No nos engañemos: tener una bodega privada repleta de vinos de calidad excepcional es un auténtico lujo. Pero también puede ser una inversión perfectamente racional y un considerable ahorro si respetas una serie de pautas dictadas por el sentido común y la experiencia.

Por ejemplo, ante la duda, compra joven y compra temprano. Eso implica, por supuesto, la necesidad de crearte una pequeña infraestructura que te permita conservarlos durante años en condiciones óptimas, pero incluso una bodega modesta en la que se puedan almacenar un máximo de 100 botellas supondrá un ahorro considerable.

Las primeras botellas de Clos Saint-Jacques 2010, de Domaine Fourrier, se vendieron en 2012 a no más de 400 dólares la botella. En los siete años transcurridos, el precio minorista promedio ha subido ya a mas de 700 dólares, y es casi seguro que se va a seguir incrementando. Es decir, que consumir ahora una botella comprada por entonces supone un ahorro de más del 40 por ciento. Más llamativo aún es el caso del Chambolle-Musigny, de Christophe Roumier, que tuvo en 2012 un precio de salida de unos 100 dólares por botella y hoy supera ya los 300.

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Comprar joven y temprano resulta especialmente recomendable en el caso de la Borgoña, una denominación de origen de calidad excepcional pero cuyos mejores vinos se producen en cantidades más bien escasas y alcanzan con frecuencia precios de venta final exorbitados. Así, una compra temprana, con lo que tiene de apuesta, es muy a menudo la mejor manera de disfrutar de algunos de los mejores vinos del mundo sin dejarse una fortuna. Basta con tener paciencia, respetar los plazos de maduración y disfrutar así de pequeños placeres como elegir el vino más adecuado para una ocasión concreta o un determinado estado de ánimo.

 

Una labor de zapa

Yo inauguré mi bodega privada, orientada a mi propio placer, presente y futuro, en la década de 1990. Ojala alguien me hubiese dado instrucciones básicas y recomendado que fuese más sistemática en mis esfuerzos, porque me hubiese ahorrado grandes disgustos y muchísimo dinero. Digamos que al principio mi selección era bastante aleatoria, muy poco estratégica. No me marqué un presupuesto límite ni realicé una estimación realista sobre la cantidad de vinos de Borgoña que quería comprar. Para adquirir ahora los 100 vinos reseñados en este libro se requeriría un presupuesto de más de 200.000 dólares, pero estamos hablando de una bodega privada ideal, con ejemplares auténticamente de ensueño. Es del todo posible hacerse una selección privada de muy buenos Borgoña por bastante menos dinero.

 

Basta con tener las ideas claras. En primer lugar, decidir qué porcentaje de tus adquisiciones quieres disfrutar a corto plazo y qué cantidad estás dispuesto a reservar para el futuro. En mi bodega está representada toda la gama de los Borgoña, 

Mi propia bodega consta de toda la gama de Borgoña, desde los jóvenes a los Grands Cru. Entre los primeros, disfruto muy especialmente de los Bourgogne Blanc de Arnaud Ente, d’Auvenay y Roulot, y los Bourgogne Rouge de Maison Leroy, Denis Mortet y Claude Dugat. Un tercio de lo que compro está destinado a ser consumido a corto plazo, digamos que en un mínimo de un año y un máximo de cinco, y el resto son inversiones de futuro. Como decía, una alta dosis de paciencia resulta imprescindible, de lo contrario es mejor dedicarse a cualquier otra afición. Yo disfruto siguiendo de cerca el proceso de envejecimiento de los vinos.

El descorche de una botella es, para mí, la opprtunidad no solo de consumirlo en buena compañía, sino también de comprender su personalidad en evolución. En el caso de un Premier Cru tinto, encuentro recomendable esperar un mínimo de ocho años, y entre diez y 12 me parece lo apropiado para un Grand Cru. El vino blanco puede empezar a probarse transcurridos unos tres años, dependiendo del productor y la reputación del viñedo, pero para los Premiers Crus hay que esperar al menos cinco, un mínimo de ocho si hablamos de Grand Crus.

