El invierno es la estación del año que, en principio, presenta más retos potenciales para la salud y el bienestar. Los meses con la letra r (sobre todo de diciembre a febrero) imponen sus duras reglas con el frío, el viento y la humedad, los cambios bruscos de temperatura, los ambientes cargados, el riesgo de contraer resfriados o de contagiarnos de otras personas constipadas o con dolencias de garganta, aparato respiratorio, oídos…

Mientras, la Naturaleza sigue su ritmo y permanece como ausente, más íntima y profunda. Es un tiempo de silencio, de quietud. Por ejemplo, los osos y muchos otros animales hibernan para ahorrar energía y la vegetación se desprende de todo ornamento y sus raíces esperan bajo tierra momentos mejores. En el caso de los seres humanos, resulta muy útil y recomendable atenerse a una serie de consignas que nos protejan, nos ayuden a adaptarnos al ritmo de la estación y refuercen nuestro sistema defensivo.

KELLEPICS

 

Ante todo, protección adecuada

1 Es fundamental abrigarse convenientemente, sobre todo la cabeza, los pies, las manos y el cuello, que son las zonas por donde se pierde más calor y las que resultan más susceptibles de sufrir congelaciones. Resulta muy aconsejable usar prendas resistentes al viento y la humedad y utilizar varias capas, básicamente tres: una de tejido transpirable, en contacto con la piel, que deje pasar el sudor y mantenga el calor del cuerpo: otra más que consolide esa temperatura; y la tercera, la más exterior, que evite su pérdida. 

2 Conviene esquivar o atenuar en la medida de lo posible de los cambios bruscos de temperatura, como los que se producen pasar del exterior a un local con el ambiente muy cargado y viceversa. Por eso se recomienda que la temperatura media de una vivienda, comercio u oficina sea de 22º y que se ventile con cierta frecuencia. Un exceso de calefacción durante los meses fríos puede resultar contraproducente.

3 Reducir las actividades al aire libre, especialmente en condiciones muy adversas. Este consejo, por supuesto, es de especial importancia en el caso de las personas mayores, los enfermos crónicos y los niños pequeños.

SUJU

 

Higiene contra contagios

1 Cuando llega el invierno, aparecen los resfriados y la gripe, dos aficiones difíciles de esquivar, pero contra las que no existe mejor protección que lavarse mucho las manos. Conviene hacerlo constantemente, sobre todo después de sonarse la nariz, toser, tocar a alguien con síntomas, viajar en transporte público o acudir a oficinas y comercios o de ir al baño y también antes de comer o de cocinar.

2  Una precaución que no todo el mundo tiene en cuenta es usar pañuelos desechables.

3  Es recomendable evitar siempre que se pueda el contacto con personas afectadas de resfriados o de gripe.

4 Si se puede, resulta útil huir de las aglomeraciones.

5 Es importante también complementar la higiene con la vacunación si se pertenece a un grupo de riesgo: personas mayores de 65 años, aquellos que sufran enfermedades metabólicas, diabetes, insuficiencia renal, anemias, obesidad mórbida y en general las que presentan algo riesgo de complicaciones, aquellas personas que puedan transmitir la gripe a las personas de riesgo, como personal sanitario, trabajadores de centros geriátricos, etc. y personal de servicios públicos esenciales como bomberos, policía, protección civil…

 

Una alimentación para afrontar el frío

1 Pocas medidas preventivas resultan tan eficaces como seguir una dieta equilibrada rica en frutas y verduras de temporada.

2 Es conveniente aumentar la ingesta de calorías, aunque eso conlleve el riesgo de aumentar de peso, sobre todo si resultan inevitables las exposiciones prolongadas al frío. Tirar de potajes y guisos con legumbres. Combinadas con arroz, son una excelente opción.

3 Vale la pena apostar por primeros platos calientes, que sustituyan a las ensaladas, como sopas, cremas de verduras, purés, verduras a la parrilla o salteadas. Además de bajas en calorías (lo que es muy útil para no engordar), son ricas en fibra y vitaminas. En invierno se recomienda aumentar la ingesta de alimentos ricos en vitaminas A, C y D, como cítricos, verduras de hoja o lácteos. La vitamina C aumenta las defensas y previene los resfriados.

4 Hidratarse bien mediante zumos, caldos vegetables y agua.

5 Consumir raíces, como zanahorias, nabos, patatas, ajo, cebolla… mejor de temporada y de la zona, así como jengibre, malvavisco que son auténticas medicinas naturales. 

6 Comer más pescado, blanco o azul, (al menos tres veces por semana) y menos carne roja. Es época de bacalao, dorada, salmón y besugo.

7 Los frutos secos son ricos en calorías y no engordan y se pueden consumir solos, en ensalada o en como leche, por ejemplo de almendras, de avellanas…

8 Evitar el alcohol. No calienta (un mito), aporta demasiadas calorías y muy pocos nutrientes y favorece la deshidratación y la hipotermia.

Jill Wellington

 

La mente en forma también en invierno

1 Que haga frío no implica necesariamente que haya que renunciar al ejercicio. Se puede acomodar a la época y que la actividad física sea más reposada y tranquila. Son recomendables los suaves estiramientos matinales, realizar técnicas de respiración y de relajación a última hora del día. Caminar, con una vestimenta cómoda pero que abrigue bien, especialmente bajo la luz solar y por la naturaleza. Yoga, Pilates y Tai Chi son disciplinas muy recomendables.

2 Si practicas algún deporte, calienta mucho y bien antes de empezar y siempre mejor en espacios cubiertos y bien ventilados.

La sauna y los baños turcos son aconsejables en cualquier época del año pero en invierno lo son aún más. Combinados con masajes y con técnicas de relajación ayudan a recargar la energía y, por tanto, a afrontar las inclemencias del tiempo.

4  Descansar bien es fundamental para la salud. Se recomienda dormir un mínimo de seis horas y un máximo de ocho.

5 Vigila tu estado de ánimo. La falta de luz, los días grises, el aislamiento y el silencio influyen mucho en las emociones y en la actitud frente a la vida. Es muy frecuente sentir una más o menos intensa melancolía o una permanente pero difusa sensación de tristeza. En algunos casos se puede llegar a sufrir el llamado Trastorno Afectivo Estacional. Por todo esto, es muy importante tener una actitud positiva y activa, mantener las relaciones afectivas con amigos y familia, buscar actividades y hobbies que ocupen el tiempo y cuya realización produzcan una satisfacción.