Si ser atractivo es más interesante que ser guapo, tener sex appeal es saltarse la barrera de la mente racional para pasar directamente a esa pequeña oficina en donde realmente se toman las decisiones. El morbo, el carisma, el capital erótico es una cualidad inexplicable pero tan patente como la cuenta corriente y, aunque comparte puntos comunes con el atractivo, no olvidemos que si King Kong cautivó a Jessica Lange, el físico no lo es todo.

Lo que dice la ciencia de la atracción

En principio, y aunque solo sea para un revolcón, la biología sigue determinando que gustan más las personas fértiles, con buenos genes, y un sistema inmune robusto; ya que nuestros cerebros han sido entrenados durante siglos para reconocer los rasgos genéticos de aquellos que más convienen a la especie y que, curiosamente, son los que despiertan un mayor deseo sexual. Randy Thornhill (biólogo evolutivo) y Steven Gangestad (psicólogo) constataron que entre esas características está un rostro lo más simétrico posible. Los pómulos y hombros pronunciados, emblemas del macho tradicional, parece que están relacionados con un buen sistema inmune y con generosos niveles de testosterona, según un estudio de la Universidad de Abertay, Escocia, publicado en la revista Nature Communications. Una buena piel es otro de los aspectos que más influyen en las mujeres para considerar a un hombre atractivo. “El color saludable de la cara está determinado por los pigmentos de carotenoides antioxidantes, que conseguimos de la fruta y los vegetales de nuestra dieta”, señalaba el profesor Ian Stephen del University College de Londres.

Sin embargo, según comentaba un artículo de la revista Atlantic, titulado Scientifically proven sources of sex appeal, el fin con el que nos encamamos con alguien puede hacer que los gustos cambien. Por ejemplo, las mujeres pueden encontrar atractivas las cicatrices en hombres para sexo ocasional; pero no tanto si lo que buscan es una pareja estable.

Muchos empiezan a optar por la ecuación que dice que el sex appeal se compone de un 10% de apariencia física, otro 30% reside en la mente y el 60% restante en el alma, personalidad o carisma. Un artículo de la revista Psychology Today hablaba de dos tipos de atractivo: el estático y el dinámico. El primero es el que se puede apreciar en una foto (cara, color de ojos, cuerpo, estatura), y el segundo es cuando todo eso empieza a cobrar vida. ¿Alguna vez se ha encontrado con alguien que, en principio, era muy deseable pero que en cuanto ha abierto la boca la ha cagado? Pues resulta que el sex appeal es dinámico y, más que un cuerpo perfecto, le interesa un cuerpo que sepa moverse. De lo que se deduce, amigos, que el baile (tan de moda en tiempos de crisis e incertidumbre) suma puntos.

Serge Gainsbourg |

Un término medio entre el empotrador y el blando  

El nuevo sex appeal juega sus mayores batallas en el terreno erótico, donde el hombre ya hace tiempo que se ha sacudido el deber de proporcionar orgasmos a las mujeres (o debería haberlo hecho) y del nefasto dicho que rezaba “no hay mujeres frígidas sino hombres inexpertos”. “El placer es responsabilidad de cada uno, por lo que el pensamiento ‘qué hago yo ahora contigo’, debería cambiarse por ‘qué comparto yo ahora contigo”, apunta Santiago Frago, sexólogo y codirector de Amaltea, centro de educación y medicina sexual en Zaragoza, “ya que las mujeres van conociendo mejor sus cuerpos y van practicando más el arte de la masturbación. Con lo que cuando se encuentra en la cama con un hombre, de lo que se trata es de compartir, no de depositar todas sus esperanzas en el príncipe azul que las hará subir a los cielos”.

Como este sexólogo apunta, “hay muchos manuales, cursos, talleres y youtubers que hablan de la parte mecánica del sexo, de cómo hacer esto o aquello; pero en las relaciones sexuales la gente echa en falta el feeling, la sensualidad, el erotismo”. En palabras de muchas mujeres “busco a alguien que me folle el alma o la mente, antes que el cuerpo”. Claro que lo ideal es que exista alguien que pueda llevar a cabo ambas tareas y un buen seductor sabe cómo pasar de una a otra, como ser un hombre sensible y como, cuando la situación lo requiere, pasar a ser el empotrador que muchas mujeres demandan en programas como First Dates. Ir solo de uno de estos personajes, o ser incapaz de transitar por el amplio pasillo que hay entre estos dos extremos es como ir a un gran banquete y ser celíaco. Y por último, olvidar por algún momento el papel de depredador y jugar a ser seducido, es algunos de los grandes placeres que aguardan al nuevo sex appeal, más slow, más de kilómetro 0, más analógico, más de decrecimiento y sostenibilidad. 

