Toma pan y moja

El cruasán de calçots que triunfa en Barcelona

La Cantonada es un laboratorio de barrio que inventa cruasanes de Magnum, 'cheesecake', chucho y hasta calçots

El Mundo Today | Dos de cada tres habitantes de Barcelona prefieren la sequía que el sabor del agua del grifo

Cruasán de calçots de La Cantonada.

Cruasán de calçots de La Cantonada. / Instagram

Òscar Broc

Òscar Broc

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El péndulo del calçot no se detiene nunca. Vuelve y vuelve y vuelve. Cada año por estas fechas, se desencadena la fiebre de la calçotada y no existe vacuna para evitarla. Los diarios empiezan a publicar artículos de calçotades en la ciudad. Los influencers de TikTok abren los ojos y sonríen locamente en sus restaurantes de calçots favoritos. Todavía recuerdo la maravillosa pizza de calçots que el año pasado se sacó de la manga Trafalgar Pizza Club. ¡Calçotmanía!

De todos los inventos con esta cebolla tierna, el que más me ha llamado la atención es el cruasán de calçots. Seguramente lo hacen en más sitios, pero, a mi modo de ver, la referencia obligada en este terreno es la panadería-pastelería La Cantonada (Dos de Maig, 314), un laboratorio de barrio que conjuga tradición y vanguardia en sus vitrinas, y cuenta con cruasanes de Magnum de avellana, de pistacho, de cheesecake… A mí me vuelve loco su cruasán de chucho con abundante crema en sus entrañas. Por cierto, para San Valentín, ya tiene preparado un cruasán rojo, relleno de crema de mascarpone y adornado con una chocolatina amorosa. 

Calçotada individual

Pero vamos a por su experimento más atrevido. El cruasán de calçots de La Cantonada es un rara avis que hay que probar al menos una vez en la vida. Es un rollizo ejemplar de mantequilla de color brasa, con una salsa romesco casera en su interior que lleva calçots triturados y escalibados en los hornos de la casa. Por si fuera poco, tienden un calçot entero en el lomo del cruasán a modo de guinda.

Es una receta retadora, no apta para paladares acomodaticios. Evidentemente, no es barato: se encarama hasta los 3,70 euros. Pero ante todo, este cruasán es la calçotada soñada por un servidor: a solas y no más larga de cinco minutos.