 

Calidad y variedad

Una vez establecido el presupuesto y trazados unos objetivos claros, el siguiente paso es identificar a los mejores proveedores, que por lo general serán los minoristas y comerciantes locales. Vale la pena informarse antes, porque cada especialista en vino de Borgoña tiene sus propios gustos e intereses. A menudo, los minoristas realizan catas de vino gratuitas, con descuento o a un precio que puede deducirse de la compra final. Yo necesito probar una botella de Borgoña antes de comprar una caja entera. Para averiguar si el minorista es un verdadero experto en Borgoña, es impresindible pedirle que te muestre su catálogo completo y tomar de nota de los principales productores con los que trabaja. Ante la duda, busca el asesoramiento de un experto de confianza.

Para aquellos que pueden permitirse el lujo de viajar con frecuencia y adquirir los vinos en su lugar de origen, vale la pena dedicar tiempo a visitar las pequeñas bodegas que proliferan en la mayoría de aldeas de Borgoña. Es muy recomendable alejarse de las principales ciudades de la región y aventurarse más allá de Beaune para ver qué se puede encontrar en las tiendas de pequeñas poblaciones como Chassagne-Montrachet y Gevrey-Chambertin. Dedica el tiempo que pueda a charlar con los tenderos locales, diles cuáles son tus marca y estilos preferidos, pídeles que te hagan sugerencias en línea con sus gustos, prueba una copa de los que más ye llamen la atención o compra una botella para probarla con calma antes de tomar decisiones apresuradas.

 

A subasta

Algunos Borgoña resultan piezas de colección tan exquisitas y raras que casi la única opción de adquirirlos pasa por acudir a casas de subastas. Por supuesto, se trata de una opción que puede salir muy cara y que conlleva ciertos riesgos, porque los estándares varían según la casa de subastas y no siempre se tiene la garantía de que el producto haya sido sometido a estrictos controles de procedencia. 

El falsificador de vinos indonesio Rudy Kurniawan estafó a cientos de coleccionistas machando de paso a reputación de algunas de las principales casas de subastas de Estados Unidos, pero desde entonces se han establecido controles más estrictos y las garantías de devolución del dinero en caso de engaño comprobado son mucho más claras. Como no siempre es posible comprobar con precisión el origen de los vinos, yo recomiendo pujar preferentemente por lotes enviados directamente desde el castillo o el dominio, algo que cada vez resulta más factible, porque los principales productores se han acostumbrado en los últimos años a tratar con las casas de subastas, eliminando así a los intermediarios.

Actualmente, el mercado mundial de subastas de vino está dominado por "los cinco grandes": Christie’s, Sotheby’s, Acker Merrall, Zachy’s y Hart Davis Hart, además de un puñado de compañías más pequeñas como Bonhams, Heritage y Spectrum. La compra en una subasta debe abordarse sin prisas y con la máxima prudencia, dedicando tiempo a revisar los lotes, estableciendo un presupuesto previo e imponiéndose una disciplina básica que debe consistir en conocer la reputación del proveedor o intermediario, leer las condiciones de compra cuidadosamente y asegurarse de añadir en el precio final las posibles comisiones y verificar el precio mínimo de cada lote. Asistir a la subasta en sí no siempre resulta necesario. Es más, puede acabar implicando el riesgo de dejarse llevar por la emoción de la puja en directo y acabar pagando un precio superior al previsto. Mejor dejarse representar o, en caso contrario, tener las ideas muy claras y mantener la cabeza fría.

Otra opción a considerar cuando se compran vinos muy raros es contar con los servicios de un agente especializado. Cada vez son más los que, además de a empresas, ofrecen asesoría a clientes privados, cada gran ciudad tiene una docena o más de corredores de vinos de alta gama que trabajaron en su día para casas de subasta. Por supuesto, ponerse en manos de un asesor independiente siempre tiene sus riesgos. Es fundamental informarse previamente de la trayectoria persona en cuestión e intentar establecer con ella una relación de confianza.

No siempre resulta fácil orientarse de manera óptima en este auténtico labinto, pero como solía decir el crítico de vinos Allen Meadows, a la hora de comprar Borgoñas, “no siempre te darán lo que has pagado, pero es casi seguro que no te darán nada que no pagues”.