Barcelona-, tenemos de promedio anual unas 20 PM10 más que en las ciudades del norte y lógicamente la mortalidad asociada a la contaminación es mayor.

-Y eso se traduce en una menor esperanza de vida.

-Sí, en Estocolmo viven más que en Barcelona si igualamos el resto de condicionantes sociales y médicos.

-¿Se puede discernir de la dieta, del estilo de vida, de la genética...?

-Sí. Muchos estudios han confirmado que quien vive en un lugar más contaminado tiene más riesgo de sufrir problemas respiratorios y cardiacos. Son resultados significativos estadísticamente. Además, en Estados Unidos se ha observado que en algunas ciudades que han reducido su contaminación 10 microgramos de PM2,5 desde 1990 la esperanza de vida ha aumentado dos años.

-En cualquier caso, los habitantes de Barcelona ya tienen una de las esperanzas de vida más altas del mundo, según recuerda el alcalde.

-Pero si siguiésemos este razonamiento no haría falta ningún tipo de intervención preventiva. Hay que tener en cuenta al menos dos cosas: que la esperanza de vida no solo es el resultado de la situación actual, sino de décadas pasadas con unas condiciones muy diferentes, y que en ella intervienen lógicamente muchos factores al margen de la contaminación. Claro que están mucho peor en las ciudades de otros países, especialmente en Asia, pero lo que yo estoy diciendo es que si mejoráramos en el apartado de la contaminación ganaríamos varios años de vida.

-La contaminación varía mucho dentro de una misma ciudad.

-Sí, radicalmente. Las partículas ultrafinas y los gases disminuyen por diez a una distancia de 200 metros del foco de emisión, especialmente si además hay parques y jardines. Más que hablar de ciudades contaminadas, yo diría que todas las ciudades tienen zonas más o menos contaminadas por culpa del tráfico. Aunque los motores hayan mejorado, los coches siguen emitiendo muchas partículas, además de que también las desprenden los frenos y los neumáticos. Por eso es importante planificar áreas sensibles y restringir allí el tráfico.

-¿Cómo nos afectan las partículas?

-Hay varias vías. Las partículas mayores, las que tiene el diámetro similar al de un cabello, se quedan en el nariz y no avanzan, pero a medida que disminuye el tamaño pueden llegar muy lejos. Así, las partículas finas (2,5PM), entre 20 y 25 más pequeñas que el diámetro de un cabello, pueden llegar muy al fondo de nuestros pulmones. En animales se ha visto que llegan al saco alveolar y allí crean hemorragias. Y si hay una inflamación puede alterarse la actividad de los vasos y de las arterias. Finalmente, un problema muy grave que tenemos en Europa es el de las partículas ultrafinas, 25 veces más pequeñas que las PM2,5, generadas esencialmente por la combustión del diésel. Estas pueden entrar en el riego sanguíneo y alcanzar el corazón o el cerebro.

-¿Las mascarillas son útiles para estas partículas tan pequeñas?

-Algunas sí, pero son muy caras y de distribución escasa, al margen de que se han de llevar muy bien colocadas. Las normales tienen un utilidad muy reducida.

-¿Y cerrar las ventanas en los peores momentos?

-Hicimos un estudio con escuelas y vimos que los niveles eran los mismos dentro del aula que en el patio. El confinamiento de la población en estos casos no sirve de mucho. Lo mejor es siempre alejarse de los focos de contaminación.

-¿Hay edades más sensibles?

-Lo que más nos preocupa es el periodo prenatal e infantil, hasta la adolescencia, porque durante esos años es cuando se desarrolla el organismo y todo lo que suceda entonces tendrá repercusión de por vida. Hemos observado, por ejemplo, que niños que viven en zonas contaminadas tienden a tener a las paredes arteriales más gruesas. Eso significará que, cuando lleguen a los 50, tendrán más riesgo de sufrir problemas cardiovasculares.

-¿Los particulares pueden hacer algo contra la contaminación?

-Lo esencial es no usar el coche. Otros consejos pueden ser comer fruta y verdura y, en caso de personas con problemas de salud, no hacer deporte los peores días. Pero, reitero, la clave es dejar el coche.

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-¿Cómo se desplaza usted?

-Voy al trabajo en transporte público o camino. Me gusta mucho caminar.