01 abr 2020

Ir a contenido

Pilar Rodríguez y Javier Muñoz: por amor al viento

Él especulaba en bolsa y ella era decoradora. Ahora organizan viajes por Marruecos para aficionados al windsurf. Cuando la crisis estalló, optaron por hacer realidad un sueño.

JUAN FERNÁNDEZ

Pilar Rodríguez y Javier Muñoz.

Pilar Rodríguez y Javier Muñoz.

Pilar Rodríguez y Javier Muñoz han pasado de trabajar en el vientre de la bestia que nos llevó a la crisis, a dedicarse en cuerpo y alma a su pasión: el windsurf. Ella, interiorista, se hartó de decorar viviendas y centros comerciales en los años en los que el horizonte era un paisaje de grúas. Él, trader de derivados, especulaba en los mercados con productos financieros, a veces tóxicos, a las órdenes de un gran banco. Hoy no les busquen en un estudio o un despacho, sino en Tarifa (Cádiz), pendientes solo de si mañana el viento soplará de levante y de si hoy suena el teléfono porque llama un cliente. Han montado un negocio de turismo activo y se dedican a guiar a aficionados al surf por playas y rincones de Marruecos que solo ellos, fanáticos de este deporte, conocen. ¿Qué ha pasado entre medias?

«Nos vimos obligados a reinventarnos y, ya puestos, nos propusimos hacer realidad un sueño», resume Muñoz. De la primera parte de su análisis, este antiguo operador de bolsa se siente en parte culpable. «El sistema nos obligaba a generar más y más dinero. Esto nos hace responsables de lo que pasó», reconoce. Lo que pasó fue que la burbuja especulativa que creció en los años de bonanza estalló en el 2008 y la crisis acabó devorando a sus propios instigadores. Los bancos se vieron obligados a reducir sus plantillas y en el 2012, en uno de esos recortes, le tocó a él salir despedido.

A su pareja le ocurrió antes: cuando quebró el estudio de arquitectura con el que colaboraba como interiorista, se lo montó por su cuenta con un socio, pero el parón de la construcción la dejó sin espacios que diseñar. Por entonces, Javier y Pilar, madrileños de 40 y 33 años, se habían convertido en amantes del windsurf y era raro el fin de semana que no se escapaban a la costa a volar sobre las olas. Cuando se vieron fuera del mercado laboral, y tras seis meses sabáticos en los que no hicieron otra cosa que practicar su deporte favorito, de repente lo vieron claro. «Los dos estábamos cansados de la vida que llevábamos en la gran ciudad, era el momento de dar un giro total», recuerdan. El empujón definitivo lo aportó el azar: en Tarifa supieron de una empresa de turismo de aventura que estaba en venta y se decidieron a comprarla.

Ejecutivos estresados

Sobre esos pilares han puesto este año en marcha Velairadventures, la agencia con la que proponen excursiones a aquellos aficionados al surf, el windsurf y el kitesurf que deseen dar rienda suelta a sus ansias de planear sobre el mar y la arena en parajes inexplorados de la costa marroquí. Han recorrido la cornisa noroccidental africana palmo a palmo y lo mismo se ofrecen a llevar a familias enteras a surfear durante una semana en playas vírgenes, que acompañan a grupos de ejecutivos estresados a dormir en mitad del desierto.

Poco, muy poco se parecen sus rutinas de ahora a las de antes. «No echamos de menos aquello. Si acaso, la tranquilidad del sueldo fijo, porque aquí dependemos de lo que nos surja, y los principios en los negocios son duros», declaran. Lamentan las pocas facilidades que hay en España para los emprendedores, pero no se arrepienten del paso que han dado. «Ahora nosotros nos marcamos nuestros tiempos, no tenemos que rendir cuentas a nadie. Esa libertad no tiene precio», comparan. Aunque se han dejado llevar por el corazón, en este golpe de timón también hay cálculo y apelación a la razón: «La vida es demasiado larga como para vivirla de una única manera. Hay que cambiar. Además, hemos comprobado que reinventarte rejuvenece», avisan. H