Casi la mitad de la composición de una castaña es agua, sobre el 45%. Otro tanto son carbohidratos, y el resto grasa, proteína vegetal y diversos minerales, como fósforo, calcio, potasio, magnesio, sodio, zinc, yodo, hierro y selenio. Es muy pobre en materia grasa, menos del 1,30% y en proteína, alrededor del 1,60%. También es rica en fibra y en vitamina E y diferentes modalidades de la B, como B1, Riboflavina o B2, B3, Pirixodina o B6 y folato o B9. Además, 100 gramos de este fruto aporta unas 225 kilo calorías. En España la castaña es un fruto muy habitual en los bosques de muchas regiones, principalmente Galicia, Castilla y León, sobre todo en El Bierzo, Asturias y Navarra, pero también en zonas boscosas del norte de Extremadura, la serranía de Ronda en Málaga o el Montseny en Barcelona.

Un alimento con muchos beneficios

La castaña es muy saludable de por sí, por su composición, pero además tiene múltiples virtudes. Por ejemplo: es un alimento saciante y por su contenido en fibra puede estar incluido en regímenes adelgazantes. Es buena para huesos y dientes porque es rica en calcio, fósforo y magnesio. Contiene aminoácidos esenciales por lo que es muy recomendable para la dieta de deportistas, personas mayores y veganos. Es recomendable para diabéticos. Sus hidratos de carbono son de absorción lenta y no producen subidas de insulina. Estimulan el sistema nervioso con sus minerales y sus vitaminas del grupo B. Previenen enfermedades neurológicas. No tienen colesterol y, por tanto, protegen el sistema cardiovascular. Además aporta ácidos grasos omega 3 y omega 6. Mejoran el tránsito intestinal, previenen el estreñimiento y las patologías del intestino grueso, como cáncer de colon o diverticulosis. Previene la anemia por falta de hierro y actúa contra la fatiga. Las pueden consumir los hipertensos ya que son diuréticas y contienen muy poco sodio y mucho potasio. No contienen gluten por lo que su harina es una opción para personas sensibles a esta proteína y para celíacos.

Buena para la salud, buena para el paladar

Curiosamente se trata de un producto que no se debe comer crudo, ya que sus taninos pueden resultar indigestos. Sin embargo hay mil maneras de preparar las castañas, desde simplemente asadas, que son deliciosas, hasta secas, que entonces se las denomina castañas pilongas, hervidas, confitadas, trituradas hasta convertirlas en harina y como componente de purés, aliños y guarniciones y también en postres y hasta mermeladas. Su versatilidad, su variable textura y su sabor permiten elaborar con ellas múltiples recetas que aparecen tanto en un menú casero como en la carta de un gran restaurante. Estas son cinco delicatessen que emplean la castaña como base:

Paté de castañas y champiñones:

Un entrante vegano sorprendente y delicioso. Se prepara con los productos típicos de la temporada ya que además de la combinación de champiñones o setas y castañas para preparar el paté, se adorna con unas hojas de estragón, un puñado de grosellas y láminas de castañas frescas. Algunos, incluso, se atreven con matrimonios impredecibles, como castañas y berberechos. Para untar sobre una deliciosa rebanada de pan integral tostado. Sabor de otoño.

Paté de castañas y berberechos de O Submarino |

Sopa de castañas: un plato muy indicado de cara al frío que se avecina. Las castañas, peladas y hervidas, se añaden a un sencillo caldo de verduras preparado con apio, puerro, cebolla, nabo, etcétera, y en el que su autor puede optar por combinarlo con setas, pollo, jamón… depende del gusto. Al tiempo se incorpora mantequilla, un chorro de leche o nata. Se sirve con el adorno de unas gotas de aceite y perejil o con crujientes de queso o unos dados de pan tostado, Reconfortante manjar.

Ensalada templada de castañas: aunque con la llegada del otoño muchas personas creen que el tiempo de las ensaladas ha pasado, la castaña ofrece la posibilidad de recrear este plato para la nueva temporada. Un variado de lechugas, unos ricos tomates cherry, una zanahoria rallada, un poco de queso tierno, tipo de cabra o más cremoso como la torta extremeña y unas cuantas castañas previamente cocidas y salteadas un instante junto al queso. Se alegra la ensalada con una chispa de sal, buen aceite y vinagre balsámico y se revuelve con entusiasmo. Entra por los ojos.

Cocido gallego con castañas:

En España hay más de cien subespecies de castaños comestibles de Castanea sativa europea y probablemente las gallegas estén entre las mejores. Este plato es muy tradicional en aquellas tierras y combina las castañas con los garbanzos, la col y el lacón, O la oreja, el tocino o la panceta para los más atrevidos. Es un plato potente, como buen cocido que es, pero al que nuestra protagonista le da un sutil toque de sabor. Un rico antídoto contra el frío.

Bizcocho de castañas y chocolate:

No hay nada más apetecible. Ni nada que perfume mejor una casa que un bizcocho horneándose. Las castañas hervidas con leche y luego trituradas son el alma de este postre que se elabora como cualquier bizcocho pero con un mejor resultado. La combinación de castaña y chocolate en el paladar es un placer de dioses. Y mejor si lo combinamos con un licor de castañas. En todas las partes del mundo se elaboran licores con aquello que está más a mano y La preparación casera de este licor es sencilla, basta tener un litro de aguardiente o de coñac, un kilo de castañas, medio de azúcar y medio litro de agua. La receta básica permite la intervención de su hacedor y añadir canela o anís o café… El remate perfecto para una comida otoñal y tertulia incluida.