Un poco de ecología y feminismo para los tiempos que corren

Dentro de ese 60% de personalidad del que hablábamos antes, hay que incluir la visión que se tiene del mundo o de cómo debería ser, cualidad significativa a la hora de atraer o repeler a alguien porque, si como dice el conocido lema “lo personal es político”, lo sexual también. 

Un interés por la ecología y el futuro del planeta, sumado a un cierto activismo, no solo es de sentido común, sino una de las cualidades del hombre deseable, como señalaba el periódico inglés The Telegraph (Eco-Awareness is the new sex appeal and here are 6 ways to show you have it). Una lección que han comprendido hace tiempo las estrellas de Hollywood y celebrities más atractivas como Leonardo di Caprio, Justin Timberlake, Matt Damon, Brad Pitt, Kevin Costner, Robert Reford, Sting, Jon Bon Jovi o el actor hawaiano Jason Momoa, protagonista de Aquaman (2018), que recientemente ha intervenido en la ONU, previniendo al mundo de una subida del nivel del mar como consecuencia del calentamiento global.

Bryan Jones |

Claro que si no se tiene la oportunidad de recibir un óscar y poder dar el obligado discurso, o que lo inviten a uno a la ONU para despertar conciencias, las redes sociales son la mejor tarjeta de presentación de nuestras buenas intenciones. Allí podremos mostrar al mundo, o al menos a nuestros modestos seguidores, nuestro amor a los animales, cómo hemos reducido el consumo de plástico, el patinete eléctrico que usamos para movernos por la ciudad o como nos hemos aficionado al plogging, ese deporte que consiste en recoger basura de los montes o playas para luego ordenarla, fotografiarla y subirla a Instagram.

El hombre seguro de sí mismo y con autoestima no ve a las feministas como mujeres desesperadas e histéricas que intentan robarle su trono, porque su poder no se basa en que otros no lo tengan. Apoyar la igualdad de sexos es algo que algunos de los hombres más sexys ya hacen como Jon Hamm (Don Draper), cuando habla de los terribles impactos de la violación y la necesidad de educar a los jóvenes en el rechazo a este tipo de violencia, o el actor Mark Ruffalo, cuando se presta a una entrevista sexista pero al revés, con Scarlett Johansson (con motivo del estreno de The Avengers), en la que a él le preguntan sobre lo que va a llevar puesto el día de la gala y con ella conversan sobre cosas serias respecto a su papel. Daniel Craig, ha hablado también de la misoginia de su personaje, James Bon; Forest Whitaker, de la necesidad de “contar con el otro 50% del mundo (las mujeres) para encontrar la paz” y el actor Blair Underwood ha defendido la libertad de la mujer para decidir si quiere abortar o no.

La vulnerabilidad cotiza a la alza

La sociedad patriarcal no solo ha perjudicado a las mujeres, los hombres también han sido sus víctimas, ya que se les han exigido unas cualidades, supuestamente inherentes a su hombría, que los han encorsetado en un patrón estrecho, incómodo e insalubre. “Como los superhéroes, el hombre pelea, lucha, sufre por dentro, pero jamás llora o expresa sus sentimientos debido a esa construcción sociológica de la masculinidad que hemos mamado durante siglos”, señala Jorge García Marín, sociólogo, profesor de sociología en la Universidad de Santiago de Compostela y secretario del Centro Interdisciplinario de Investigacions Feministas e de Estudios de Xénero (CIFEX) de dicha universidad. 

García Marín ha escrito dos libros en gallego Novas Masculinidades. O Feminismo a (de) construir o homen y Papá por qué non pintas as uñas de cores, ambos de la editorial Galaxia. La tesis de este sociólogo es que los tradicionales roles, masculinos y femeninos, deben cambiar y el trabajo del hombre es despojarse de esa coraza. “Esta idea de masculinidad basada en la violencia y la fuerza debería dar paso a otra asentada en la empatía, el cuidado, lo afectivo, la vulnerabilidad y el diálogo. Apartar esa masculinidad vivida como factor de riesgo, proporcionaría un mayor bienestar personal y social. Sería como quitarse los zapatos y ponerse las zapatillas. Actualmente se suicidan más hombres que mujeres y las estadísticas demuestran que caen más en las drogas, la delincuencia, hay más reclusos masculinos que femeninos, sufren más accidentes de tráfico y viven menos años”. 

El atractivo del chico malote, puede engañar a algunas adolescentes, pero la experiencia enseguida hace huir a las mujeres de los machos alfa, para decantarse mejor por los beta o gamma.